UNA GUERRA, DOS HERMANOS, DOS DESTINOS. 1ª Parte: La División Azul

José y Emilio Delmás eran de casa Andrés de Chía, dos de los siete hijos de José Delmás y Generosa Mora. Los dos se vieron envueltos en la Segunda Guerra Mundial por motivos y circunstancias diferentes. Ironías de la vida, mientras José luchaba en la Wehrmacht (nombre de las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi entre 1935 y 1945) en le frente ruso, ese mismo ejército alemán asesinaba a su hermano Emilio en un campo de concentración nazi en Austria.

Esta entrada va a ser excepcionalmente larga (tres veces la longitud habitual) porque el episodio histórico, la participación de un cardigaso y el sacrificio de miles de personas, así lo merecen.

José Delmás Mora en la mili
Acreditación de artillero en el cuartel de Paterna.

José cumplió los 18 años durante la Guerra Civil española, el 18 de julio de 1938. En esa fecha, Chía estaba ya en territorio nacional; así que fue llamado a prestar servicio militar en el bando nacional. Luchó en el frente de Teruel y Levante. Después, ya siendo cabo, lo destinaron al cuartel de Paterna (Valencia) para seguir con “la mili”. Era artificiero. Como les tocó adiestrar a los voluntarios que llegaban, decidió también presentarse; formó parte de los voluntarios de la División Azul, apenas cumplidos los 21 años, aún era menor de edad (la mayoría era entonces a los 23), por las buenas condiciones económicas y por ver mundo. Lo que le esperaba en Chía era mucho trabajo, poca comida y ningún dinero. Siendo voluntario, su familia recibiría dinero y él ganaría un buen sueldo. El 17 de julio de 1941 llegó a Hendaya.

 

Emilio luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil; cuando cayó Cataluña se exilió en Francia y durante la II Guerra Mundial se unió a la resistencia francesa. Fue apresado por los alemanes y deportado al campo de concentración de Mauthausen-Gusen. Murió el 26 de septiembre de 1941, en el castillo de Hartheim. Hablaremos de él en septiembre, en el 80 aniversario de su muerte. Esta es la primera parte de una guerra, dos destinos, dos hermanos.

Entre el 13 y el 19 de julio de 1941, hace hoy 80 años, pasaron en tren 19 expediciones de soldados de la División Azul por el puesto fronterizo de Irún-Hendaya, controlado por el ejército alemán, hacia el campamento de Grafenworh, en Baviera, camino del frente ruso.

La gran mayoría de los efectivos de la División Azul fueron voluntarios. Los motivos que les llevaron a presentarse eran básicamente económicos, aunque había otros:

  • El doble sueldo. Cuando en los pueblos un criado cobraba 2 pesetas al día, en la División Azul se cobraba un sueldo alemán (254 pesetas al mes los solteros y 381 ptas. los cabezas de familia), más el sueldo español, que era la paga de la legión, más gratificaciones de Alemania (la de Campaña y la del Frente), de unas 286 pesetas al mes en mano.
  • La familia cobraba un subsidio de 7,30 pesetas diarias y doble cartilla de racionamiento.
  • Se mantenían los derechos laborales para poder re-incorporarse a la vuelta.
  • Otros derechos laborales, como acceso preferente a puestos públicos (correos, peón caminero)
  • Y, en menor medida, la fuerza de los ideales, objetivos personales, conocer mundo, vengar a los muertos de la Guerra Civil
Pagas en la División Azul

Apunta José Luis Rodriguez1: “En la España de la posguerra representaba una oferta muy atractiva, dado el nivel de desempleo y el racionamiento de los productos de primera necesidad, y por la cuantía en sí, desglosada en el sueldo mensual, percibido por partida doble, española y alemana, la gratificación de campaña y el plus de estancia en zona de combate.” (p. 295)

La “aventura rusa” no hace referencia sólo a la División Azul, también incluye a los niños evacuados a la Unión Soviética, los jóvenes aviadores formados en Kirovabad o Jarkov, los exiliados vinculados al Partido Comunista y las guerrillas formadas por exiliados españoles en la URSS. Todo ello costó la vida a más de 5.000 españoles, unos 200 aragoneses. Fueron unos 1.600 aragoneses los que formaron parte de la División Azul, la Legión Azul y las Escuadrillas Azules.

Luis Antonio Palacio2 (pp.227-234) resume bien el contexto político y bélico que en 1940-41 dio lugar a la División Azul para frenar una posible invasión alemana de la península y “pagar” la deuda moral y económica que España tenía con Alemania e Italia (por su apoyo durante la Guerra Civil), sin comprometer la neutralidad de España en la II Guerra Mundial. José Luis Rodríguez1 da su versión de este contexto.

En cuanto al carácter “voluntario”, Rodriguez2 y Palacio1 tienen posturas enfrentadas y argumentos diferentes. En cualquier caso, la mayoría de los efectivos de las primeras unidades enviadas tuvieron carácter voluntario y, a medida que avanzaba la guerra en el frente ruso, se fue perdiendo proporción en la relación voluntarios/obligados, ya que se determinó un “cupo” por cuarteles. Otra cuestión son los criterios que los “voluntarios” barajaron para tomar la decisión de alistarse en la División Azul.

No fue sólo una iniciativa del gobierno español de 1941; hubo numerosas legiones de voluntarios en toda Europa que se formaron para luchar contra el comunismo ruso, de unos 8.000 hombres cada una. Ninguna tuvo el prestigio de la División Azul española que fue, además, la más numerosa, con cerca de 18.000 hombres.

José Delmás Mora con el uniforme de cabo de la Wehmarcht

Su nombre oficial era División Española de Voluntarios (DEV), conocida como División Azul por referencia al color de las camisas falangistas. Se integraría en las filas alemanas como Infanterie Division 250ª de la Wehmarcht o Blauen Divison. Se reservaron ¾ partes de las plazas para excombatientes en la Guerra civil y para los que habían sido prisioneros del bando republicano. Se buscaba que tuvieran buena presencia y que no estuvieran contra la dictadura, había que dar una imagen impecable de las aptitudes militares de nuestro país.

En la provincia de Huesca el periodo de reclutamiento estuvo abierto del 27 de junio al 2 de julio. La gran mayoría de los alistados en esta primera convocatoria lo fueron por iniciativa propia. Los motivos: económicos, laborales, ver mundo, luchar contra el comunismo, por ánimo de venganza contra “los rojos”, creer en el fascismo, curiosidad por el Tercer Reich, catolicismo militante (el Papa Pío XII animó a luchar contra “el comunismo ateo”), limpiar su expediente por haber combatido en el bando republicano, librarse de un larguísimo servicio militar de casi tres años, para demostrar ser dignos hijos de sus padres o hermanos excombatientes… Muy significativo es el testimonio de José Antonio Azcón de casa Suprián (p.275 del libro de Luis A. Palacio). El y su hermano Alfonso se alistaron en la División Azul.

Parece increíble que con todos los horrores que vivió en el frente ruso José Delmás, Chep como le llamaban en Chía, siendo prácticamente un crío, fuera luego un hombre tan risueño, amable, tranquilo, conciliador… muchos de nosotros no le oímos quejarse nunca.

 

Contaba que cuando llegaron a Irún-Hendaya, los alemanes les recibieron con banda de música, arroz con carne, queso, pan, galletas, café y tabaco; todos les abrazaban y se hacían fotos con ellos. Les hicieron ducharse, desinfectarse y pasar un control médico. Luego siguieron camino en tren hasta el campamento de Grafenwöhr. Allí había luz eléctrica, agua corriente y lavabos, cine y teatro; unas comodidades y distracciones que no había en Chía, pero tampoco en los acuartelamientos españoles. Allí hicieron la instrucción bajo los mandos alemanes (como usar las caretas anti-gas o cruzar ríos en lancha), les dieron uniforme alemán y les hicieron jurar lealtad a Hitler. Sobre el casco y la manga podían coser el escudo con la bandera española. Estuvieron en el campamento de Baviera hasta finales de agosto.

Plaza de una ciudad alemana. FOTO de José Delmás mientras estuvieron en el campamento de Grafenwöhr.

Desde el 17 de agosto de 1941 partieron hacia el frente ruso 66 trenes que, de forma escalonada, atravesaron Pomerania, Prusia, Lituania, Polonia y Bielorrusia. A finales de agosto estaban todos en territorio soviético. Pasaron de las comodidades, bondades y belleza de Baviera al horror de la destrucción que les rodeaba, el trato que los alemanes daban a los judíos, polacos y rusos, y a la miseria humana en la que vivían en los guetos. Los diferentes tamaños de vía no permitían el transporte en los trenes alemanes, así que los integrantes de la División Azul hicieron 900 km a pie con sus 30 kilos de equipo a cuestas. Se marcó un ritmo de 30 a 40 km diarios, en jorna­das de siete u ocho horas. Para los alemanes, el avance de los españoles era un completo caos: se relacionaban con las personas de las poblaciones por donde pasaban, les daban su comida, no conseguían que respetaran la uniformidad (llevaban las casacas sin abrochar), ni las normas, ni las prohibiciones (confraternizaban con las judías). Las quejas de los mandos alemanes fueron las responsables de que se desviara a la División Azul hacia Novgorod (Grupo Ejércitos Norte), en lugar de dirigirse a Moscú (Grupo Ejércitos Centro).

Prisioneros de guerra acondicionando una carretera para evitar el lodo de la primavera y el otoño. FOTO de José Delmás.

El 10 de octubre llegaban las primeras unidades de la División Azul, que cubrirían 60 km alrededor de Novgorod y la isla de Voljov. Este era un frente secundario, pero estratégico porque allí se interrumpían las comunicaciones por tren y carretera entre Moscú y Leningrado. El Regimiento de Artillería 250º apoyaba las posiciones de la División Azul al oeste del río Voljov. José recordaba que en noviembre ya nevaba, llovía de día de noche. Siempre dijo haber tenido “mucha suerte”, ni le hirieron ni estuvo enfermo. Recordaba a un teniente de Soria que le preguntaba de dónde era, porque no se acercaba al fuego; y cuando le dijo que él era del Valle de Benasque, el teniente le habló del Aneto y la Maladeta. Además de a los rusos y al frío, había que enfrentarse a la Rasputitsa o “lodo sin fin” que dificultaba muchísimo los desplazamientos. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Rasputitsa  Mientras había nieve, no se veía a los muertos, decía José; los veías cuando llegaba la primavera. Los españoles tenían sólo la manta y el capote que les habían dado con el uniforme alemán. Poca cosa para los inviernos de 50 bajo cero del frente ruso. Chep explicaba cómo se autolesionaban los que no soportaban las condiciones del frente, para ser evacuados a la retaguardia e, incluso, volver a casa; pero si eran descubiertos, los fusilaban. Y también, como eran incitados a desertar para pasarse a las líneas soviéticas, hasta por la Pasionaria que les decía: “¡Pasaros que aquí tendréis de todo…tendréis mujeres…!”. En la batalla de Novgorod, los rusos lograron romper el frente al norte y al sur frente a formaciones alemanas, pero la División no cedió ni un centímetro4.

Los españoles llamaron a la nieve y el frío rusos, el General Invierno. Foto de José Delmás.

La División Azul no tenía apoyo antiaéreo. Los aviones rusos que sobrevolaban las líneas españolas de forma aislada, que no se sabía de dónde venían, recibieron el nombre de La Parrala. Hacían referencia al pasodoble que se puso de moda en España en 1941, que decía que no se sabe si La Parrala era de Moguer o de La Palma, pero seguro que era onubense. El avión tampoco se sabía de dónde venía, pero se sabía que era ruso. http://memoriablau.es/viewtopic.php?f=10&t=953

Otras muchas canciones aliviaban las tensiones y ayudaban a pasar el tiempo; unas con su letra original y otras, adaptando la letra y conservando la música original. https://corosanfernando.com/musica-en-la-division-azul-i-parte/ Como la de “Si me quieres escribir”, entonada por las fuerzas republicanas españolas https://www.youtube.com/watch?v=HKDV8QVnotk :

 

 

Si me quieres escribir

ya sabes mi paradero

Rusia, División Azul,

Primera línea de fuego.

A principios de 1942, los esquiadores españoles de la División Azul atravesaron un lago helado a 52 grados bajo cero y sin casi provisiones, para socorrer a la 18ª División alemana. Veinte de los españoles sufrieron amputaciones de las piernas por congelaciones graves.

Pronto empezó la prensa alemana a elogiar a los españoles del frente ruso; pero también se acumulaban las bajas mortales (más de 200 aquellas primeras semanas), heridos y congelados. Los alemanes consideraban “indisciplinados” a los españoles, pero sabían resistir y, sobre todo, improvisar. Los españoles tuvieron que alargar de 60 a 110 km el frente a cubrir, extendiéndose hacia el este. Aquellos meses de octubre, noviembre y diciembre de 1941 fueron de sangre y fuego, en medio del hambre, el frío (fue el invierno más frío del siglo) y los piojos. La primera expedición de “licenciados” volvía el 25 de mayo de 1942; el final de los combates y la conquista del corredor del Voljov fue el 23 de junio de 1942. Aquella primavera-verano los cadáveres de españoles, alemanes y rusos que cubrían los bosques, páramos y marismas dibujaban un espectáculo dantesco que, con el olor a muerto, hacían que patrullar y limpiar la zona fuera un sufrimiento añadido a los meses de batalla, frío y carencias que se habían soportado.

El artificiero José Delmás a la derecha de la foto, sobre el obús.

Nuestro cardigaso, José Delmás, seguía en aquellas tierras hostiles. Ya tenía 22 años. En el frente de Voljov manejaba un obús del 22 con el turolense Gregorio Tena Edo. El verano de 1942 en el frente lo pasaron relativamente bien, cazando patos, pescando, bañándose en el río y jugando en los búnqueres al siete y medio, apostándose los rublos que ganaban como divisionarios, se reía cuando contaba que un día “los pelé a todos”.  En agosto de 1942 los trasladaron al frente de Leningrado. Como ya se preveía que los soldados españoles iban a pasar un segundo inverno en el invierno ruso, en octubre se empezaría la campaña para enviar un aguinaldo a cada integrante de la División Azul, un paquete de 10 kilos de ropa y comida por persona.

En la batalla de Krasny Bor tuvo lugar el día más trágico de la División Azul (10/2/1943). Perdieron la vida muchos jóvenes españoles; entre ellos, Alfonso Azcón, de Benasque, teniente provisional de infantería. Esta batalla fue uno de los grandes hitos de la División, a pesar de que la BBC inglesa la presentó como “la tumba de la División Azul”. La ofensiva soviética en este barrio de Leningrado (hoy San Petesburgo) el 10 de febrero de 1943 provocó 2.252 bajas (de ellas, 1.125 fueron muertos) entre los españoles, casi el 25% de las habidas en dos años. Unos 300 divisionarios fueron hechos prisioneros y destinados al gulag siberiano. Sólo unos pocos sobrevivieron al cautiverio y regresó en 1952. Unos 5.900 soldados españoles se enfrentaron a 38 batallones del ejército ruso que les bombardearon de forma intensa y continuada con decenas de miles de obuses, un disparo cada diez segundos. Los españoles se distribuyeron en forma de abanico y se protegieron con troncos, ramas y nieve. Cuando el enemigo estaba encima de ellos, los españoles montaron sus ametralladoras MG 34 y se atrincheraron en los cráteres que habían producido los obuses soviéticos3. La “Operación Estrella Polar” le costó a Stalin 9.000 hombres; esto no lo contó la BBC. Franco ordenó la retirada de la División Azul el 12 de octubre de 1943 y cambió la posición española frente a la II Guerra Mundial.

La División Azul dejó una profunda cicatriz en todos los que sobrevivieron, además de multitud de historias, anécdotas y pesadillas. Entre noviembre y diciembre de 1943 se llevó a cabo la repatriación de la mayoría de los divisionarios y se constituía la Legión Azul con poco más de 2.000 hombres que quedaron en el Frente Oriental. La “aventura rusa” de España terminó oficialmente con la retirada de esta Legión entre marzo y abril de 1944. Habían ido a combatir el comunismo, pero se encontraron con los crímenes de las fuerzas alemanas, las “leyendas negras” de la propaganda inglesa sobre la División Azul, les molestó que les hicieran volver a casa y el cambio de posición del gobierno español frente a los aliados.

El historiador Caballero Jurado4 desmonta muchos mitos sobre la División Azul en su libro, que se considera obra de referencia en este tema (y está disponible on-line): La División Azul fue un grano de arena en la montaña que era el frente ruso, con un enorme despliegue alemán. En ese sentido, la unidad española tuvo escasa incidencia, como cualquier otra división de infantería”.

Chep sirviendo copas en el bar de Casa MATÍAS, en Chía.
Conchita Martín y José Delmás con sus nietos.
Conchita y José, bailando en las fiestas de La Encontrada de 2001 en Chía.

 

 

 

 

 

 

 

 

Salvoconducto para circular por la zona fronteriza del Valle de Benasque, 16 de noviembre de 1944.

Los que volvieron, retomaron su vida donde la dejaron, como José Delmás que volvió a Chía a cuidar de sus padres y de su casa, renunciando a un puesto de Policía Armada junto a su compañero de obús; otros, ocuparían oficios públicos (maestros, secretarios, alguaciles, carteros, Guardia Civil, Policía). José había pasado dos años en la mili y tres años en la División Azul. Se casó en 1959 con Conchita y tuvo dos hijos, José y Lorenzo. https://villadechia.es/concepcion-martin-saura-de-casa-matias/ Se dedicó a la ganadería, la tienda, el bar y un poco de fonda. Murió el22 de agosto de 2011, con 91 años de edad.

Luis Antonio Palacio hace un extenso y detallado recorrido sobre los aragoneses que participaron en la División Azul en su libro TAL VEZ EL DÍA, con testimonios y entrevistas de los implicados.

La División Azul perdió unos 25.500 hombres en el Frente Oriental, el 56% de sus efectivos. De entre ellos, los muertos fueron algo más de cinco mil. Uno de cada dos divisionarios había pagado su participación, con la vida, la salud o la libertad. Este capítulo, triste y doloroso, conviene tenerlo presente para que no se repita. A su vuelta, los integrantes de la División Azul fueron “mal vistos” o “ignorados” por haber luchado al lado de Hitler. Muchos se olvidaron (y a día de hoy ni se sabe) que España no entró en la II Guerra Mundial gracias a la División Azul. En septiembre, publicaremos la historia de Emilio Delmás Mora, la segunda parte de esta larga entrada.

 

Desde Villa de Chía, sirvan estas líneas de homenaje a todos los ribagorzanos que lucharon, sufrieron o murieron en aquella guerra. Como dice Luis A. Palacio (p.14): “Un eslabón más en nuestro empeño colectivo por recuperar la historia de nuestro pueblo, por darla a conocer a las nuevas generaciones y porque perdure en el tiempo más allá de nuestro propio recuerdo”.

 

 

1Ni División Azul, ni División Española de Voluntarios: El personal forzado en el cuerpo expedicionario enviado por Franco a la URSS. José Luis RODRÍGUEZ JIMÉNEZ. Cuadernos de Historia Contemporánea 2009, vol. 31, 265-296.

2Tal vez el día. Luis Antonio Palacio Pilacés. Ed. Comuniter S.L. Zaragoza, 2013.

3La División Azul: Sangre española en Rusia. Xavier Moreno Juliá.

4La división azul, de 1941 a la actualidad. Carlos Caballero Jurado. La Esfera de los Libros. Unidad Editorial.

La División Azul. Varios autores. Cuadernos de Historia Contemporánea 2012, vol. 34.

La División Azul en 5 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=DOyneK2laHY

La hazaña de Krasny Bor: https://www.youtube.com/watch?v=vYRGs4I0awA

Muchas gracias a la familia Delmás Martín (casa MATÍAS) por la información y documentación facilitadas.

 

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LA CAMPANA DE LA ENCONTRADA

Al inicio de la guerra civil, la provincia de Huesca quedó dividida entre los dos bandos; los pueblos del valle de Benasque quedaron bajo el control del Frente Popular. La columna anarquista “Los Aguiluchos” que mandaba Hilario Salanova “El Negus” llegó al valle entre el 24 y 25 de julio de 1936, donde crearon el Comité Antifascista de Benasque (Comité de Investigación y Comité de Enlace). Este valle, eminentemente ganadero, contaba con dos sindicatos (UGT y CNT) creados para los obreros de la mina de pirita de Cerler. Los Aguiluchos, con el apoyo de los anarquistas del valle, durante varios meses realizaron detenciones de “enemigos de la república”, destruyeron iglesias, desmontaron las campanas para fundirlas, se apropiaron de propiedades privadas y bienes particulares, y asesinaron a los detenidos. El valle estuvo bajo control del bando republicano hasta principios de abril de 1938.

Espadaña de la ermita de La Encontrada de Chía. 2020.

La ermita de La Encontrada tiene una pequeña espadaña de un ojo que alberga una campana. Al principio de la guerra civil la campana fue puesta a buen recaudo en Ramastué por algún devoto vecino de Chía (que no hemos podido identificar), con el fin de preservarla del expolio y las iras de la guerra.  Si se hubiera hecho lo mismo con la imagen románica de la Virgen, hoy todavía presidiría el altar de la ermita. Aunque, claro está, una campana era más fácil de esconder y transportar en burro que la talla de la Virgen.   https://www.facebook.com/watch/?v=806686876952002

Pasada la guerra, Mosén Ramón Castel Sopena, natural de Espés Alto, fue designado párroco de Chía, entre otros pueblos de este valle, a los que dedicó su vida hasta que se jubiló. Varias generaciones han conocido sus sermones incisivos, su voz y talante que imponían, así como su particular ingenio.

 

Chía, años 60 del siglo XX. FOTO: Casa Matías.
Recordatorio de Casa Cubera, de Castejón de Sos

Contaba que se libró de que lo mataran al principio de la guerra, durante las incursiones de Los Aguiluchos porque se escondió dentro de una feixina (montón cónico de gavillas, con las espigas en lo alto, cubierto por una gavilla como caperuza, para conservar la mies en el campo después de segada) en uno de los campos de Espés. Los milicianos “pinchaban” todas las feixinas, pero tuvo la suerte de que en el proceso de búsqueda no llegaron a “pinchar” la feixina que le ocultaba. En 1983 celebraba los 50 años de sacerdote.

Finalizada la guerra, hace ya más de 80 años, un vecino de Ramastué le dijo a Mosén Ramón que tenían en el citado pueblo del solano una campana que ponía “La Encontrada” y que debía ser de Chía; aunque, como suele pasar, unos querían devolverla y otros no. Sansot y otro vecino de Chía acompañaron al párroco a buscar la campana y la trajeron hasta Chía con un burro, para volver a colocarla en la ermita.

 

Después de tantos años, parece que toca reparar el yugo de madera que sujeta la campana en la espadaña; cuando se descuelgue haremos una foto de la grabación que hay en el pie de la campana y la incluiremos en esta entrada.

Agradecemos la iniciativa (y acertada visión de los acontecimientos) que tuvo nuestro vecino cardigaso  para poner la campana a salvo.

 

 

 

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NUESTRA SEÑORA DE LA ENCONTRADA Y LA DESAMORTIZACIÓN

Agustín Garulo Mora era el cura parroquial de Chía a finales del siglo diecinueve, el que abordó la última reforma importante de la iglesia de San Vicente https://villadechia.es/a-vueltas-con-la-iglesia-de-san-vicente-martir-i/  y gestionó la venta de Casa l’Abat que, curiosamente, había quedado fuera de la desamortización. Por los documentos encontrados era con seguridad una persona preparada, que escribía bien, además de ser patente un especial interés en todo lo de Chía.

En 1894 envió una carta al Obispo de Barbastro en la que pedía autorización para poder pedir y recolectar por los pueblos para atender la Ermita de la Encontrada. Pero pedía también que se controlara (consta en un registro) todo lo entregado; ya que dice que es mucho y hasta el momento no hay control, sino es el testimonio del ermitaño. “Que siendo de importancia las limosnas que se hacen en el mismo Santuario, así en dinero como en especie , y no pueden constar(hasta ahora) sino por testimonio del ermitaño, sería muy conveniente, que al dar  la autorización pedida se advirtiese la necesidad de que se hiciese constar en un registro todas y cada una de las limosnas entregadas por los fieles..”

Una ermita con tantos siglos de historia no se comprende sin la aportación de importantes cantidades de dinero para su mantenimiento, que procedía principalmente de personas de Chía o de otros pueblos cercanos que aportaban diferentes cantidades creando censos, fundaciones y beneficios para su funcionamiento. Todas estas instituciones creadas en vida, o bien dejando en testamento fincas o dinero para su creación. La última que tenemos constancia es en 1962 “fundación de depósito para el culto de Nuestra Señora de la Encontrada Chía en 1962″. (Libro B-36 Legajo 802 Bis 124)

En documento de 1774 leemos  “en esta Iglesia( San Vicente) se halla una ermita de N.Sra. de la Encontrada en la que se puede celebrar el  sacrificio de la Misa y tiene los ornamentos y localías que siguen: un cáliz con patena y cucharilla, seis purificadores, tres tablas de corporales con una bolsa, cinco velos, diez tablas de manteles, cuatro frontales, dieciséis candeleros, un atril, un misal, un cuaderno de santos nuevo, tres amitos, tres albas, dos cíngulos, tres casillas, una de media tapicería de varios colores y otra de damasco blanco de seda y otra de lana blanca y colorada, un bonete, un roquete. Esta ermita tenía antiguamente algunas posesiones y censos que se agruparon al Beneficio magisterio de esta Villa, pero al presente sólo tiene un pedazo de prado a carta de gracia, cuyo producto anual dos libras y lo demás depende de la piedad y limosnas de los fieles. Se va de procesión a esta ermita todos los sábados de mayo, el día de San Pedro mártir, y el de la Natividad de nuestra Señora, y en los mismos se dice misa en ella, y algunos más días en el que el Beneficiario deba decirla, el Vicario de San Vicente es Prior de esta ermita…” Y en otro documento de 1791 leemos lo siguiente: “…La Virgen de la Encontrada tiene un pedacitro de prado y lo que se saca de arriendo se emplea en luz; vive en ella un ermitaño, es célibe y se mantiene dee las limosanas que le dan los caritativos en orden a la costumbre , frecuenta los sacramentos y cuida de la limpieza y aseo de la ermita…”

Es decir, que estamos ante una ermita importante, tanto por el mismo edificio, como por el contenido de objetos para su culto.

Los ingresos para su cuidado y mantenimiento, vienen recogidos por el ermitaño que se encuentra viviendo en la casa, que visita los pueblos de la zona para recoger limosnas para la ermita. Sin que nos podamos olvidar de las aportaciones que en general, todos las casas de Chía aportan en el momento del ofertorio de las misas que se celebran en la misma ermita, o bien en la caja permanente destinada al efecto y que aún se conserva en la actualidad.

Todo esto ha servido para que la ermita llegue hasta nuestros días y podamos disfrutar y mantener lo que muchos antepasados quisieron conservar y transmitir a futuras generaciones.

Un momento difícil, tuvo lugar en el siglo XIX, con lo que se ha llamado la desamortización, ya que sus bienes y propiedades son confiscadas por el Estado.

La desamortización en España supuso la apropiación por parte del Estado, por decisión unilateral suya, de bienes pertenecientes a otros y su posterior venta. En el caso de Chía tenemos la constancia de diversas actuaciones por parte del Estado en bienes pertenecientes al propio Ayuntamiento y otros pertenecientes al clero regular y secular. Pero no todas las propiedades tuvieron una transmisión a un tercero. Es el caso de las propiedades pertenecientes a Nuestra Señora de la Encontrada, donde tenemos la constancia documental de su inscripción, valoración y anuncio de transmisión, pero que la venta  no llegó a producirse.

En documento del 10 de marzo de 1842  se habla de una casa contigua a dicha ermita de la Encontrada, sita en término de la misma Villa, en la partida de la Virgen, la cual se compone de un piso en alto y varias cuadras, y se valora en la cantidad de 400 reales de vellón. Esta casa es la que está actualmente pegada a la ermita (la saleta) aunque la parte inferior queda oculta. En el lugar donde ahora se dejan los coches, había una cuadra/borda que fue objeto de una historia que contaremos otro día.

Se hizo una tasación de 400 reales de vellón1; la edificación estaba casi en ruinas. Esta finca  se pretende vender en subasta pero no hay constancia de transmisión a un tercero. Se desconoce el por qué. La razón podría estar en que la Iglesia tomó la decisión de excomulgar tanto a los expropiadores como a los compradores de las tierras, lo que hizo que muchos no se decidieran a comprar directamente las tierras y cuando lo hicieron se hizo a través de intermediarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1La peseta nació el 19 de octubre de 1868 como unidad monetaria por decreto del Gobierno Provisional, tras el derrocamiento de Isabel II. Denominaciones como real, maravedí, o escudo quedaron absorbidas por el término peseta, que ya era comúnmente utilizado en el período de Isabel II.

José Bonaparte, rey de España entre 1808 y 1813, mandó acuñar dos tipos diferentes de moneda, basados en el real:

  • El real español tradicional
  • El real de vellón (acuñado en aleación de cobre y plata)

La correspondencia entre uno y otro era: 2,5 reales de vellón = 1 real español tradicional. Isabel II no acuñó real español tradicional, acuñó sólo monedas con facial expresado en reales de vellón. Uno de estos reales de vellón equivalía a 25 céntimos de peseta; por ello, a la moneda de 50 céntimos se la conocía como “dos reales”. https://villadechia.es/category/organizacion-social-la-casa-y-la-comunidad/page/2/

 

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