SOLEDAD VILLEGA BRUNET, de casa Toña

Hija de Margarita Brunet, de Toña, y de Ramón Villega Gabás, de Mercader de Gistaín, nació un 27 de octubre de 1928 en casa Toña de Chía, hoy hace 92 años.

¿Cómo es que casa Toña ha pasado a las mujeres en las últimas tres generaciones?

Cosa rara, no sé porqué dieron la casa a mi abuela y no al chico, que marchó ta Gistaín, ta casa Mercader. El hermano de mi abuela que marchó a Gistaín, tuvo ocho o nueve hijos, casi todos se fueron a Francia. Mi abuelo se llamaba Julián y mi abuela, Tomasa. Mis abuelos tuvieron nueve hijos: mi madre, que heredó la casa, dos chicas que estaban de monjas en Barcelona y las mandaron a Argentina, otras dos hijas que se fueron a Francia, una a Barcelona, y luego tres chicos.

 

¿Cómo eran sus padres?

Mi padre vino también de casa Mercader de Gistaín; él y mamá, primos hermanos. Ella era demasiado trabajadora. Mi padre murió pronto. Nos quedamos solos, las hermanas nos fuimos a servir y mi hermano a trabajar en el molino de El Run. La gente nos ayudaba. Ella murió con 86 años y mi padre con 60.

La madre de Soledad
Margarita y Ramón
El suegro de Soledad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué recuerda de la guerra?

Casi nada. Cuando hice la primera comunión, a los 8 o 9 años, había militares en casa. Se hacían ellos la comida en la era de casa Ramonot. Mi madre no se quiso marchar de casa durante la guerra. Aquí en casa tenían horno y amasaban pan; mi madre dijo que no dejaba aquí el pan a medio hacer sólo porque llegaran soldados, fueran los que fueran. Muchos de Chía se fueron por Pinedo, que fue justo por donde vinieron los soldados.

 

¿Y del colegio?

Me acuerdo de María de Sinet, que nos daba clase en la cocina de su casa.

Siempre que estuvo María Salas, una maestra de Ayerbe, Luisa (de Barbero) y yo estábamos juntas en la mesa de la primera fila. María Salas vivía en casa Sansa. Fuí siempre al colegio, me gustaba mucho y aprendía con facilidad, pero también íbamos a servir a las casas para ganar algo de dinero.

 

 

¿Qué nos cuenta de sus hermanos?

Éramos tres hermanas y un hermano.

Mi hermana Margarita la mayor se fue a Francia, a Toulouse, a los 14 años. Fue antes de la guerra, entonces se iba andando por el puerto.

Mi hermano Ramón aprendió a ser carpintero en el molino de El Run. Allí se ba fé mal, no lo tenían asegurado. Hacía juguetes de madera, forcas y rastrillos para los niños. Iba con muletas y una pierna que le hicieron en el Clínico de Barcelona donde estuvo ingresado, le operaron de la columna. Estuvo en casa hasta los 60 años.

Estuve en Barcelona sirviendo antes de casarme, en la calle Mallorca entre Aribau y Muntaner. Mi hermana Natividad, que también estaba sirviendo, se puso enferma en Barcelona y estuvo ingresada. Fui a los 18 años para cuidarla. La miseria que ganaba sirviendo me lo gastaba para darle de comer, porque estaba delgada como un palo y era por la tiroides. Ella se casó con un peón caminero de Lagüarre y se quedaron a vivir en Graus.

 

¿Qué buenos recuerdos tiene de Chía?

Antes se ayudaban todos, sin afán del jornal… Bajaba el de Peri de las Cuastas y se paraba en las Espllanasa achudá a segá… Ahora va cada cual a lo suyo. Y con la tele peor, todo el mundo se queda en casa; antes anabas a billá a las casas.

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuándo se casó?

Antonio, mi marido, vino también de Gistaín. Me casé en el 59, en la parroquia de San Vicente, en Chía. Nació José Antonio en el 61, por eso m’en acordo. Y Paquito seis años después.

 

 

 

 

 

 

 

¿Ha viajado fuera de España?

He estado dos veces en Toulouse, una de visita a casa de mi hermana y otra al funeral de mi cuñado, pero no pude ir cuando se murió mi hermana porque a mi hermano le habían apretado mucho el vendaje de la pierna en Huesca y lo llevaban a Zaragoza.

¿Cómo ha sido la vida en el campo?

Teníamos ovejas y había que ir dándoles vuelta por todo para que comieran. Era una esclavitud. Las mujeres hemos trabajado mucho, invierno y verano.

Había que ir al molino para tener la harina para el pan, al del Run, al de Sesué, pero se lo llevó el Ésera… hasta Gistaín hemos ido a moler el trigo. Yo he ido con el burro por la carretera, pasando por una acequia que bajaba el agua a Castejón, para ir a moler el grano a Sesué. He andado mucho en esta vida… Pasó una tormenta que mató muchas vacas en la montaña, algunas de casa Ramonot. El hijo de Ramonot, Ricardo -que se casó con Asunción de Vidal-, se había ido a trabajar de peón a Ramastué. Y fui a buscarlo a pie para que viniera a Chía, porque entonces no había teléfono ni nada. Bajé por Villanova, subí por la presa, luego a Sos y después hasta Ramastué. Volvimos andando a Chía y Ricardo se fue a la montaña a ver qué había pasado.

Soledad con su hermana Margarita (y su marido)

Como a mi marido le amputaron un pie, iba yo a llevar las vacas a la montaña, porque mis hijos estaban estudiando o trabajando.

Mi madre era muy limpia, muy trabajadora, pero tremenda en su genio; había que obedecer porque no se dejaba nada sin hacer. Ahora sí que no hago nada, pero he trabajado y caminado mucho. No he tenido quién me sirviera o quién me ayudara. Ha sido una vida dura y difícil.

¿Qué recuerda de la matanza?

Se vivía como una fiesta, pero la matanza para las mujeres era el peor día del año. Demasiada faena. Se perdió porque nadie quería matar a los cerdos. Se hacía después de Navidad, en enero. Los últimos años que matamos en casa Toña, ya no vivía mi madre. Venía Ramón de Matías, los de casa Andrés que ya estaban en casa Matías, los de Siresa… fíjate, ¡hacer comida para tantos!. Se pasaban dos días, por lo menos. Hacer las longanizas, salar, el mondongo… se hacía todo en casa. Los hombres mataban el cerdo y subían las piezas, después las mujeres hacían todo lo demás… unas calderas de pastura… ¡eso era trabajar! Mucha faena para que luego siempre hicieras corto, porque no se iba a comprar como ahora… se comían sopas o recau, trunfas y una brinqueta (un trozo de longaniza, o de tocino, o de pulmón…).

 

¿Le ha gustado cocinar?

Cocinar no me gusta nada. He cocinado mucho, pero por obligación. Antes no lo teníamos tan cómodo, primero la chimenea y el caldero, luego vino la cocina económica, después la de butano -que mi madre no la quería poner- y ahora estas modernas… la comida no sabe igual.

[Soledad nos explicó en https://villadechia.es/conejo-farsiu/ cómo hace el conejo relleno].

 

¿Qué invento le parece que ha sido de más ayuda?

Mi madre no quiso nunca poner televisión. La lavadora ha quitado mucha faena, desde luego. Lavar la ropa en La Regalera, con el agua helada, no lo harían las mujeres de ahora. ¡Eso sí que era pesado!. Se ponía una sábana encima de la albarda del burro y se llevaba la ropa para lavarla en El Riu. Mi madre lavaba la ropa de casa Cornel, Adela de Navarro enseñó a mi madre a planchar las camisas. ¡Ah, y la fregona!, antes se fregaba de rodillas. Sirviendo en Barcelona tuve una infección en la rodilla de pasar tanto tiempo fregando suelos. Ahora, con la fregona, es otra cosa.

 

¿Qué le gustaría que se conservara en el pueblo?

A que Toña no quedará nadie. Antes había que “meterse” en una casa, en una buena mejor que una pobre. Sin embargo, ahora se casa una hija y no pienses que te ayudará, porque se van. Cambian la vida porque viven en otro sitio y ya nadie piensa en trabajar el campo. Antes no teníamos vacaciones, pero ahora no pueden faltar. Y encima meten a los abuelos en una residencia… también se los podrían llevar los hijos. Ahora han puesto la moda de trabajar las mujeres… pues peor, porque nunca un hombre sabrá de una casa como una mujer. Esto es lo que pienso.

 

 

 

 

 

 

 

¿Y el secreto para haber llegado a los 92 años?

No tengo secretos. Soy mayor y me duelen mucho las piernas, así que me estoy siempre en casa, no salgo.

 

¿Tiene algún consejo para la juventud?

¿Qué escuchan ninguno? Ahora lo tienen todo… pero no sé si lo pasarán mal después, cuando les falte.

Espero que les vaya bien, pero les tocará vivir de todo, bueno y malo, como a todos nos ha tocado.

 

Nota: todas las fotografías son de Casa TOÑA.

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog siempre que sea sin fines lucrativos.

 

 

 

 

 

 

AGAPITO MUR MUR, de casa Dorotea

Un 30 de septiembre de 1933 nacía Agapito Mur Mur en casa Dorotea de Chía. Hijo de María Mur Pallaruelo, de casa Dorotea, y de Agapito Mur Rivera, de casa Garsía. Hace hoy 87 años. Asistió el parto María Artiga Barrau, de Oros, la mejor comadrona que ha habido; si estaba ella no había que llamar al médico, nos dice Agapito.

¿Cuántos hermanos fueron?

Dos hermanos: Yo, el mayor, y José María, diez años menor que yo.

Agapito Mur, Anita Artiga y María Mur Pallaruelo. FOTO: casa Dorotea

¿Qué recuerdos tiene de sus padres?

Mi padre trabajó mucho para sacarnos adelante. Mi madre hacía las tareas del hogar y ayudaba a mi padre. Cuando tenía cuatro años nos fuimos a vivir a casa Cornel, mis padres estuvieron de medieros allí 10 años.

¿Cómo pasó la guerra?

Me acuerdo de poco. Recuerdo que fuimos a Serquedo andando. Como era pequeño y me cansaba, me llevaron a colletas (sobre los hombros). Nos refugiamos en una cueva, tapados con mantas. Estábamos unos veinte. Oíamos pasar a los aviones.

También que estaba cuidando las ovejas con José de Garsía y vinieron los maquis, que se llevaron cuatro ovejas. Volvimos a Chía para avisar y subieron todos a recoger los animales y guardarlos en sus corrales.

Casa Dorotea en 2020

¿Qué recuerda del colegio?

Éramos seis o siete de mi edad. Me gustaba mucho ir. Entonces había mucha juventud en el pueblo. Tuvimos de maestro a Don Vicente Bitrián. También a María de Sinet, que nos daba clase en la cocina de su casa durante la guerra.

¿A qué jugaban?

Al redondet, tamé se diba chugá als pitos. Y a las cruses. Los sábados jugábamos en la plaza a las quillas, con María de Sinet. Don Vicente marchaba ta Huesca. Y cuando ya fuimos mayores, jugábamos al guíñate en casa Matías.

¿Cómo se pasaban las noches de invierno?

Junto al fuego y quietos allí hasta la hora de acostarse.

¿Hizo la mili?

Estuve 24 meses en Melilla, fue muy duro. Fuimos varios del valle. Fermín fue llorando todo el camino. En Barcelona cogimos un barco. Cuando embarcamos nos dieron un plato de lentejas y a dormir. Llegamos al día siguiente, corte de pelo al raso y al cuartel. A mi me mandaron a transmisiones. Volví sólo una vez a Chía en dos años, gracias a que casa Castán me consiguió un permiso.

¿Ha trabajado fuera de Chía?

A los 15 años empecé a trabajar en El Run, en casa Molinero, hasta los 25. Iba y venía pel canto del túnel, a peu. El panadero que venía de El Run no me quería llevar en su camioneta, no era buena persona. Traímos madera del monte y la trabajaban en la sierra. Cada semana salían dos camiones para Barcelona.

Trabajé en la construcción hasta la jubilación. Los fines de semana iba por los pueblos de la zona a repartir vino con Angel Ballarín, de Castilló. Me gustaba mucho, conocíamos mucha gente. En todos los pueblos nos invitaban a almorzar o a comer: els palomos que nos feba una dona de Piedrafita, las comidas en Aneto, Liri, Capella, Torrelabad… Íbamos a cargar a Cariñena y luego llevábamos el vino a los pueblos. ¡Las cocas que traía de Cariñena estaban buenísimas!

¿Cuándo se casó?

El 2 de mayo de 1964, con Anita de casa Riu, la hermana de Florencio. Ella tenía 30 años. Yo 31. Fuimos de viaje de novios a Madrid. Hemos tenido tres hijos: Laura, Germán y David. Laura ese casó en 2000 con Gabriel y en 2002 nació mi nieto Víctor.

Anita era muy trabajadora, yo estaba fuera de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Ella se encargaba de la casa, los hijos, de ordeñar, limpiar la cuadra… Murió en 2010. Fue muy duro quedarme solo. Me fui a Tortosa a vivir con mis hijos. Al principio lo pasé mal, pero con el tiempo la experiencia ha valido la pena. He conocido la vida cerca del mar, los pueblos de aquí, la playa, la comida marinera. Me gusta mucho.

¿Cuál es su comida preferida?

Los caracoles a la llauna, la paella, las setas y las coquetas.

¿Alguna afición?

El fútbol y coger setas.

¿Le gustaba ir de fiesta?

¡Toma, claro! Anaban caminan. Una vez fuimos a Sesué y al volver la noche era tan oscura  que no veíamos nada. Subimos hasta Chía con fajos de paja en la mano que íbamos encendiendo para alumbrarnos.

¿Algo que comentar sobre un invento del siglo XX?

Cuando trajeron la primera televisión, la pusieron en los porches para que todos pudiéramos ver un partido de fútbol de la selección española. Fue un gran acontecimiento. Luego, poco a poco, las casas fueron comprando televisores.

¿Qué destacaría de la vida pasada en Chía?

Recuerdo con agrado las lifaras y los bailes en casa Santamaría. Hacíamos venir a Escané, un acordeonista. Cobraba cuatro duros si le dábamos de dormir y comer. Els dimenches veniba ta Chía y febam ball a qué Santamaría. También eran especiales las comidas en casa Matías, la madre de Conchita cocinaba muy bien los conejos y las liebres. Era muy buena mujer.

 

 

¿Qué deben conservar las nuevas generaciones?

Mi ilusión es que se conserve el pueblo, que siga adelante, y que no se olviden las tradiciones. Me produce mucha tristeza ver que se cierran las casas para siempre. Cada vez que me voy de Chía y cierro la puerta, me entra una pena enorme.

 

 

 

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como alguien humilde, trabajador y dispuesto a ayudar en lo que hiciera falta.

¿Un deseo?

Que pase esta pesadilla del COVID, me dio mucha pena que no hubiera fiestas y no poder ir en romería a La Encontrada. Será difícil que todo vuelva a ser como antes.

 

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FLORENCIO ARTIGA CARRERA, de casa Riu

Un 22 de septiembre de 1931 nacía Florencio Artiga Carrera en casa Riu de Chía. Hijo de Joaquina Carrera Castán, de casa Choldián, y de Antonio Artiga Carrera, de casa Riu. Hace hoy 89 años.

¿Cuántos hermanos fueron?

Tres chicos y una chica: Avelino, Agustín, yo y Anita.

¿Qué recuerdos tiene de sus padres?

Trabajaron duro toda la vida para sacarnos adelante.

¿Cómo pasó la guerra?

Tenía 5 años cuando empezó y 8 cuando terminó. Nos fuimos toda la familia a Francia en 1937 y volvimos a Chía en 1939. Estuvimos en Montauban. Allí estaban las madres con sus hijos, padres ninguno. Estaríamos lo menos 30 familias en una nave grande. Una parte estaba destinada a comedor, donde nos servían las comidas. El resto de la nave era para los camastros.

¿Qué recuerda del colegio?

Empecé a ir a la escuela de la plaza en 1939. El maestro era Vicente Bitrián Beltrán. Era muy bueno. Volvió a Chía después de la guerra. Éramos más de 30 chicos… entonces las familias tenían 5, 6, 8 hijos. Las chicas aún eran más, pero ellas estaban con una maestra. Me gustaba mucho ir al colegio, pero en aquellos años perdíamos muchos días de escuela porque había que ayudar en casa a atender el ganado y los trabajos del campo.

¿A qué jugaban?

A saltar y correr por el pueblo. Nos gustaba mucho jugar a las canicas en la plaza, con boletas de caixigo. No pasaban coches, apenas alguna caballería.

¿Cómo se pasaban las noches de invierno?

Junto al fuego, al calor de la lumbre. Las mujeres tejían calcetines y jerseys. Los hombres hablaban.

Joaquina, madre de Florencio, con su nieta Ana

¿Me contaría qué le pasó a su hermano Agustín?

Fue poco después de la guerra. El abuelo de Choldián, el padre de mi madre, tenía muchas ovejas. Ellos se quedaron en Chía durante la guerra. Tenía que llevarlas a pasar el invierno a San Juan de Plan. Agustín tenía diez u once años y el abuelo se lo llevó para que le ayudara, por si alguna oveja se escapaba y así poder correr a buscarla. Durmieron en San Juan y volvieron al día siguiente. Al subir hacia el puerto, se puso a hacer muy mal tiempo, con frío, niebla, nieve y ventisca. Se perdieron y pasaron toda la noche en medio de la tormenta. Agustín murió de hipotermia encima de la caballería. Fue un golpe muy duro para mis padres, para todos.

¿Ha trabajado fuera de Chía?

Siempre he trabajado en casa. Un verano estuve en la montaña, de pastor de las ovejas. Los que más ovejas tenían eran casa Vidal y casa Bringué; eran los únicos que luego en invierno las llevaban a la zona de Monzón. Las demás casas, tenían entre 20 y 60, pasaban el invierno en Chía.

¿Hizo la mili?

En Sabiñánigo, 17 meses. Pasabas de todo… mal más que bien. Un día el teniente preguntó quién conocía el alfabeto Morse. El único que dijo conocerlo fui yo… y bien caro que lo pagué. Era el único que estaba para transmisiones y cuando tocaba salir de marcha o maniobras, tenía que cargar a la espalda los 32 kilos que pesaba la batería de la radio.

¿Qué hacía de joven cuando terminaban la faena del día?

Jugábamos a cartas en casa Matías. Para disfrutar sólo estaban las fiestas, venía mucha gente.

Avelino tocando el acordeón en las fiestas a mediados de los años 50.

¿Cómo terminó siendo el heredero de Riu?

Mi hermano Avelino, el mayor, se fue a trabajar a Pont de Suert en 1954. De allí se fue a Barcelona y a Tarragona. Murió en Barcelona de una descarga de alta tensión en 1957. Tenía 30 años. Cuando recibimos el telegrama de que había ocurrido un accidente, Julio de Presín me bajó con su coche a Castilló que había un teléfono (sólo una centralita, no había ni números particulares) para que pudiera hablar con la empresa y confirmar la noticia de su muerte.

Fina y Florencio con su hija ana el día de su boda

¿Cuándo se casó?

Fina y yo nos hicimos novios con más de 30 años. Nos casamos en 1969 con 36 años ella y 38 yo. Mi madre se puso muy contenta de tener por fin una chove en casa. Mi padre había muerto unos años antes. Tuvimos una hija, Ana.

¿Cuál ha sido el viaje más largo que ha hecho?

Una hermana de mi madre se casó con un catalán y se fueron a vivir a Francia. Mi madre era la madrina de uno de los hijos que tuvieron, Juan Bacallá, que vivían al norte de Francia. Cada 3-5 años venía por Chía con su familia. Un año fuimos nosotros (Ana, Jesús, Fina y yo) a visitarlos y pasamos a Luxemburgo.

Nerea y su abuelo, en 2015

¿Cuántos nietos tiene?

Dos. Asier, de 16 años, y Nerea, de 9.

¿Cuál es su comida preferida?

La paella. Cuando vamos a Chía paramos a comer en Puente de la Reina y siempre pido paella.

¿Es laminero?

De dulce nada, soy diabético. No pruebo el azúcar hace años. Eso sí, la fruta me encanta… menos las ciruelas.

 

Florencio con su nieto Asier en 2005

¿Qué invento del siglo XX considera más útil?

Ha habido un avance extraordinario en los últimos 100 años, ha cambiado todo mucho… Me quedo con la mecanización del campo, fue un gran cambio pasar de trabajar con caballerías a trabajar con maquinaria. Julio de Presín compró el primer tractor a finales de los años 50, un Ebro.

Hace unos años me dijo uno de los ganaderos que quedan en Chía: “Más trabajo yo en un día que tú en 3 meses” Yo le contesté: “Claro, yo estoy jubilado; pero dime, ¿cuántas horcas tienes para mover estiércol?” Y me dijo: “Ninguna, no tengo vacas en el corral”. Y seguí preguntando: “¿Y azadones para picar?” Me contestó: “Ninguno. Ni quiero”. Y ya no abrió más la boca… ¡En tractor, cualquiera trabaja! Lo de ahora será más o menos duro, pero no tiene nada que ver con lo que se trabajaba antes de los años 60.

Antonio Carrera (Galino), Florencio Artiga (Riu), Federico Mur (Sansa) y Jesús Pallaruelo (Gregoria), en la plaza de Chía en 2010. FOTO: Os Zerrigüeltaires

¿Qué destacaría de la vida pasada en Chía?

Todos nos ayudábamos. Nos necesitábamos unos a otros. Ahora todos tienen de todo y cada uno va a la suya porque nadie necesita a nadie.

¿Cuál es el secreto para llegar a los 89 años?

[Se ríe]. Ninguno. Escucho al médico y cumplo lo mejor que puedo lo que me aconseja. Un médico invierte mucho tiempo, esfuerzo y dinero en estudiar; por poco que sepa, siempre será mucho más de lo que sabe cualquiera que no sea médico.

 

Florencio con su hija Ana y una prima de Francia.

 

¿Qué deben conservar las nuevas generaciones?

Vuelvo siempre desilusionado. Se va a perder todo, no hay gente joven para seguir. Cada vez hay más caminos perdidos, barreras caídas, la vegetación lo invade todo. Cuando se jubilen los cinco ganaderos que quedan, se perderán los pocos campos y caminos que están despejados. Los vecinales son fundamentales para que se conserve el paisaje: la montaña, los caminos, las fuentes, los abrevaderos…

Fina y Florencio en 2011

 

¿Algún consejo para los de Chía?

Dos no discuten si uno no quiere. Y aprender a no opinar de lo que no se sabe… Julio se puso bueno de escuchar tonterías.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Jajaja… No he sido ni inventor ni científico… He procurado siempre estar a bien con todos y no discutir. No he protestado cuando ha tocado trabajar y me he adaptado a las circunstancias de cada momento.

 

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