ANTONIO CARRERA GARUZ, de casa Galino

Un 30 de diciembre de 1938 nacía Antonio Carrera Garuz, en casa Galino de Chía. Hijo de Antonio Carrera Mallo, de casa Galino, y de Maria Garuz Gairín, de casa Sansot. Hace hoy 82 años.

¿Qué recuerdos tiene de sus padres?

Cuando yo nací eran ya mayores, me llevaba 18 años con mi hermana Mercedes (hija del primer matrimonio de mi padre) y nueve años con mi hermana Teresa.

Mi padre de joven había trabajado en Francia (guardo su pasaporte) y en casa teníamos animales.

Mis padres murieron los dos en 1967, mi padre en enero y mi madre en diciembre. Ya no vivían cuando me casé.

Teresa y Mercedes, de Galino

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuántos hermanos fueron?

Mercedes, Teresa y yo

Antonio con 11 años

¿Qué recuerda del colegio?

Íbamos un día y pasaban días hasta que volvíamos, fui poco tiempo.

¿A qué jugaban de niños?

Jugábamos con un balón lleno de rebasto, a las bolicas o pitos y también con una rueda, que hacíamos nosotros mismos con el aro de un tonel, guiada por un hierro.

¿Qué se hacía en el tiempo libre en los años 40 y 50?

Con 11 o 12 años ya iba a la montaña de repatán a guardar las vacas, empezábamos a trabajar de pequeños.

Años 60 en La Encontrada

¿Hizo la mili?

No, por padres mayores.

¿Le gustaba ir de fiesta?

Sí, íbamos a las fiestas de todos los pueblos andando, con zapatos y corbata.

 ¿Cómo recuerda las fiestas de Chía?

Fui mayordomo en dos ocasiones.

 

 

 

Trabajando en la línea de Telefónica de Sort a Andorra

¿Ha trabajado fuera de Chía?

Con 15 años entré a trabajar en la serrería de El Run; ahí empecé a cotizar en la seguridad social, acarreábamos tablones de abeto de 7 metros y los llevábamos a secar. El trabajo en la serrería me permitía continuar haciendo las tareas de casa durante el verano, segar, hacer hierba…

Después trabajé en la construcción del pantano de Mediano y de allí marché a Barcelona, donde ya estaban mis hermanas.

 

Allí empecé trabajando un año en Telefónica, colocando postes en la ruta de Sort a Andorra; después entré a trabajar en FCC llevando máquinas.

Fui taxista en Barcelona más de diez años y, finalmente, entré a trabajar como ordenanza en una fábrica de vidrio.

 

 

 

 

¿Cuándo se casó?

Me casé el 21 de diciembre del 1969 con Mari Carmen, que es gallega. El año pasado celebramos las bodas de oro.

¿Cómo se conocieron?

Nos conocimos en Barcelona a través de mi sobrina.

¿Alguna afición?

De más joven me gustaba mucho salir a coger caracoles. Ahora me distraigo viendo la tele.

Celebrando las bodas de oro (21-12-2019). Delante, Montse. Segunda fila: Mari Carmen y Antonio. Tercera fila: Montse, Antonio, Carlos, Eloi, Mari y Carla.

¿Cuál es su comida preferida?

El jamón serrano.

 ¿Y algo que no le gusta nada?

Como de todo, aunque el pescado es lo que menos me gusta.

¿Cuántos hijos y nietos tiene?

2 hijos, Mari y Antonio, y 3 nietos, Carla, Eloi y Montse.

¿Qué destacaría de la vida pasada en Chía?

Muchas estrecheces en la posguerra… no pasábamos hambre; pero tampoco sobraba comida.

Antonio y Mari Carmen con sus nietos en La Encontrada

 

¿Qué le hizo volver a Chía?

Me fui de Chía buscando un futuro mejor en la ciudad; allí me casé, nacieron mis hijos y pasé 30 años de mi vida. Pero ahora valoramos las cosas de otra manera y buscamos de nuevo la tranquilidad de vivir en un pueblo. Yo tuve la suerte de poder regresar a mis raíces.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como una buena persona

 

¿Un deseo?

Ver crecer a mis nietos

¿Qué aconsejaría a las nuevas generaciones?

Que disfruten del trabajo y que lo hagan bien. Y que se lleven bien entre ellos.

 

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JACQUELINE CARRERA GARANTO, de casa Bringuerón

Jacqueline nació en el Château de Lavergne (Francia) un 8 de diciembre de 1935, hoy hace 85 años. Hija de José Carrera Brunet, de casa Ramondarcas de Chía, y de Matilde Garanto Ballarín, de casa El Sordo de Liri. Fue la mayor de dos hermanas, ella y Toñita de Choldián.

En 1933 sus padres habían emigrado a Francia para trabajar y las dos nacieron en el Château donde Matilde y José estaban de medieros. Su padre cuidaba los caballos y su madre ayudaba en las tareas de la casa. Las hijas del Château de Lavergne esperaban con ilusión que naciera el bebé y querían que le pusieran el nombre de Jacqueline. Sus padres estuvieron trabajando allí ocho años, pero Matilde prefería Chía. Así que volvieron a España y José Carrera compró casa Bringuerón a Evaristo, que era pariente de los de Gregoria.

Château de Lavergne (Burdeos-Montussan)
Matilde Garanto Ballarín, de casa El Sordo de Liri.
José Carrera Brunet con su hermano Juan. Primera mitad de los años 90.

¿Cómo recuerda a sus padres?

Eran muy trabajadores y buenas personas.

 

¿Cómo fueron los primeros años en Chía?

Chugaban als pitos, al aeroplano y al marro. Los primeros años se me reían todas porque sólo sabía francés; Virginia y Emilia de casa Mora se reían a carcajadas cuando hablaba, porque ellas me preguntaban cosas y yo contestaba en francés. Se me fue olvidando, pero el siñó Juan de Navarro sempre me bá ragoná en fransés, hasta els 15 ans. Luego ya me fui a servir y pronto se me olvidó.

 

 

 

 

 

 

 

En el libro de la Junta de Primera Enseñanza está recogido que sacó las mejores notas del segundo grupo de alumnos, en el curso escolar 1948-49, y recibió un premio. ¿Le gustaba estudiar?

Jajaja… gané un parchís. Mis hijos no lo sabían, no les había dicho nunca nada. Daban un premio al que sacaba mejores notas de cada grupo.

Me gustaba mucho ir al colegio. Cuando empecé con seis años estaba de maestra Doña María Salas, que vivía en casa Sansa; aún estaban en el colegio Feli, Luisa y Carmina. Ese año empezaba yo y terminaban ellas. Cuan bé acabá la escuela, mamá encara me feba aná a repaso en verano a Castilló, y bé aná dos u tres veranos, dan Pilar de Casabón y Amelia de Siresa, a casa de Don Joaquín de Caseta.

¿Qué hacía de jovencita?

Cuan teniba vacasiones, anaba a guardá els cordés. Estabam a qué Presín. Me diba el siñó Ramón de Presín cuan estaba pel Turmogros, “ixe cordero tan dolén ya será vuestro”… jajaja. Después bé aná a lligá [atar las gavillas] tot un verano, lligabam en Viriginia de qué Mora. Joaquín de Presín, que beniba a dallá al Turmogros, me feba fé el rolde [círculo] ixe que se posaban 31 garba: ta fé la feixína [montón cónico de gavillas, con las espigas en alto, para conservar la mies en el campo después de segada], lligabam las garbas [gavilla formada por tres manojos de mies con las espigas en la misma dirección].

Con 14 años, pasé el verano en casa del veterinario en Castejón, su mujer era maestra. Mamá tenía la ilusión de que sirviera y aprendiera a coser, pero que siguiera estudiando. En la feria de Benasque unos de Espés que eran familia de Barrabés, buscaban una moseta. Mamá me bá acompañá a Barbastro y s’en bá torná. Ixe home bá comprá un macho a Barbastro y els dos bem marchá tres horas a peu, a Monesma de San Juan [a 16 km de Barbastro]. Tota la nit bé pllorá… bé pensá: “mai més tornaré ta Chía, yo”. No había cumplido aún los 15 años. No bé puyá més hasta la fiesta de Chía… casi un año… no había teléfono y no recuerdo que escribiera cartas. A la vegada, te tenibas que está hasta Todos Santos y la dueña bá dí: “si t’en bas ta la fiesta, ya no vale la pena que tornes a baixá.” Luego trabajé en casa Minchot a Grist y en casa Castell, a Castilló, que también estaban Juan de Sauret y después Luis de Siresa. L’abuela, Joaquina, me queriba molto. M’en ocupaba yo de lavala y vestila, después de fé las camas y llimpiá. En casa Minchot la dueña y la cuñada no se llevaban bien… allí tuve que trabajar mucho. Por las noches, después de haber recogido todo, me pelaba una arroba [12 kilos] de patatas para el día siguiente. Me acostaba a la una o las dos, y a las cinco ya me llamaba el amo para empezar a trabajar: “ya se fá de día, ¡arriba!” me diba… A Grist bé pillá l’erisipela a ista pierna… yé bien mala: “pela u mata” disen. Si te posabas mala, ya no te queriban per treballá. Y mamá fue a buscarme a Eriste; volvimos andando porque perdimos el coche de línea a Castilló.

 

¿Qué era “darse un capricho” en los años 50?

Mai me bé comprá nada… Mamá me feba els vestiús. Cuan anaba a Castilló dan la Tere de Santamaría dibam alguna vegada: “anem a comprá caramelos a qué Mancurro” y los minchaban puyán ta Chía.

 

José Escalona (Pepe de Bringuerón).
Jacqueline, Pepe y Toñita. 1962.

¿Cuándo empezó el noviazgo con Pepe?

Molt pronto, pero mos bedeban de Pascua a San Juan. Cuan bé puyá de Monesma, aquella fiesta de Chía me bá fé ballá. Después bé aná a serví a Castilló y ell treballaba a qué Presín (vivía en Pautorrén).

 

 

 

 

 

 

¿Cómo eran las fiestas en Chía?

A la vegada eran divertidas.

Ta San Antón, cuan yera chicota, se ballaba a qué Santamaría, después ballaban al garaje de Chemecás, había més puesto.

 

¿Cuándo se casaron?

El 24 de febrero de 1962. Yo tenía 26 años y Pepe 33, la edad de Cristo. Bem fé la comida a casa Morancho. De viaje de novios fuimos una semana a Burdeos, a casa del tío Pierró.

 

José Ramón Escalona Carrera en 1964.
Mari Carmen Escalona Carrera en 1966.
Jesús Escalona Carrera en 1966.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo era “dar a luz” en casa?

Pues muy bien, estaba la abuela de Oros de comadrona. José Ramón ba néixe de maitino, a las dos o las tres del uno de enero de 1963; Maria de qué Oros bá posá el 31 perque diba “aixinas José Manuel [de Choldián] y José Ramón anirán chuntos a la mili”. Yo no n’estaba brenca de mala ixa nit y estaba sopán, pero Pepe bá aná a qué d’Oros, ta que puyase la siñá María a miráme. Sólo bai fé que chetáme, y posáme mala. Yeba nebau ixa nit. Pepe bá caire cuan anaba a qué Bringué al teléfono y llargo pllano marchó t’abaixo. Entretanto, José Ramón ba salre. Ta sacáme la plasenta la siñá María me bá fé bufá una botella. [Maniobra de Valsalva que aumenta la presión intrabdominal]. Ta marzo me bé quedá embarazada de Mari Carmen. A la vegada, no feba guaire llet y José Ramón no ganaba coma José Manuel. El caso que, un día, bá puyá Don José y bá dí que caleba donale SAM, también le dimos a Mari Carmen. Yo diba: “¿Ta que le quero mostrá la popa a la moseta si no m’en salle?”.  A Jesús le dimos PELARGÓN. A los tres meses, tots preneban llet de qué Presín rebajada con agua. Pepe puyaba una lechera de la saguera vaca qu’eba pariu, que la llet no yera tan forta.

1972. Primera Comunión de José Ramón y Mari Carmen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Tiene usted mucho “carácter”?

Julio de Presín le diba al tío Juan [de Treseta]: “A Jacqueline li costa, pero el día que s’enrabia t’en pués aná”.

 

¿Qué invento le parece más útil?

El primero de todos, la cocinilla. ¡Lo que sufrieron las mujeres de antes dan ixes focs baixos!. Yo veía a mi madre, cuando venían de segar, que lo primero era posar el foc en cuatre buixos o ramas ta fé el minchá, y torná a marchá. La cocinilla de leña puede dejarse puesta todo el día y es más cómoda para cocinar.

Jesús, José Ramón y Mari Carmen con su padre.
Los nietos: Rubén, Oscar, Iván
José Ramón, Jesús y Mari Carmen con Pepe y Jacqueline.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Consejos para la juventud?

Que vigilen lo que hacen, y ahora con la pandemia, más. Me dan mucho miedo las drogas, ya me daban miedo cuando mis hijos crecían; echan a perder a cualquiera. Por suerte, se han casado los tres con muy buenas personas, mis nueras y yerno son como hijos para mi.

Estoy preocupada, ¿qué les espera a los jóvenes con esta pandemia? ¡Si tenen que treballá coma yo, no u farán! 

 

Jacqueline, Curz (su prima) y Toñita en 1962.
Jacqueline, Toñita y Cruz en 2018.

¿El secreto para llegar a los 85 años?

A mi no m’u parese que tienga 85, me veigo chove… Corto leña, pico el huerto, cojo patatas, aturo las vacas, marcho a caminá tots els días¡encá no sigo vieja!  

 

 

¿Qué le gustaría que conservaran sus hijos y nietos?

Que sigan tratándose y reuniéndose, en verano, en las fiestas, que busquen ocasiones. Tengo tres nietos: Oscar, Iván y Rubén; me gustaría que cuando sean mayores sigan juntándose con sus familias y que se quieran. Conservar el cariño es muy importante.

 

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SOLEDAD VILLEGA BRUNET, de casa Toña

Hija de Margarita Brunet, de Toña, y de Ramón Villega Gabás, de Mercader de Gistaín, nació un 27 de octubre de 1928 en casa Toña de Chía, hoy hace 92 años.

¿Cómo es que casa Toña ha pasado a las mujeres en las últimas tres generaciones?

Cosa rara, no sé porqué dieron la casa a mi abuela y no al chico, que marchó ta Gistaín, ta casa Mercader. El hermano de mi abuela que marchó a Gistaín, tuvo ocho o nueve hijos, casi todos se fueron a Francia. Mi abuelo se llamaba Julián y mi abuela, Tomasa. Mis abuelos tuvieron nueve hijos: mi madre, que heredó la casa, dos chicas que estaban de monjas en Barcelona y las mandaron a Argentina, otras dos hijas que se fueron a Francia, una a Barcelona, y luego tres chicos.

 

¿Cómo eran sus padres?

Mi padre vino también de casa Mercader de Gistaín; él y mamá, primos hermanos. Ella era demasiado trabajadora. Mi padre murió pronto. Nos quedamos solos, las hermanas nos fuimos a servir y mi hermano a trabajar en el molino de El Run. La gente nos ayudaba. Ella murió con 86 años y mi padre con 60.

La madre de Soledad
Margarita y Ramón
El suegro de Soledad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué recuerda de la guerra?

Casi nada. Cuando hice la primera comunión, a los 8 o 9 años, había militares en casa. Se hacían ellos la comida en la era de casa Ramonot. Mi madre no se quiso marchar de casa durante la guerra. Aquí en casa tenían horno y amasaban pan; mi madre dijo que no dejaba aquí el pan a medio hacer sólo porque llegaran soldados, fueran los que fueran. Muchos de Chía se fueron por Pinedo, que fue justo por donde vinieron los soldados.

 

¿Y del colegio?

Me acuerdo de María de Sinet, que nos daba clase en la cocina de su casa.

Siempre que estuvo María Salas, una maestra de Ayerbe, Luisa (de Barbero) y yo estábamos juntas en la mesa de la primera fila. María Salas vivía en casa Sansa. Fuí siempre al colegio, me gustaba mucho y aprendía con facilidad, pero también íbamos a servir a las casas para ganar algo de dinero.

 

 

¿Qué nos cuenta de sus hermanos?

Éramos tres hermanas y un hermano.

Mi hermana Margarita la mayor se fue a Francia, a Toulouse, a los 14 años. Fue antes de la guerra, entonces se iba andando por el puerto.

Mi hermano Ramón aprendió a ser carpintero en el molino de El Run. Allí se ba fé mal, no lo tenían asegurado. Hacía juguetes de madera, forcas y rastrillos para los niños. Iba con muletas y una pierna que le hicieron en el Clínico de Barcelona donde estuvo ingresado, le operaron de la columna. Estuvo en casa hasta los 60 años.

Estuve en Barcelona sirviendo antes de casarme, en la calle Mallorca entre Aribau y Muntaner. Mi hermana Natividad, que también estaba sirviendo, se puso enferma en Barcelona y estuvo ingresada. Fui a los 18 años para cuidarla. La miseria que ganaba sirviendo me lo gastaba para darle de comer, porque estaba delgada como un palo y era por la tiroides. Ella se casó con un peón caminero de Lagüarre y se quedaron a vivir en Graus.

 

¿Qué buenos recuerdos tiene de Chía?

Antes se ayudaban todos, sin afán del jornal… Bajaba el de Peri de las Cuastas y se paraba en las Espllanasa achudá a segá… Ahora va cada cual a lo suyo. Y con la tele peor, todo el mundo se queda en casa; antes anabas a billá a las casas.

 

 

 

 

 

 

 

¿Cuándo se casó?

Antonio, mi marido, vino también de Gistaín. Me casé en el 59, en la parroquia de San Vicente, en Chía. Nació José Antonio en el 61, por eso m’en acordo. Y Paquito seis años después.

 

 

 

 

 

 

 

¿Ha viajado fuera de España?

He estado dos veces en Toulouse, una de visita a casa de mi hermana y otra al funeral de mi cuñado, pero no pude ir cuando se murió mi hermana porque a mi hermano le habían apretado mucho el vendaje de la pierna en Huesca y lo llevaban a Zaragoza.

¿Cómo ha sido la vida en el campo?

Teníamos ovejas y había que ir dándoles vuelta por todo para que comieran. Era una esclavitud. Las mujeres hemos trabajado mucho, invierno y verano.

Había que ir al molino para tener la harina para el pan, al del Run, al de Sesué, pero se lo llevó el Ésera… hasta Gistaín hemos ido a moler el trigo. Yo he ido con el burro por la carretera, pasando por una acequia que bajaba el agua a Castejón, para ir a moler el grano a Sesué. He andado mucho en esta vida… Pasó una tormenta que mató muchas vacas en la montaña, algunas de casa Ramonot. El hijo de Ramonot, Ricardo -que se casó con Asunción de Vidal-, se había ido a trabajar de peón a Ramastué. Y fui a buscarlo a pie para que viniera a Chía, porque entonces no había teléfono ni nada. Bajé por Villanova, subí por la presa, luego a Sos y después hasta Ramastué. Volvimos andando a Chía y Ricardo se fue a la montaña a ver qué había pasado.

Soledad con su hermana Margarita (y su marido)

Como a mi marido le amputaron un pie, iba yo a llevar las vacas a la montaña, porque mis hijos estaban estudiando o trabajando.

Mi madre era muy limpia, muy trabajadora, pero tremenda en su genio; había que obedecer porque no se dejaba nada sin hacer. Ahora sí que no hago nada, pero he trabajado y caminado mucho. No he tenido quién me sirviera o quién me ayudara. Ha sido una vida dura y difícil.

¿Qué recuerda de la matanza?

Se vivía como una fiesta, pero la matanza para las mujeres era el peor día del año. Demasiada faena. Se perdió porque nadie quería matar a los cerdos. Se hacía después de Navidad, en enero. Los últimos años que matamos en casa Toña, ya no vivía mi madre. Venía Ramón de Matías, los de casa Andrés que ya estaban en casa Matías, los de Siresa… fíjate, ¡hacer comida para tantos!. Se pasaban dos días, por lo menos. Hacer las longanizas, salar, el mondongo… se hacía todo en casa. Los hombres mataban el cerdo y subían las piezas, después las mujeres hacían todo lo demás… unas calderas de pastura… ¡eso era trabajar! Mucha faena para que luego siempre hicieras corto, porque no se iba a comprar como ahora… se comían sopas o recau, trunfas y una brinqueta (un trozo de longaniza, o de tocino, o de pulmón…).

 

¿Le ha gustado cocinar?

Cocinar no me gusta nada. He cocinado mucho, pero por obligación. Antes no lo teníamos tan cómodo, primero la chimenea y el caldero, luego vino la cocina económica, después la de butano -que mi madre no la quería poner- y ahora estas modernas… la comida no sabe igual.

[Soledad nos explicó en https://villadechia.es/conejo-farsiu/ cómo hace el conejo relleno].

 

¿Qué invento le parece que ha sido de más ayuda?

Mi madre no quiso nunca poner televisión. La lavadora ha quitado mucha faena, desde luego. Lavar la ropa en La Regalera, con el agua helada, no lo harían las mujeres de ahora. ¡Eso sí que era pesado!. Se ponía una sábana encima de la albarda del burro y se llevaba la ropa para lavarla en El Riu. Mi madre lavaba la ropa de casa Cornel, Adela de Navarro enseñó a mi madre a planchar las camisas. ¡Ah, y la fregona!, antes se fregaba de rodillas. Sirviendo en Barcelona tuve una infección en la rodilla de pasar tanto tiempo fregando suelos. Ahora, con la fregona, es otra cosa.

 

¿Qué le gustaría que se conservara en el pueblo?

A que Toña no quedará nadie. Antes había que “meterse” en una casa, en una buena mejor que una pobre. Sin embargo, ahora se casa una hija y no pienses que te ayudará, porque se van. Cambian la vida porque viven en otro sitio y ya nadie piensa en trabajar el campo. Antes no teníamos vacaciones, pero ahora no pueden faltar. Y encima meten a los abuelos en una residencia… también se los podrían llevar los hijos. Ahora han puesto la moda de trabajar las mujeres… pues peor, porque nunca un hombre sabrá de una casa como una mujer. Esto es lo que pienso.

 

 

 

 

 

 

 

¿Y el secreto para haber llegado a los 92 años?

No tengo secretos. Soy mayor y me duelen mucho las piernas, así que me estoy siempre en casa, no salgo.

 

¿Tiene algún consejo para la juventud?

¿Qué escuchan ninguno? Ahora lo tienen todo… pero no sé si lo pasarán mal después, cuando les falte.

Espero que les vaya bien, pero les tocará vivir de todo, bueno y malo, como a todos nos ha tocado.

 

Nota: todas las fotografías son de Casa TOÑA.

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