AN DE ABELLANAS, DONAS PREÑADAS

El Ampriu esta mañana https://twitter.com/i/status/1323925818293313538

Va transcurriendo el otoño, los días se hacen progresivamente más cortos, llega el frío y con él, la nieve. Tenemos dos refranes sobre la nieve a principios de noviembre:

Ta tots Santos la neu al nas, si no per debán, per detrás.

Ta tots Santos ya yé la neu allagalto. 

Y, efectivamente, ya tenemos nieve en las cumbres del valle, a partir de 1.800-2.000 metros. Ya se sabe que “Año de nieves, año de bienes”… Falta nos hace.

El día de Todos Santos se solía “escodá” las corderas. Se les cortaba la cola antes de empezar el viaje de la tashumancia. Este gran apartado de los pastores y las ovejas, lo abordaremos poco a poco, junto con otros trabajos de la dona y el home de la montaña.

 

De Chía a Villanova

Como ya hemos recolectado las avellanas, recuperamos hoy el refrán de An de abellanas, donas preñadas. En todo el Valle de Benasque hay avellaneros, especialmente en Chía. Es un refrán interesante porque hace referencia a un recurso alimenticio importante; cuando aún no se había introducido la patata en el cultivo y la alimentación de los montañeses, que fue a finales del siglo XVIII tal y como explicamos el 10 de mayo https://villadechia.es/?s=patata, el tener una buena cosecha de avellanas evitaba la desnutrición y con ello la amenorrea por hambre (la falta de menstruación por alimentación deficiente). Si la mujer no estaba desnutrida, tenía sus reglas y así podía quedarse embarazada y, al tener aporte de nutrientes de calidad, los embarazos llegaban a buen término. Nuestras bisabuelas y sus abuelas no conocían la composición de las avellanas, pero sí que habían observado que, el año que había avellanas, había más embarazos y que los niños venían mejor. Hoy sabemos que su consumo aporta ácido fólico (vitamina del grupo B) que favorece el adecuado desarrollo del sistema nervioso del feto durante el embarazo. Y este refrán, es el resultado de esas sabias observaciones.

 

Avellanas con sorisons y rama de avellanero

Las avellanas son fuente de nutrientes y antioxidantes para nuestra organismo, como todos los frutos secos. Unas 20 avellanas aportan 130 calorías y son un aperitivo repleto de grasas saludables, antioxidantes, minerales, vitamina E y proteínas. Las grasas de la avellana (ácido oléico en su mayoría) tienen efecto cardioprotector, ya que favorecen el equilibrio en los niveles de colesterol HDL (bueno) y LDL (malo).

Las avellanas nos dan pie a recuperar una palabra en patués poco conocida: sorisóns, que es el “recipiente” (verticilo de brácteas) en el que se desarrolla la avellana. En español, “involucro”. No trobarás mai cap de abellana sin sorisóns (no encontrarás nunca una avellana sin involucro), leemos en el diccionario de Ángel Ballarín Cornel.

 

 

Hemos localizado otro refrán, más propio de los meses de cosecha: Cuan desde Chía, pel maitino, se sienten las campanas de Gabás, aigua detrás. Quizás porque al tocar las campanas “avisaban” a Chía que llegaba la lluvia, o quizás porque “haciendo ruido” con las campanas pretendieran alejar, disipar o atenuar la tormenta de Gabás y el agua acababa cayendo en Chía. La técnica de las campanas estaba muy extendida en un tiempo en el que las telecomunicaciones eran escasas o inexistentes. Las campanas del Monasterio de Santa María (s. XII) en Villaverde de Sandoval (León) se han seguido utilizando para avisar de la llegada de las tormentas, a pesar de que está abandonado hace años; los habitantes seguían un orden “de guardia” para tocar las campanas en cuanto se vieran asomar las nubes y no paraban hasta que habían pasado. En la campana San Jaime de la catedral Reus, se podía leer: «Alejo el pedrisco, deshago el trueno y la nube amenazadora». Forma parte de la “leyenda del poder mágico de las campanas”.

La sierra de Chía desde Renanué el lunes 2 de noviembre de 2020

De los diferentes toques o lenguaje de las campanas hablaremos otro día. Ya comentamos que Joaquín Pons Ballarín (1903-1981) de Llúsia fue el último campanero de Chía https://villadechia.es/?s=campanero

 

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SEMANA SANTA EN CHÍA (II)

Sencillez y austeridad son las características de la Semana Santa en los pequeños pueblos del Pirineo; pero la devoción y participación de los fieles era evidente en todos y cada uno de los actos que se celebraban, lo que llenaba de sentimiento y emoción estas fiestas.

Monumento de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Zaragoza

Chous Santo (Jueves Santo)

En siglo pasados, este día se trabajaba sólo hasta las doce del mediodía. Se creía que si barrían las casa después de esa hora, habría hormigas en la casa todo el año.

Las mejores colchas y cubiertas de cada casa colgaban de los balcones y ventanas desde el Jueves Santo para engalanar las fachadas de las casas de Chía. Por las noches se encendían candiles, velas y luminarias, costumbre que fue desapareciendo cuando se instaló el alumbrado público.

Por la mañana las mujeres preparaban el Monumento. Aquí no llegaban palmas, ni claveles, ni gladiolos, ni grandes ornamentos o faroles dorados; en la sobriedad y en su carácter rústico residía la belleza de estos tenebrarios. Cuando Feli de Gregoria (1929) era pequeña lo colocaban en la capilla de Chuansaún (donde está ahora la pila bautismal). La abuela de Barbero y otras mujeres del pueblo cubrían con sábanas blancas la capilla y se adornaba con “cabelleras” y algunas velas, el sagrario presidía la capilla. Las “cabelleras” eran los brotes de legumbres o cereales (lentejas, habas, guisantes, centeno, trigo) que se habían sembrado en macetas y que habían germinado en lugares oscuros de la casa (la bodega o el horno). Los historiadores piensan que esta costumbre provenga de los “jardines de Adonis”, macetas que se colocaban para adornar la tumba del dios Adonis en las fiestas en su honor, en primavera, y que se preparaban con las mismas semillas. También se tapaban los santos de la iglesia con telas negras, en señal de luto.

Monumento de Biscarrués
Monumento de La Puebla de Fantova

En la misa vespertina del Jueves Santo se hacía el lavatorio de pies. Recuerdan en Chía como Mosén Ramón lavaba los pies a 12 niños (como el número de los apóstoles) que se colocaban en el altar de la iglesia, 6 a cada lado, y después les besaba los pies. Para este ceremonial, se utilizaba un bonito balde de casa Castán. Como el Viernes Santo no había consagración, la reserva de la Eucaristía se guardaba en el sagrario que se había ubicado en el Monumento, que estaba asociado con el sepulcro de Jesucristo. De esta forma se daba gran solemnidad a este sacramento, puesto que el Jueves Santo tuvo lugar al Última Cena.

El Jueves Santo era un día de penitencia, de oración y de vigilias para acompañar a Jesucristo en sus horas de angustia en el Huerto de los Olivos, donde estuvo rezando en espera de su martirio. En Chía, hasta las doce de la noche había dos personas a turnos custodiando el monumento.

Viernes Santo

Día de ayuno, abstinencia, oración y penitencia. No se trabajaba en todo el día, ni para quitar el polvo en las casas. Por la tarde noche acudían todos al Vía Crucis portando una vela. Se salía de la iglesia de San Vicente, se bajaba por la calle La Iglesia hasta el solanet, luego a bajar por la rullada a casa Mateu y de allí a subir por casa Matías a la plaza para volver por la carretera hasta la iglesia. En Chía, para cada una de las 14 estaciones (escenarios en los que está dividida la Pasión de Jesús, desde su condena a muerte hasta su sepultura) se cantaba una estrofa y un estribillo. Una de ellas decía [El archivo de sonido con la canción lo añadiremos a esta entrada después de la cuarentena]:

“Jesús víctima escogida

es condenado a morir.

Para darte eterna vida

quiere tal suerte sufrir”

charrytv.com

 Y el estribillo que seguía a cada estrofa:

“Por vuestra pasión sagrada

adorable Redentor

perdonad Jesús mío

a este pobre pecador”

 

Durante la procesión, Juan de Chuana (Juan Pallaruelo Mallo, 1884-1967) iba descalzo con cadenas en los pies. Esta tradición también la siguió su hijo Juan Pallaruelo Martín (1917-2003), alcalde hasta 1982.

Iglesia parroquial de Chía (San Vicente Mártir) y campanario

Domingo de Pascua (Florida)

Se anunciaba la misa de Pascua con volteo de campanas. https://soundcloud.com/maria-antonia-nerin/volteo-de-campanas-pascua-de-resurreccion

Joaquín Pons Ballarín (1903-1981) de Llúsia falleció en mayo de 1981 y fue el último campanero de Chía, además de pregonero (ocupación que continuó Daniel, hijo del primer matrimonio de su mujer). Joaquín vino de San Feliu de Veri a casarse con Avelina Martín Fumanal (oriunda de Lérida), viuda del heredero de Llusia (José Castel Artiga). Joaquín Pons y Avelina Martín fueron padres de tres hijas, una de ellas, Alegría de Treseta.

A los toques de campanas dedicaremos una entrada monográfica en este blog y otra al “matrimonio en casa” que es una institución jurídica propiamente aragonesa.

A misa subía todo el pueblo. El coro, siempre entregado, en la misa de Pascua se empleaba a fondo. En la primera mitad del pasado siglo XX formaban el coro:

  • José de Dorotea (José Mur Lamora, 1885-1962)
  • José de Gregoria (José Pallaruelo Mur, 1889-1968)
  • Ramón de Presín (Ramón Nerín Mora, 1875-1957)
  • Juan Antonio de Ramondarcas (Juan Antonio Carrera Delmás, 1875-1948)
  • Amado de Santamaría (Amado Mur Gabás, 1905-1974)
  • Jorge de Siresa (Jorge Mora Fortuño, 1893-1957)

Las mujeres bajaban agua bendita a las casas, como símbolo protector y de renovación. Era un día de fiesta grande, una fiesta familiar como la Navidad.

 

[Muchas gracias a Asunción de Ramonot, Feli de Gregoria, Carmina de Presín, Juanito de Treseta, Federico de Sansa, Toño de Sansón y José de Coalu por su participación y asesoramiento]

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