ERMITA DE SAN MARSIAL

El 30 de junio se celebra San Marcial (Marsial en patués). Y en Chía, cómo no, hay una ermita dedicada a este santo francés, obispo de Limoges en el siglo III y al que se atribuye la evangelización de la región de Aquitania. Sobre la historia y leyendas que no son ciertas (por los evidentes anacronismos, como que era el niño que acercó a Jesús el pan y los peces para hacer el milagro) puede consultarse la Enciclopedia Católica https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Marcial

Este es el séptimo de los lugares de culto de nuestra Villa (siguiendo el orden del santoral). La ermita está situada en un mágnifico promontorio de la Sierra de Chía, un mirador desde el que se ve Barbaruens, San Pedro de Taberna, Seira, Gabás, Castilló, el solano, numerosas cumbres y praderas. Se encuentra en el “Yermo Garús”, donde hasta hace cien años se cultivaba cereal y que, una vez abandonada esta actividad agrícola, se usa como pasto para las vacas en verano; aunque, desgraciadamente, cada vez hay más aliagas (Genista scorpius). Esta zona -sin árboles- se vería muy beneficiada de quemas controladas regulares por parte del Departamento de Medio Ambiente y conservar así los pastos de montaña.

Ya hemos comentado en otras ocasiones la superposición de culturas y religiones en la evoulción de las sociedades. Los antiguos celtas, cuando localizaban un lugar con energía telúrica o especialmente bien ubicado con respecto al sol, la luna o las estrellas, levantaban un monolito y era un lugar donde se celebraban ritos. En estos lugares se construyeron iglesias o ermitas a medida que el cristianismo se iba extendiendo. Hemos ido viendo la influencia de los santos franceses de Aquitania y Occitania en los territorios que, en los inicios del cristianismo, dependieron de los condes del sur de Francia.

San Marsial – Iglesia de Benasque

Esta ermita habría servido tanto para proteger a los pastores y agricultores que se desplazaban a pasar varios días a esa zona, como para refugio para caminantes, además de para dar culto al Santo. Esta advocación está arraigada en el territorio; es el patrón de Benasque https://www.facebook.com/100001581070248/posts/3197242867005051/, y localizamos otras ermitas de San Marsial en Espés alto y en el caserío de San Marcial, en Salinas de Sin, datada en el siglo XI. San Marcial fue enterrado en un cementerio cercano a la Vía Agrippa (red de caminos romanos en la Galia), luego ruta europea de peregrinación hacia Santiago de Compostela. Este lugar se convirtió, con el paso del tiempo, en la abadía benedictina de San Marcial y en una de las etapas del Camino. Ya hemos comentado también la posible vinculación de la ermita de San Antón y la de Santa Quiteira con el camino de Santiago. https://villadechia.es/ermita-de-santa-quiteira/ A este respecto, nos da que reflexionar el texto de Marta Cendón (1)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La ermita es de medianas dimensiones y está en ruinas, pero todavía podemos hacernos idea de cómo era. Queda aún la pequeña ventana y parte de tres de sus paredes. Por cierto, un claro ejemplo de construcción de piedra seca. Como ya comentamos en la entrada sobre Santa Chulita, el “Arte de la Construcción en piedra seca, conocimiento y técnicas”, fue declarado Bien Catalogado Inmaterial del Patrimonio Cultural Aragonés en 2016 y fue inscrito en la “Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad” en 2018. Por ello, este es otro “bien” que nos interesa recuperar y conservar. Si nos remitimos a aquello de “a escote no hay nada caro”, muchas son las razones por las que deberíamos organizar un proyecto de micromecenazgo que nos permitiera, a partir de pequeñas donaciones, pagar los materiales y las horas de un par de albañiles que conozcan la técnica de la “piedra seca” que podrían trabajar con la ayuda de voluntarios que se prestaran a participar en la recuperación de la ermita a partir de la ruina que es ahora, al igual que se hizo con la ermita de Las Aras. Y, por qué no, institucionalizar una romería y comida popular el 30 de junio, día de San Marsial.

 

 

 

FICHA TÉCNICA

 Tipo de ruta:  senderista, ciclable

 Punto de inicio: plaza de Chía

 Distancia: 4 km. 250 metros

 Duración (a pie): hora y media por trayecto

 Altitud : 1.600 metros

 Desnivel acumulado: 450 metros

 Coordenadas: 42.49805ºN  44723ºE

 

Muchas gracias a MASPIRINEO por la información técnica y las fotos.

 

(1) Los caminos a Santiago en la Edad Media: imágenes y leyendas jacobeas en territorio hispánico (siglos IX a XIII) coordinado por Inés Monteiras pp.110-111.  Universidad de Santiago de Compostela, 2018.

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HIPÉRICO Y NUECES

Codex Vindobonensis o Dioscórides de Viena. En la Biblioteca Nacional de Austria.

Hablábamos el martes 23 de las plantas que se recogían la noche de San Juan. A los beneficios propios de cada flor, hierba, verdura o fruto se añadían los “prodigios” reservados a las noches del año que conllevan cambio de ciclo, principio y fin, como la de Navidad, la de fin de año o la de San Juan.

Entre las hierbas, las que deben recogerse en esta fecha son: artemisa, hipérico, lavanda, salvia, romero, ruda, saúco y verbena. La “magia” podemos explicarla porque para finales de junio es cuando concentran más principios activos, han recibido las horas de insolación necesarias para “madurar”, coincide con la máxima floración, o es el momento en que el fruto está empezando a “engordar” y permite aprovechar sus aromas y elementos. En cualquier caso, unos días antes o después tampoco cambia mucho los efectos, olores o sabores de las preparaciones.

Hoy os regalamos dos recetas “de familia”, de casas de Chía, que han pasado de abuelas a nietas.

 

Flores de hipérico (esta mañana, en Chía)

Aceite de hipérico 

El hipérico (Hypericum perforatum) es la hierba de San Juan. Crece en los bordes de los caminos. Aquí en Chía en prácticamente todos. Hay mucho en el camino de Los Cuadros y en el del cementerio nuevo. El aceite de las flores tiene propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias, reepitelizantes y bactericidas, por lo que en medicina natural se usa para golpes, heridas, quemaduras leves (domésticas y solares), dolores musculares,  torceduras, rozaduras, eczema, dermatitis y picaduras. Mejora la regeneración de los tejidos porque favorece la formación de colágeno, el crecimiento de los fibroblastos y la revascularización (1). Siglos atrás la utilizaban los soldados para hacer emplastos y curar las heridas de las batallas.

A la hora de recoger las flores, ha de hacerse con responsabilidad, sin arrancar de raíz la planta y cortando sólo lo que vayamos a preparar para consumo particular. Es mejor recogerlas sin humedad.

Se utilizan 100 gramos de sumidades florales por litro de aceite (mejor de oliva que de girasol, también puede usarse aceite de almendras) o la proporción correspondiente (50 gr por 500 ml de aceite, 25 gr de flor por 250 ml de aceite). Los ramilletes de flores de los extremos de la planta los colocamos en un tarro de cristal y los cubrimos de aceite. Se cierra bien el tarro y se deja 40 días en un lugar que reciba el sol directo y el sereno (ventana, terraza, jardín). Hemos de secar varias veces por semana la humedad que se forma en la cara interna de la tapa y remover el contenido agitando el tarro. Adquiere un bonito color rojo intenso y se va volviendo más denso.

Pasados los 40 días, se filtra el contenido del tarro y se guarda en un frasco de cristal oscuro, en un lugar protegido de la luz y el calor. El preparado mantiene sus propiedades entre cinco y seis años. Cuando huela a rancio, debe desecharse. Algunos lo guardan en la nevera, pero no es necesario. Hipócrates (médico griego del siglo IV a.C.) ya recomendaba su uso. Dioscórides, médico y botánico griego del siglo II a.C. escribió en De Materia Medica (que fue el  manual de farmacopea de referencia en  la Edad Media):
“El Hyperico llamado Androsemo de unos, de otros Corio, y de otros Camepytis, que quiere dezir Pinillo, porque su simiente huele a resina de pino. Es una mata ramosa, roseta, y alta de un palmo, que produze las hojas como la ruda, y la flor amarilla: la qual fregada entre los dedos, resuda un liquor semejante a la sangre, de do vino a llamarse Androsemo que significa sangre humana. Nace el Hyperico en lugares cultivados y asperos. Iene la facultad de mover la orina, y aplicado por abaxo, provoca el menstruo. Bevido con vino, extermina las tercianas, y las quartanas. Su simiente bevida por una cuarentena de dias, cura la sciática: y las hojas con la simiente aplicadas en forma de emplastro, sanan las quemaduras del fuego”.

El efecto calmante es casi inmediato. No debe aplicarse cerca de los ojos ni exponer la piel al sol cuando se usa este aceite porque produce fotosensiblidad. Para otro tipo de uso, consultar con un profesional sanitario.

Licor de nueces (nous) verdes

En Chía tenemos muchos nogales (nogueros en patués), pero como estamos por encima de los 1.200 metros, muchos años se hiela el fruto. Para griegos y romanos, el nogal era un árbol sagrado y sus frutos un regalo de los dioses. El nogal es originario de Persia, hay referencias a este árbol a partir del año 7.000 a.C. La cáscara verde de las nueces es muy rica en taninos y ácido linoléico omega-3 que parece ser más efectivo para reducir el colesterol y los triglicéridos que el del pescado azul.

Manda la tradición recoger las nueces verdes la noche de San Juan, pero pueden recogerse unos días antes o después de la mágica noche. Se cortan entre 15 y 20 nueces en cuatro (usando guantes, porque manchan mucho las manos) después de lavarlas y secarlas, y se colocan en el fondo de un tarro de cristal con 1 litro de orujo o aguardiente). También puede hacerse con dos litros de vino tinto bueno y 1/4 litro de orujo o aguardiente. El tarro se deja durante seis semanas (o 40 días) en un lugar expuesto al sol (ventana, terraza o jardín) y al sereno; se agita todos los días, o varias veces por semana; se irá oscureciendo día a día. Pasado el tiempo de maceración, se cuela el orujo y se guarda en otro tarro con cáscara de limón y naranja, una rama de canela y un almíbar que preparamos con 1/4 de litro de agua y 250 gr de azúcar (o menos azúcar y miel). Dejamos otros 40 días en reposo.

Pasado el segundo periodo de maceración, colar y guardar en una botella bonita en lugar fresco y seco durante tres meses. El licor está listo para consumir a partir de Nochebuena. Este licor, con sus variaciones en especies, condimentos y tiempos de maceración es muy famoso en otros países de nuestro entorno: vin de noix francés, o el nocino siciliano. Este licor es buenísimo, pero debe consumirse con moderación y responsabilidad, tiene mucho alcohol y mucho azúcar; así que debemos guardarlo para ocasiones especiales y consumir poca cantidad, siempre como un “capricho” puntual, nunca con la “excusa” de aportar taninos y omega-3 a nuestra dieta que, para esto, es sufiente comer las nueces.

 

(1) Soheila Yadollah-Damavandi et al. Topical Hypericum perforatum improves tissue regeneration in full-thickness excisional wounds in diabetic rat model. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine. 2015. https://doi.org/10.1155/2015/245328

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TA SAN CHUAN, EL SAUQUERO A LA MAN

 

Saúco en flor (Sambucus) en un rincón de Chía

La noche de San Juan da para varias entradas en el blog, por la cantidad de ritos y creencias que la acompañan, las recetas de remedios y licores, y las leyendas de bruixas, metzinairas y encantarias. Es la fiesta del fuego, del agua y de la tierra que celebra la llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte y que el cristianismo vinculó con el nacimiento de San Juan Bautista.

El fuego era muy significativo en Chía en torno al solsticio de invierno, presente en nuestra villa en la hoguera de Nochebuena y de San Antón. En el valle de Benasque, Sahún celebra una noche de fuego la vigilia de San Juan, vestigios de los ritos arcaicos relacionados con el sol; pero en el resto de pueblos de este valle, era principalmente la magia de las plantas, el agua y el rocío lo que aporta beneficios a los hombres y los animales, más que el fuego. La noche y amanecer de San Juan están envueltas de un halo mágico y misterioso que, a pesar de la razón y la ciencia del siglo XXI, gusta celebrar.

Hypericum perforatum (o hierba de San Juan) en el camino del cementerio de Chía

Mos cuentan las donas del llugá que las plantas medicinales se cuelgan en balcones y ventanas la noche de San Juan para que se mojen con el rocío del amancecer, como las flores de sauquero, para los resfriados y dolores de garganta, las de hipérico (o hierba de San Juan), para la cicatrización de las heridas, el tomillo o el romero. Por eso el refrán de “Para San Juan, el saúco en la mano”. También hay que dejar al raso un barreño o un cubo con agua para que le caiga el rocío de esta “noche mágica” para luego lavarse toda la familia con este agua (o sanjuanarse) a la mañana siguiente y dar de beber a los animales. Este “baño” (o lavado de cara) puede hacerse con agua del barreño en la que ha caído el rocío, pero también en un río o arroyo, o directamente con la hierba que aún está mojada antes de salir el sol. Se pensaba que así estaba uno protegido de las enfermedades durante ese año. Otra virtud que se le atribuía al rocío de San Juan era “borrar” las verrugas o las marcas de la viruela. Al amanecer se recogía comida para los conejos y las primeras verduras del huerto, aún mojada por el rocío. Y para hacer un buen licor de nueces, hay que recogerlas (verdes) antes de que amanezca el día de San Juan; tenemos una receta que explicaremos mañana.

Algunas nueces. Este año habrá pocas en Chía porque se helaron la primera semana de marzo.

Los de Chía iban con frecuencia al valle de Chistau; de hecho, hay casas de Chía con antepasados del valle vecino. Además de ir por tener familia o negocios, gustaban de ir a las fiestas de Gistaín, Plan y San Juan de Plan, donde la noche de San Juan había hoguera, vino y baile. Nos dice Juan de Treseta: “Si vas ta Plan, llévate pan, que aigua del río ya t’en darán”. 

El fuego quema lo malo y aleja la mala suerte o energías negativas.

El agua es símbolo de salud y fertilidad.

Las plantas medicinales aportan efectos curativos y beneficiosos.

Es una noche en la que también las brujas hacían sus rituales. En el valle de Chistau se cree que para tener poderes de bruja “En Nochebuena de 12 a 1 se le quitan los ojos a un gato negro y se guardan en una caja. Se guarda hasta la noche de San Juan y se aguarda con la caja en un cruce de caminos de 12 a 1 y si aguantas, se tendrán poderes de bruja”. (1)

Sobre esta Nit de San Chuan explicaba José Sanmartín Sopena, en patués de Benás, en la Revista Guayente:

Cónten que les encantaries
mitat broixes mitat fàdes,
s´ achuntaben ixa nit
ta fè una buen colada,
cuan esteneben la roba
se posaben a ballá,
a begades despullades
t´enrestise y ta chillá.
(…)
Al llugarón del costáu
mos contaben otra cosa,
que cuan les dònes casades
tardasen en tínre fills,
hèben d´aná despullades
a rebolcase pels práus
y quedaríen preñades.
(…)
Se contabe a istos llugás
que les mòses casadères
antes d´ acabá ixa nit,
sacaben la palangana
casi pllena d´ aigua cllara,
y als primès rayos de sol
del hòme que les queribe
bedeben allí la cara.

 

(1) I Congreso de Aragón de Etnología y Antropología. Zaragoza, 1981. Brujería en la provincia de Huesca: zonas del Somontano y Ribagorza. Herminio Lafoz. p.56

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