CARRETERA DE CHÍA

La DPH tiene una red propia de 500 Km, y asumida la Encomienda de Gestión de la Conservación y Mejora de 1.000 Km de carreteras municipales que son el principal acceso a los núcleos de población

En la entrada publicada el 28 de enero de 2020 “Chía, parada y fonda en el Camino Real de Zaragoza a Toulouse” hicimos una primera aproximación al estado de las comunicaciones viarias y comerciales en este territorio. Infraestructuras que han ido siempre por detrás de las de la gran parte de España, por las dificultades orográficas, la menor densidad de población, no ser un territorio estratégico y haber tenido pocos “hijos del valle” dedicados a la política, entre otras razones. Chía estaba (y está) comunicada directamente con Seira, El Run, Villanova y Castejón por sus respectivos caminos de herradura. La ruta Seira-Chía-Villanova estaba incluida en el Camino Real de Zaragoza a Toulouse. El antiguo camino a Castejón pasaba por la ermita de San Pedro y La Encontrada.

Chía en 1935                                         FOTO: Jesús Barañac, casa Muria de Chía

La Constitución de 1812 aprobada en las Cortes de Cádiz anuló los derechos jurisdiccionales, por lo que desaparecieron los señoríos y realengos. Para bien o para mal, con los cambios políticos entre 1814 y 1833, la división territorial no se consolidó hasta 1933 con la reforma de Javier de Burgos que establecía 49 provincias y las agrupaba en regiones. Es en 1887, con la Ley de Carreteras de Alfonso XII, cuando se define el uso público de las carreteras y se planifica su financiación. Se asigna a las provincias el papel de construir carreteras interiores y confeccionar su propio Plan de Carreteras, bajo la aprobación y la tutela del Estado. En los años 20 del pasado siglo se construyen la mayor parte de las carreteras de las Diputaciones. Después de la Guerra Civil se desarrolla el Patrimonio Forestal del Estado y se construyen numerosas pistas forestales que luego pasarían a ser carreteras.

Congosto de Ventamillo en obras (1919-1914)       FOTO: Fundación Llanos del Hospital

Por aquí, todo llegaba bastante más tarde. En el primer tercio del siglo XX la industria hidroeléctrica es la base de la evolución en las zonas de montaña, que conllevó la construcción de las carreteras principales (como las carreteras entre Lafortunada y Bielsa, o entre Campo y Villanova), la llegada de la electricidad y ofrecer una alternativa laboral remunerada a los “no herederos” de las casas montañesas; pero que, en definitiva, supuso aprovecharse de los recursos naturales de la montaña y de mano de obra mientras hizo falta porque terminaron la mayoría  por emigrar, por falta de trabajo, una vez finalizadas las obras. Son los capitales vascos y catalanes los que se hacen con el aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos del Pirineo aragonés y otros recursos. El Estado hizo la parte fácil de las carreteras (en un margen de tiempo excesivamente dilatado) y las compañías eléctricas (en relativamente pocos años) acometieron los tramos más costosos y complicados… y eso nos ha costado muy caro.

Mapa del Circuito Pirenaico                                                                                           En el libro RUTA DEL PIRINEO ESPAÑOL. C. Lana, 1933

En Francia llegaba el ferrocarril hasta los mismos pies de la montaña para que la burguesía y aristocracia francesa pudieran disfrutar de balnearios como el de Bagnères de Luchon, Argelès, Aux Bonnes, entre otros. Aquí, los Baños de Benasque tenían un aspecto decadente y peor acceso, la carretera no consigue superar el Congosto de Ventamillo, a la mayoría de los pueblos se llegaba por sendas o caminos de herradura. La carretera entre Campo y Benasque no estuvo terminada hasta 1918.

 

Durante la II República Española se creó un organismo que dependía del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, La Delegación del Circuito Pirenaico, impulsada por Casimiro Lana Serrate (de Sariñena, 1892-1961) y Joaquín Mallo Castán (de casa Presín de Chía, 1884-1938), diputados en Cortes Generales por la provincia de Huesca. Joaquín Mallo en 1933 se encargó de la gestión de carreteras desde la comisión de Obras Públicas. Desde la Delegación del Circuito Pirenaico se pretendía concluir la Ruta de los Pirineos que se había estancado en 1916, realizando una vía transpirenaica de Port-Bou a Irún y las comunicaciones transfronterizas (hasta ocho pasos) que se pactaran con Francia, para impulsar el turismo y el comercio. Entre ellas, el túnel Benasque-Luchon, la carretera de Chía, la carretera de El Run a Pont de Suert, el puente de la carretera de Seira a El Run, la carretera de Arro a Campo. El libro “Ruta del Pirineo Español” de C. Lana, publicado en 1933, es una pequeña joya; aborda tanto aspectos cartográficos del Pirineo, como bibliográficos y alpinísticos, aparte de analizar los aspectos del circuito pirenaico en proyecto: alojamientos, transportes, ruta y carreteras, telégrafos y teléfonos, con abundantes fotografías.

En el caso concreto de Chía, en 1933 se aprobó y construyó la carretera hasta la general de Barbastro a la frontera (que escasamente llegaba a Benasque). Para poder iniciar las obras antes del verano, el Diputado Joaquín Mallo adelantó parte del dinero al Gobierno de la República y tanto casa Castán como casa Presín financiaron parte de las obras a fondo perdido. Con la guerra civil no sólo quedaron paralizadas durante décadas las obras del circuito pirenaico, también se destruyeron algunos puentes, como el de El Run, que tuvieron que ser reconstruidos durante la posguerra.

Julio Nerín Mallo, sobrino de Joaquín Mallo, que fue Diputado en la Diputación Provincial de Huesca a finales de los años 90 del siglo XX y alcalde de Chía, consiguió la inversión tan necesaria para ensanchar la carretera de Chía, 60 años después de su construcción, para permitir el paso simultáneo de dos vehículos en todo su trazado.

El Diario de Huesca publicaba el 22 de abril de 1933 (hoy hace 87 años) en su primera página una pequeña referencia al suceso ocurrido durante las obras de la carretera:

                                                       HERIDO EN RIÑA

En las obras de la carretera de Castejón a Chía, trabajaban los vecinos de este pueblo José Zamora y José Río, e hijo de éste José.

José Zamora resultó con una herida en la cabeza de cinco centímetros de extensión , de pronóstico reservado. Fue herida producida al darle un tremendo garrotazo.

 

El apellido Zamora era de un maestro que estuvo en Chía, por lo que podríamos deducir que el que trabajaba en la carretera era José Zamora hijo del maestro. En cuanto a “José Río”, se decanta por José Río Mallo de casa Bringué, de 59 años, casado con Margarita Mur Gabás (nacida en casa Riu) y  que en primeras nupcias se había casado con Filomena Mur Gabás con la que tuvo un hijo en 1912 al que llamaron José (y que tendría 21 años en el momento de la riña). Pero también podría ser José Río Lacorte de casa Caseta, o José Río Campo. No sabemos qué debió pasar para que el hijo de José Río y el del maestro se enzarzaran, ni las circunstancias en las que se produjo la herida.

Antes de la guerra, un albañil no cualificado ganaba al día 9,20 pesetas (entre 220 y 240 pesetas al mes). En 1939 un kilo de lentejas costaba 1,40 pesetas (hoy cuesta 1,72 euros), 0,50 el de patatas (hoy, 0,69 euros) y 1,90 (1,55 euros, hoy) el de arroz (precios establecidos por la Comisaría General de Abastecimientos de Madrid). Está claro, que esos jornales eran “un complemento” a la vida agroganadera, con huerto y corral que abastecían de comida.

Comparando los precios de 1939 con los precios del año 2000 cuando pasamos de pesetas a euros, el valor era muy similar.  Otro ejemplo, una caja de cerillas costaba 0,30 euros en 2000 y en 1939 se pagaban 3 monedas de 10 céntimos o tres “perras gordas”.

 

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UN ESTANCO EN CHÍA

Nicotiana tabacum

La planta de tabaco no se conoció en Europa hasta que se descubrió América. El tabaco ha sido durante siglos una importante fuente de ingresos para el erario español. Hasta entrado el siglo XVII, en España se cultivaba tabaco como planta medicinal o de adorno. A partir de 1636 con la creación del monopolio (o estanco) de tabaco, salvo cortos periodos de transición o prueba, el Estado controlaba el mercado de tabaco, su producción y su precio de venta, gravado de forma importante por impuestos que ayudaron a pagar las guerras, junto con los ingresos de otros monopolios del Estado, como el de la sal, los naipes o el papel timbrado, entre otros.

Antonio J Rodríguez (s. XVIII) hablaba de las virtudes atribuidas al tabaco: «Es remedio el tabaco, y admirable, por lo mismo que es medicamento activo. En las hemicraneas, y demás dolores de cabeza por coryza, y otras fluxiones, y destemplanzas frias, y lymphaticas, es remedio grande. Su humo por las narices y oídos, mata los Gusanos o Lombrices, quando por estos duele la cabeza. Y sus hojas verdes, medio asadas sobre rescaldo, y puestas sucesivamente según se sequen, sobre la Cabeza, curan la Jaqueca» (Palestra Crítico-Médica, Zaragoza 1744).

Diario de Huesca, 19 abril 1881 (pág.6)

El Diario de Huesca de 19 de abril de 1881 (hoy hace 139 años, que suponen entre 5 y 6 generaciones) publicaba en el primer párrafo de la página 6 :

“Se han anunciado vacantes para proveerse en propiedad los estancos de Pueyo de Santa Cruz, Torres del Obispo, Lascuarre, Peralta de la Sal, Grañén, Peñalba, Chia y 2º de Graus. Los que aspiren a obtenerles deberán solicitarlos durante el corriente mes”.

En este 1881 nacía Pablo Ruiz Picasso en Málaga. Un año después fallecería Charles Darwin (19 abril 1882), naturalista inglés que escribió El origen de las especies. Entre 1874 y 1885 reinó Alfonso XII, hijo de Isabel II, que falleció prematuramente a los 27 años de edad de peste bubónica según unos, de tuberculosis, según otros.

En el transcurso del siglo XIX se privatizaron la mayoría de los montes públicos, se intentaba especializar las cabañas ganaderas por zonas para recuperar la ganadería y se estaba “reconvirtiendo” la agricultura con la especialización por territorios: se producía cereales en Aragón y Andalucía, maíz y patatas en el norte, fruta y vino en el Levante y olivo en las cuencas del Guadiana y Guadalquivir.

En el último tercio del siglo XIX España pasó de una monarquía absoluta a una parlamentaria, después de una I República (1873-1874) que no dio los resultados esperados y que estuvo marcada por tres conflictos armados y una gran inestabilidad política que conllevó 4 presidentes y un dictador. En este último período del siglo XIX se produjeron profundos cambios económicos y socio-políticos en todo el mundo y también en España. En el Alto Aragón (y en otros muchos territorios) es a finales del siglo XIX cuando empieza el éxodo de los pueblos hacia el sur de Francia sobre todo, también hacia países de ultramar y, con la industrialización, hacia grandes ciudades españolas en busca de trabajo remunerado y mejores oportunidades de vida. Las implicaciones para Chía y la comarca de Ribagorza que supusieron estos cambios demográficos y socio-económicos los iremos abordando con datos y publicaciones de la época.

El “estanco” (entendido como monopolio) del tabaco aupó el contrabando que ya existía antes de establecerse el control directo del Estado1. El conseguir dinero fácil y rápido, escapar de los aranceles aduaneros de un país o los impuestos sobre los beneficios, son razones que siempre han acompañado al fraude; más aún cuando las guerras, las exiguas cosechas o el poco trabajo abocaban a las familias a la miseria más absoluta. Cualquier mercancía susceptible de interés, ha sido objeto de contrabando en la historia de la humanidad: los esclavos, la sal, los tintes, animales de carga, metales preciosos, alcohol o armas, por citar los más comunes.

“Durante el primer tercio del siglo XVIII el tabaco se consolida como producto de consumo masivo en la sociedad española de la época y sus ingresos fiscales representan una parte fundamental de la renta de la Hacienda con tendencia clara a crecimiento”4.

En el siglo XVIII fumaban las clases bajas; los ilustrados, burgueses y nobles preferían el tabaco aspirado o rapé. Al cambiar los hábitos y que la mayoría pasara a fumar el tabaco, las fábricas españolas dejaron de producir rapé y se pusieron a fabricar cigarros puros. A finales del siglo XIX el rey del mercado del tabaco es el cigarrillo, quedando en franca minoría el consumo de tabaco de pipa y puros. La mecanización de la producción facilitó la expansión de su consumo. Se fabricaban diferentes tipos de tabaco3:

  • Tabaco de calidad: mixtos y virginias
  • Tabaco intermedio: en polvo
  • Tabaco popular: de mascar

Hoy nos centramos en este anuncio del Diario de Huesca porque, de alguna manera, un estanco refleja de forma indirecta la importancia de una localidad. Decíamos que en 1636 se institucionaliza el control de la venta del tabaco, se crea el Estanco del Tabaco en España. En 1887 se funda una sociedad para encargarse de la gestión del monopolio del tabaco, la Compañía Arrendataria de Tabacos (CAT) con participación del Banco de España, y en marzo de 1945 cambia su nombre por el de Tabacalera S.A., empresa que se privatizó en abril de 1998. Este monopolio impositivo del Estado tuvo que adaptarse a la abolición de la esclavitud en Cuba en 1880, a la independencia de Cuba y Filipinas en 1898 y a la revolución industrial para no perder los magníficos ingresos que esto suponía para las arcas públicas; además de buscar soluciones para evitar el contrabando que era un competidor difícil de controlar, como aumentar la producción, diversificar las fábricas y aumentar la red de distribución.

La red para la distribución del tabaco y su venta al público estaba integrada en este sistema estatal mediante las tercenas, estanquillos y estancos que llevaba personal a sueldo de la renta o comisionados de ella1.

A partir de 1740 todos los empleados en la red de distribución eran considerados subalternos de Hacienda; se les facilitaba casa, luz (la producción eléctrica en España empezó en 1875, pero se tardó unos años en instalarse en las viviendas) y aprovisionamiento de tabaco. La consideración de empleado público era incompatible con cargos municipales, podían llevar armas y quedaban exentos de todo servicio. Los estanqueros debían saber leer, escribir, y llevar una contabilidad y libros de asiento. Se les pedía buen comportamiento y buenos modales para atender a los clientes. Había estancos “de décima”, que podían vender otros artículos y el estanquero cobraba el 10% de la venta del tabaco, y “de salario” (abiertos de 5 de la mañana a once de la noche en primavera y verano; de 6:30 a 22h el resto del año), en los que las ventas permitían mantener una persona a jornal (el límite eran 900 reales y el estanquero percibía 3 reales diarios; si las ventas mensuales pasaban de 1.300 reales, se percibía un jornal de 4 reales)2. Vamos, que era de lo más esclavo.

CAMINOS. INDUSTRIA.              

 (Madoz. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico 1845-1850 Huesca)

Habitantes

1845-1850

Habitantes

2010-2018

Pueyo de Sant Cruz

(Pueyo de Moros hasta mediados del s.XIX)

Dos caminos carreteros (a Lérida y Monzón-Fraga) 105 370
Torres del Obispo Caminos locales y de herradura

7 fábricas de aguardiente y un molino harinero y de aceite

295 169
Lascuarre En el camino de Barbastro a Claraballs (Arén)

Un molino aceitero con dos prensas y uno harinero

322 132
Peralta de la Sal Fábrica de jabón, de aguardiente, elaboración de sal y dos molinos harineros 1.125 140
Grañén Caminos carreteros en buen estado

Tejedores de lienzos y telas de lana

697 1.902
Peñalba Carretera general de Barcelona a Madrid

Fábrica de vidrio ordinario

396 622
Chía Camino de Benasque a Graus 394 86
Graus Camino de Barbastro a Benasque

Varios molinos harineros y de aceite. Algunas fábricas de papel ordinario y de estraza. Una máquina para aserrar madera. Varios batanes. Fabricas de curtidos, hiladores de seda y cáñamo en cuerdas de carga, alpargateros, sastres, tejedores, pelaires, herreros y toda clase de artesanos

1.783 3.305

En este cuadro comparativo de las poblaciones que aparecen en el anuncio, indicamos la población a mediados del siglo XIX (según Madoz) y a principios del XXI (según DPH en Wikipedia), así como los elementos que marcaban la diferencia frente a otras localidades: su situación en carreteras/caminos, o la industria ya que, ambos indicadores significan “mayor circulación” de personas y, por tanto, más clientes.

Hemos solicitado a ALTADIS, compañía que surge de la fusión de Tabacalera y Seita en 1999, que nos facilite datos concretos sobre el estanco de Chía y la fecha en que se cerró definitivamente. Si nos llegan, los incluiremos.

En el último cuarto del siglo XX quedaron más que demostrados los nocivos efectos del tabaco para la salud, estudios científicos que han condicionado las campañas anti-tabaco y las nuevas políticas de prevención de la salud pública.

 

 

1LA DIFUSiÓN DEL TABACO EN ESPAÑA, DIEZ ESTUDIOS.  JM Rodríguez Gordillo. Pp. 234 y 276.

2asezar.com/mercado-tabacos-timbre-espana

3EL MONOPOLIO ESPAÑOL DE TABACOS EN EL SIGLO XVIII: REFORMA O CONTINUIDAD. 2007. O Bergasa Perdomo. pp.497

4De la manufactura a la industria: La Real Fábrica de Tabacos de La Coruña (1804-1857). L Alonso Alvarez. En Revista de Historia Económica – Journal of Iberian and Latin American Economic History nº 3. Año nº2. Pp.29-30. 1984

 

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CHÍA, PARADA Y FONDA DEL CAMINO REAL ZARAGOZA-TOULOUSE

Para garantizar el comercio y la seguridad de las rutas, se estableció una red de “caminos reales” promovidos por la Corona de España en la península y en América, a partir del siglo XVI. Esta red sirvió luego para crear el servicio de postas de correos, ya que en estas rutas había una infraestructura mínima para el descanso de los viajeros y de las caballerías, lo que garantizaba algo de comodidad en las etapas del trayecto y facilitaba el trabajo de los funcionarios.

El Portillón visto desde abajo (1988-1905) – Foto de M.Meys en Bertrand de Lassus y el Pirineo Aragonés, p.152 (Diputación de Huesca y Fundación Hospital de Benasque)
El puerto (1988-1905) – Foto de M.Meys en Bertrand de Lassus y el Pirineo Aragonés, p.129 (Diputación de Huesca y Fundación Hospital de Benasque)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero ya en la Edad Media y hasta principios del siglo XX, por la ruta transpirenaica más directa que unía Zaragoza con Toulouse -que atraviesa los Pirineos por los puertos de Benasque- circularon peregrinos, frailes, soldados, pastores, artesanos, jornaleros y trajiners con mercancías: hacia Francia con mulos, lana aragonesa, vino, aceite, trigo, sal y especias (como el azafrán); hacia España con paños, telas finas, productos de lujo, ganadería menor y pastel occitano (tinte azul que se extrae de la planta Isatis Tinctoria, cultivada en Toulouse, Albi y Carcasona desde la Edad Media, responsable del desarrollo social y económico de esa región francesa entre los siglos XV y XVII). Porque, a pesar de que los puertos de Benasque no tuvieron la importancia de otros pasos fronterizos pirenaicos, sí que fueron de “gran interés estratégico y comercial para el reino aragonés: enlazaban no sólo con el valle de Luchon y el condado de Comminges, sino con el disputado valle de Arán y, más allá, con el condado tolosano”1. Este fue un camino de interés para la Corona de Aragón. En otra entrada veremos las cuestiones de los peajes y el mantenimiento de estos caminos.

Puerto de la Picada (1988-1905) – Foto de M.Meys en Bertrand de Lassus y el Pirineo Aragonés, p.129 (Diputación de Huesca y Fundación Hospital de Benasque)

El puerto de la Glera o Gorgutes fue el paso habitual hasta siglo XIV. La Corona de Aragón obligó el paso por el puerto de la Picada para integrar al valle de Arán en las rutas comerciales y de comunicación del reino aragonés, facilitando así el aprovisionamiento del citado valle. Como los vecinos del valle de Benasque y los del condado de Comminges preferían un paso directo, abrieron primero un desvío desde la Picada a Luchon en 1319 y luego, en 1325, lo que sería el puerto nuevo o Portillón (2.444 m) que permitía el paso de caballerías, personas y mercancías sin pasar por el valle de Arán y con una trayecto por el lado francés menos escarpado y peligroso2,3 y 4. En 1325 era conde de Comminges Bernardo VIII, quien hizo acondicionar el paso de la Escaleta primero, desde el Port de la Picada, y luego ensanchar  a pico y pala el actual Puerto de Benasque2y4 o Portillón. Esta ruta, a pesar de la nieve en invierno, permitió durante siglos una comunicación relativamente “cómoda” con los valles franceses5,6, mientras que la comunicación con la “tierra baja” del lado español requería más días de trayecto y era más difícil y peligroso hasta bien entrado el siglo XX; el camino de Campo a Benasque no permitía la circulación de carros ya que el Alto Aragón no quedó incluido en el proyecto de mejora de las calzadas y desarrollo de la red radial que proyectaron los Borbones en el siglo XVIII; el Real Decreto de 1761 de Carlos III tenía el objeto de “hacer caminos rectos y sólidos en España”.

Gómez Zorraquino reproduce alguno de los contratos comerciales (de 1559), en los que figuran socios en Toulouse que envían la mercancía, socios en Espés y Barbastro, que la reciben, y socios en Zaragoza, que la distribuyen7. Este intercambio comercial de siglos es en lo que se basa la memoria publicada en París en 1853 en apoyo al proyecto presentado por Juan Barrande para la construcción de un tren de Tolouse a Zaragoza, a través de un túnel de la Glère, pasando por Benasque y Barbastro. “(…) El puerto de la Glère es precisamente el punto que goza de estas ventajas de equidistancia de los dos mares Océano y Mediterráneo”8.  Proyecto que nunca llegó a materializarse.

Fundación Hospital de Benasque (Tabla de itinerarios expuesta en el Centro de Interpretación Hospital de Benasque)

En Centro de Interpretación del Hospital de Benasque es una exposición permanente que trata sobre el papel de los diferentes hospitales que allí se han construido desde el siglo XI. La exposición está abierta mientras el hotel Llanos del Hospital está abierto al público. Una cuestión importante es la distancia entre las diferentes etapas del camino, también los relatos que han hecho algunos de los que por aquí transitaban, o los diferentes mapas. Como el de T.Spanochi de 1594 uno de los primeros que muestra la red de caminos del Pirineo, que señala los hospitales de Benasque y Bagnères de Luchon así como el camino que los une. Se recogían las horas o leguas de distancias entre localidades para elaborar itinerarios, tanto para los comerciantes como para el uso militar. En esta tabla que se muestra en el CI del Hospital de Benasque, ya se especifica que el trayecto entre Graus y Campo es “mal camino”.

 

http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000030325      Mapa de JB Labaña (1619), de los fondos de la Biblioteca Nacional
Detalle del mapa de Labaña (Biblioteca Nacional).      Entre El Run y Vª nueva leemos Chia o Gia. También Laquadra y Gistali (Carlania de).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detalle del mapa de D. Fernando Rodríguez (1865) en MADOZ Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico 1845-1850- Huesca

 

 

 

 

En el mapa de Aragón realizado por el portugués Juan Bautista Labaña en 1619, está reflejada la ruta que transcurría por el valle de Benaque hacia Francia. El camino real Zaragoza-Barbastro-Benasque-Luchon-Saint Gaudens-Toulouse, al entrar en el Valle de Benasque, subía por la margen derecha del río Ésera pasando por Chía. También en el mapa de la provincia de Huescade D. Fernando Rodríguez con fecha 1865 se puede comprobar que Chía está en el camino -catalogado como “carretero”- que transcurre por el margen derecho del Ésera (Campo-Seira-Chía-Sahún-Eriste-Benasque). La ruta El Run-Castejón de Sos-Sesué- Sahún lo etiqueta de “vecinal”. Las localidades consideradas como “villas” -en el cuadrante de mapa que nos atañe- son: Benasque, Chía, Plan, Campo, Laspaúles y Castanesa.

María Mallo Castán (1892-1984) explicaba que durante varias generaciones casa Presín (de la que fue heredera) era fonda para viajeros, militares y trachiners hasta que finalizó la construcción de la carretera de Seira a Benasque. Todo este ir y venir de personas, mercancías y animales hizo que la villa de Chía fuera durante siglos el segundo núcleo más poblado del valle -como veremos en las entradas que dedicaremos a los flujos de población- y también que hubiera no pocos bares y tabernas en este municipio. Nos consta que en el siglo XX Aceiterero, Colau, Matías, Taberna y Tabernero (estaba debajo de casa Guallart) fueron casas de Chía que tuvieron en algún momento cantina, bar o taberna… esto supone aproximadamente un 10% de las casas de nuestro municipio de finales del XIX – mediados del XX… Sobre Pedro Martín de 105 años, natural de El Run y vecino de Arasán, dice el Comisario Regio D. Francisco Zamora en 1794: “(…) no ha jugado jamás a los naipes ni entrado en la taberna, a pesar de ser un vicio muy común en el País [refiriéndose al Valle de Benasque]9.

Una visita al Centro de Interpretación Hospital de Benasque, en los Llanos del Hospital, es muy ilustradora de mucho de lo que hemos comentado en la entrada de hoy.

 

1José Luis Ona. Los Tres Hospitales. En Vicente Juste Moles, Hospital, Hospitalidad y Hospedaje. Hospital de Benasque, 1999. p.17.

2Charles Higounet. Comminges et Aragon au débout du XIVe siècle. Les passages de la haute chaîne luchonnaise. 1955. Revue de Comminges nº 58. pp. 159-164

3José Luis Ona y C Calastrenç. Los hospitales de Benasque y Bañeras de Luchón. Ocho siglos de hospitalidad al pie del Aneto. Zaragoza – Fundación Hospital de Benasque, 2009.

4Serge Brunet. L’hospice de France et la frontière des Pyrénées, XIVe-XIXe siècle. Gallica.bnf.fr/Musée pyrénéen de Lourdes. Pyrénées (Lourdes 1950). pp.161-196

5Ph. Wolff. Commerces et marchands de Toulouse (vers 1350-vers 1450). Paris, 1954. pp. 153

6P. Tucco-Chala. Les relations économiques entre Béarn et les pays de la Couronne d’Aragon (XIIIe -XVe). Bulletin Philologique et Historique. Paris, 1958. pp. 115-136.

7JI Gómez Zorraquino. El intercambio comercial de pastel y lana entre Aragón y Francia en el siglo XVI. En Jerónimo Zurita. Su época y su escuela. (IHE nº 92-2488), 251-257.

8S López Novoa. Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Barbastro. Tomo II. p.166

9León J Buil Giral. Viaje por el Alto Aragón. Noviembre del año 1794. Ed. La Val de Onsera, 1997. p.122

 

 

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