AMARILLEA TODO

Camino dels Angustos (de la Crus de Benás hacia Santa Chulita). Otoño, 2020.

Joaquín Castel, de casa Llusia de Chía, explica en esta grabación en patués lo qué se hacía en otoño http://www.sipca.es/censo/1-IAL-HUE-004-095-004/L´agüerro/y/sus/actividades.html&oral#.X5yBZC8rzfY

y cómo los árboles eran un recurso bien aprovechado http://www.sipca.es/censo/1-IAL-HUE-004-095-006/Es/arbres.html&oral#.X5yCZi8rzfY

Basa de Lapaúl. Otoño, 2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A finales de octubre estamos ya en el centro del otoño, en la montaña se sigue haciendo acopio de víveres, el ganado aprovecha los últimos pastos verdes antes de que las heladas apaguen su crecimiento, las patatas ya se guardan extendidas en zonas frescas y oscuras, se recogen las primeras coles y se aprovechan las horas de sol y calor para los últimos trabajos al aire libre.

Chía, otoño 2020. FOTO: Liliam Álvarez Roig
Olmo. Otoño, 2020.

(…) Amarillea todo
hasta ese cielo azul que nos cobija
cuando octubre y noviembre
se desgranan despacio por la tierra.

Amarillea todo
hasta esos pájaros que huyen
de las primeras voces
de la niebla.

Amarillea todo
hasta ese buen cansancio
que el camino produce
en la vereda.

Y a orillas de las huertas
como mensajes póstumos del hombre
se alzan piras de humo
y de silencio.

Sobre la tarde quieta
con los cierzos parados al oeste
sube desde la tierra
un vaho tranquilo
que lo emborrona todo. (…) 

José Antonio Labordeta

 

No todo es amarillo. El “cogollo” de hayas (faus en patués) que hay de Cascalla a los Pusos, se significa en un rojo precioso que no pasa desapercibido.

 

 

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DE SAN MIGUEL A SAN ANDRÉS

 

San Miguel Arcángel está en los libros sagrados del cristianismo, el judaísmo y el islamismo; por ello, solía ser el patrón de las poblaciones en las que convivían estas tres culturas, como pasaba en Graus.

Alrededor del día de San Miguel se celebraban las ferias agrícola-ganaderas que marcaban el final del calendario. Después de la “Sanmiguelada” empezaba un nuevo ciclo económico. Para estas fechas se celebraba la tradicional feria de Graus. En estas ferias finalizaban los contratos de los jornaleros, se ajustaban las cuentas, se tomaban las decisiones para el siguiente año en lo referente a mariscales, pastores, mozos y sirvientes a contratar, tierras a arrendar, vencían los préstamos y pagarés, se compraba y vendía ganado y otros productos. Las ovejas subían a los puertos de montaña a principios de julio y bajaban el 29 de septiembre, así se liquidaban cuentas y contratos en los pueblos del Pirineo Aragonés. En tierras de Castilla, era el 29 de junio, San Pedro, cuando se hacía el trato con los pastores, “el ajuste del pastor”. En otra ocasión hablaremos del trabajo y los sueldos de los pastores, de las categorías profesionales, de su relación con los dueños de los rebaños. En las ferias que se sucedían durante los dos meses centrales del otoño, entre San Miguel y San Andrés, se hacían las transacciones del ganado que iba a recriarse y del que se destinaría a trabajo y/o matadero.

Vídeo de la fototeca de la DPH:

https://nb-no.facebook.com/DiputacionProvincialHuesca/videos/otoño-época-de-ferias-en-la-provincia/2003010849989080/

Pergamino de San Miguel. www.graus.es

La feria de Graus data de 1201 como privilegio del rey de Aragón Pedro II. La feria de San Miguel de Graus era conocida en la comarca como la feria de “cambio de amos”.

A las ferias se llevaban las mulas treintenas (de treinta meses de edad), que estaban listas para ser uncidas. Y también las quincenas y lechalas que requerían de uno o dos años más para alcanzar su aptitud, tiempo que generalmente cumplían en los valles pirenaicos. En la feria de San Andrés de Huesca había mucho mercado de mulas. Que la economía española fuera básicamente agraria en el siglo XIX y primera mitad del XX favoreció la cría de animales para trabajar y transportar carga, especialmente ganado mular. En nuestro valle, las casas medían su riqueza en función de los paqués de mulas que tenían. Con la aparición de la mecanización agrícola, la actividad ganadera de la montaña abandonó la cría de mulas y se orientó hacia la cría de ganado vacuno, primero para producción de leche y luego para carne.

Felipe de Cornel, comisario en la feria de ganado de Benasque. Años 80. FOTO: casa Cornel de Chía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El ganado mular ha hecho historia apoyando a los ejércitos en sus contiendas y a los agricultores en sus tareas cotidianas. Y las mulas criadas en estos valles pirenaicos eran muy apreciadas en Cataluña y Castilla. Los garañones de Vich tuvieron un papel protagonista, al igual que Artiga de Lin, donde se podía comprar ganado francés. Explicamos en https://villadechia.es/ta-churiol-la-forca-al-coll/ el origen de las mulas y sus ventajas como animales de carga/trabajo.

Todavía hay algunos días de calor, “el veranillo de San Miguel”, pero los días son manifiestamente más cortos y la diferencia de temperaturas es más evidente. Entre la feria de San Miguel (29 septiembre) y la de San Andrés (30 noviembre) había que terminar las faenas que explicamos en https://villadechia.es/ta-laguerro/ para que cuando llegaran las primeras nieves estuviera todo hecho encara que tamé se diba, “Buen temps ta setiembre, milló ta disiembre”.

 

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TA L’AGÜERRO…

Estos últimos días de septiembre, hasta la feria de San Miguel (29 septiembre), eran de transición entre el fin del verano y el núcleo del otoño. En octubre hablaremos del inicio del “ciclo agrícola ganadero tradicional”, tal y como se vivió durante siglos en la montaña. El año económico “empezaba” en octubre.

El martes 22 de septiembre a las 15:31 hora peninsular de España, comenzó oficialmente el otoño 2020 del Hemisferio Norte. Esta estación está relacionada con el atardecer de la vida; cambia el tiempo y el día se acorta, pero todavía había mucho trabajo por hacer antes de que llegara la nieve a los campos (por las cumbres puede caer nieve incluso en agosto). Aquí se decía “Ta l’agüerro, fayena tiene el trachinero” (En otoño, trabajo tiene el trajinero). En otoño tocaba acarrear y cortar la leña para el invierno, recoger las nueces y manzanas que estaban en los campos, preparar las gavillas de fresno para los animales, sembrar el cereal, recoger las patatas y las cebollas, plantar las coles de invierno y las escarolas, aprovechar las moras, endrinos, avellanas, robellons, cazar el chabalín

Estos días tocaba preparar los cereales para la siembra: trigo, centeno, cebada/ordio. Con el trigo se hacía harina para el pan de todo el año, el centeno era para las ovejas, el ordio/cebada para pienso que comían las caballerías, también para engordar los corderos. Las mujeres preparaban un líquido de vidriolo (sulfato metálico) para tratar las semillas antes de sembrarlas. A la hora de sembrar, nos explica Federico de Sansa que hay que saber hacerlo, de derecha a izquierda, con la mano suelta, en tres tiempos, para que la semilla se distribuya y no caiga toda en el mismo sitio. La siembra se hacía en septiembre, para que las semillas enterradas se empaparan primero con el agua del otoño y luego con las nieves del invierno. De esta forma, en primavera, con el renacer de la vida, brotaban las semillas y crecía el cereal que se recogería en verano.

http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=156496&inventary=FD036860&table=FDOC&museum=MT

En Chía, la tierra se araba con bueyes mayormente, también se usaban caballos, mulas y, los menos, vacas; la mecanización no se generalizó en el valle hasta los años 60-70.

Los bueyes son toros que se han castrado después de la pubertad para destinarlos a carga y trabajos agrícolas. Nos explica Federico Mur de Sansa que si se paraban, se les pinchaba en el trasero con un palo de avellano que llevaba un clavo en uno de los extremos, la unllada (en español, aguijada) y que no bastaba con pasar el arado, luego había que deshacer los terrones de tierra, en patués, estorrocá, con una azada o azadón. Cuenta que tuvo una pareja de bueyes muy buenos que habían castrado su padre (Martín Mur Gabás) y uno de sus hermanos (de qué Santamaría); por las mañanas salían de casa y se iban solos hasta el campo que estaba a medio labrar y se colocaban cada uno a un lado del arado.  “De la pericia del labrador y de la experiencia de los bueyes dependía hacer los surcos bien rectos”, nos dice.

Otro refrán es el de “Buen tiempo en septiembre, mejor en diciembre”, lo que ayudaba a realizar todos estos trabajos en unas condiciones más agradables. Y también “Truenos tardanos, fríos tempranos. Truenos tempranos, fríos tardanos”.

La luz, los olores y los colores de otoño están cargados de matices, brillos y reflejos, es el tiempo en el que la naturaleza muestra su madurez.

 

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