DE GUERRA EN GUERRA

Haciendo un muy somero recorrido por la historia, hay constancia documental de vecinos de Chía (Gía) desde principios del siglo XI. Lo que nos lleva a pensar que su origen debe ser anterior al siglo X, ya que era una localidad de cierta importancia del Condado de Ribagorza y eso no se consigue en diez años. No tenemos constancia de la consagración de ninguna de las dos iglesias, lo que podría darnos una fecha no tanto de fundación del asentamiento humano, pero sí de su cristianización.

Por otro lado, tenemos varios crómlech o círculos de piedra pirenaicos en la sierra de Chía, de finales de la Edad de Bronce (del 1700 al 800 a.C., cuando llegan los fenicios a la península Ibérica); por lo que cabe pensar que aquellos pastores nómadas, cuando decidieron asentarse, escogieran esta terraza con vistas al valle para construir sus primeras viviendas, un territorio de buenas tierras de cultivo y pastos, protegido de los vientos y las crecidas del río Ésera. Las excavaciones que se están realizando en la Cueva dels Trocs (con restos humanos de hace 7.300 años), en Bisaurri, han proporcionado información sobre un enfrentamiento entre cazadores-recolectores locales y pastores neolíticos, o entre grupos agroganaderos rivales, en un período en el que se producía esta transición de nómadas a sedentarios que duró varios cientos de años (se apunta que fueron 3.000 años)1 y que debió dar lugar a no pocos enfrentamientos y disputas.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/02/07/els-trocs-huesca-matanza-nature-1357613.html

http://www.patrimonioculturaldearagon.es/plan-general-de-investigacion-de-patrimonio-cultural-arqueologia-cueva-dels-trocs-bisaurri-huesca

Casa Sansón de Chía

Volviendo al siglo XI, los súbditos del Condado de Ribagorza participaron en las batallas de la reconquista de los reyes cristianos contra el poder islámico durante la Edad Media. Entre los siglos XIII y XV la economía fue desarrollándose, basada en la producción agrícola y ganadera. Ya explicamos en la entrada sobre el Camino Real entre Zaragoza y Toulouse, que Chía era “parada y fonda” en esta ruta. El siglo XVI y primer tercio del XVII fueron de especial esplendor económico (probablemente por el comercio con Francia), viendo las fechas grabadas en los dinteles de algunas casas de Chía y del valle (“las obras se fan dan las sobras”) y de acuerdo con los impuestos que nos consta que pagaba Chía al Rey de Aragón, como ya comentaremos.

 

Guerra de Ribagorza: A finales del siglo XVI se produjeron enfrentamientos entre los partidarios del conde y los partidarios del Rey, lo que produjo no pocas y sangrientas luchas. Finalmente, los partidarios del conde de Ribagorza fueron derrotados y Fernando II de Ribagorza renunció al condado en favor de la corona en 1591.

En el siglo XVII se enfrentó Felipe IV con el rey de Francia. La guerra empezó en 1635; fue en 1638 cuando los valles de montaña del Pirineo se pusieron “en guardia” para frenar las invasiones francesas. Aragón puso dinero, hombres, carros y mulas para la guerra con Cataluña y Francia. Evidentemente, esta guerra complicó y endureció las condiciones de vida en estas montañas. Por un lado, por las incursiones de personas armadas, por otro, porque confiscaban grano y animales, por otro porque esta zona fronteriza era “cuartel” de las tropas (lo que suponía alojarlas en las casas, además de sembrar inseguridad); lo que se juntaba con las malas cosechas o el impago de tributos que se tenían que aplazar si no había dinero.2 Esta guerra termina con la Paz de los Pirineos en 1659.

La guerra de Sucesión por la corona de España es a principios del siglo XVIII, de 1701 a 1713. La mayor parte de la Corona de Aragón toma partido por el pretendiente austriaco de la casa de Habsburgo, el archiduque Carlos, pero fue Felipe V de Borbón el que ganó el trono de España.

 

En la guerra de independencia (1808-1814) las tropas francesas estuvieron presentes en Chía. En  La Gaceta del Gobierno de Mexico. Tomo IV. Núm 499. pp. 1313-1314 leemos el parte del mariscal de campo D. Francisco Espoz y Mina referente al 14 de mayo de 1813: “(…) y en la madrugada del 14 tomé el camino de Benasque por el puerto de Sahún. A poco rato supe que los franceses de la guarnición de Benasque , en número de 105, ocupaban los pueblos de Castejón y Chía , en los que como acostumbran exigían los granos que encontraban. Me dirigí después al de Chía, donde apresé a dos franceses que habían quedado encargados de la conducción de los granos (…)”

 

Durante las guerras carlistas (1833-1876) hubo también mucha presencia militar en el valle de Benasque y en Chía. Leemos en GACETA DE MADRID de 16 de noviembre de 1830:

Los revolucionarios que, en número de 400, como dije en oficio del 6, habían ocupado a Plan, S.Juan, Gistain, Sin, Senes y Serveto, pueblecitos inmediatos unos de otros en la cumbre del Pirineo, viendo que el coronel del 3º de línea D. Manuel Benedicto partía de Ainsa con 400 hombres y algunos carabineros para atacarlos , concibieron el desatinado intento de dirigirse a Benasque y sorprender aquel castillo. (…) Huyendo asimismo de tocar Campo, donde se encontraba el coronel D. Agustín Tena a la cabeza de los voluntarios Realistas de la brigada de Barbastro, se dirigieron por Chía, Castejón de Sos y los Paules a Villares, sin que ambos jefes con la respectiva tropa de su mando hayan dejado de perseguirlos, a pesar de su corto número y la fragosidad y aspereza de aquellas montañas. (…) Pretendieron obligar con la fuerza a los jóvenes de aquellos pequeños lugares a que los siguiesen, y no hubo uno que antepusiera el temor de las amenazas a la fidelidad. 

En 1836 el clérigo Mombiola y su facción carlista se enfrentaron en el pueblo de Chía con 60 soldados del castillo de Benasque.[El Español. Madrid, 10 de mayo de 1836]. Y en 1848 los carlistas hicieron prisioneros a un destacamento de carabineros que estaba en Chía.

Joaquín de Llúsia habla del “siñó Juan de casa Chongastán”, que estuvo en la guerra de independencia de Cuba (1895-1898): http://www.sipca.es/censo/1-IAL-HUE-004-095-034/La/guerra/de/Cuba.html&oral#.Xpi6NsgzbIU

Las guerras del norte de Africa entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX. No tenemos certeza alguna, pero bien pudiera haber participado algún hijo de Chía en estas guerras. http://rechirando.blogspot.com/2018/02/la-guerra-del-rif-y-un-soldado-de.html

Chía en la portada de LA GACETA DEL NORTE. Ver portada completa en https://www.alamyimages.fr/portada-del-periodico-la-gaceta-del-norte-editado-en-bilbao-16-de-abril-de-1938-con-informacion-de-los-diferentes-frentes-de-la-guerra-image211096291.html

En la primera mitad de la guerra civil, la parte oriental de Aragón quedó en territorio republicano. La portada de LA GACETA DEL NORTE del 16 de abril de 1938, hoy hace 82 años, nos recuerda que las tropas franquistas entraban en Chía el 14 de abril de 1938, era un Jueves Santo. Luisa Mur, de casa Barbero recuerda bien ese momento porque coincidió con su décimo cumpleaños. También cuentan historias de la guerra en primera persona todos los nacidos antes del año 30. Este episodio de la historia nacional, nos dará mucho que contar entre los testimonios personales, los restos que aún quedan en la Sierra de Chía (trincheras, cadáveres y proyectiles), así como su relación con la Bolsa de Bielsa.

Desarme de milicianos por los Gendarmes Franceses. International News Photos (13/04/1938) (Fotografía de la Fundación Hospital de Benasque)
Civiles y soldados republicanos, cruzando a Francia. International News Photos (15/04/1938) (Fotografía de la Fundación Hospital de Benasque)

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Segunda Guerra Mundial participaron hijos de Chía que habían emigrado a Francia. José Delmás, de casa Matías, formó parte de la División Azul (1941-1943), integrada por unos 45.000 soldados españoles (y algunos portugueses) y 146 mujeres de la Sección Femenina. Las zonas de operaciones fueron dos, el Frente de Novgorod (entre octubre 1941 y agosto 1942), y el Frente de Leningrado (entre agosto 1942  y octubre 1943).

Guerrilla antifranquista. El maquis consistió en movimientos anarquistas y guerrilleros de resistencia al franquismo; empezaron en la guerra civil española y terminaron en los años 50. Entre 1944 y 1947 tienen especial intensidad. Aunque no estuvieron mucho por aquí, sí que es cierto que Chía queda entre el puerto de Bielsa y el de Benasque por donde circulaban algunos de estos guerrilleros.

Iremos mostrando las referencias que hay sobre la presencia (o el paso) de estas contiendas en Chía que durante más de mil años estuvieron demasiado presentes en la historia de nuestros antepasados, condicionando la vida de prácticamente todas las generaciones. Lo cierto es que nos preguntamos cómo hemos llegado al siglo XXI después de tantos enfrentamientos y conflictos bélicos y, lo que es peor, cómo no hemos sido capaces de aprender a resolver las diferencias sin pegar tiros ni derramar sangre. Quizás por aquello que dice Yuval Noah Harari (autor de “Sapiens. De animales a dioses: una breve historia de la humanidad”) “Las fuerzas militares del mundo inician, financian y dirigen una gran parte de la investigación científica y del desarrollo tecnológico de la humanidad”.  Es decir, según Harari, la ciencia nunca avanza tanto como en tiempos de guerra.

 

1Mark Lipson et al (2017) ‘Parallel palaeogenomic transects reveal complex genetic history of early European farmers’. Nature doi: 10.1038/nature24476.

2Colas Latorre, Gregorio. Los valles pirenaicos aragoneses y su colaboración con la monarquía en la defensa de la frontera (1635-1643).

 

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog 

EL SIGNIFICADO DE CHÍA

La toponimia es, sin duda, un desafío intelectual. No consiste en buscar más o menos “similitudes” con alguna palabra que suene parecido, en hacer conjeturas peregrinas o en intentar “llevarse la pelota a casa”, como en más de una ocasión puede verse en publicaciones de autores catalanes1. A lo que hay que sumar lo que apuntaremos en repetidas ocasiones: hemos de leer con espíritu crítico y no dar por “verdad absoluta” todo lo que está escrito; primero, porque hay mucho hábito de copiar de una publicación a otra (el “corta y pega” que se dice ahora) sin contrastar la veracidad de la información que se copia y, segundo, porque la investigación y el conocimiento avanzan día a día, lo que conlleva adaptar lo que se da por verdad a los nuevos descubrimientos.

En el caso concreto de la toponimia, no sólo hay que conocer lenguas antiguas y las del entorno a estudio, es fundamental saber de las características físicas del territorio, su clima y medio natural, estructura económica, costumbres, dominar el dialecto local, analizar las interacciones de otras lenguas (vasco, gascón, ibérico, castellano y catalán para estudiar la toponimia de Ribagorza), ahondar en los aspectos históricos y los documentos que recogen los términos a estudio (cartularios o colecciones diplomáticas); así pues, no cualquiera puede adentrarse en este difícil campo de estudio. Y, lo que es más importante, no podemos creernos todo lo que puedan contarnos al respecto sin analizar los argumentos que apoyan una afirmación por las razones ya expuestas.

Foto de Casa MATÍAS

Sobre la toponimia de Chía pueden encontrarse varias interpretaciones publicadas en los últimos 20 años. Expondremos aquí lo más relevante de Mascaray, Terrado, Martín de las Pueblas, Selfa y Corominas para que cada uno saque sus conclusiones. Hoy es una entrada demasiado larga, pero valía la pena recoger al menos una referencia a todo lo que hemos encontrado al respecto. Para los que quieran quedarse en este párrafo, sin ninguna duda y después de haber leído a todos los autores, el análisis más acertado tanto en la evolución de Gía a Chía, como en su contexto socio-económico e histórico, es el de Bienvenido Mascaray, natural de Campo: Chía significa, con toda propiedad y pese a todo, “se cultivan las tierras” (sic)2.

A modo de premisas:

  • los vascones ocuparon la zona pirenaica central y occidental; dice Moisés Selfa que se puede suponer que se hablaba el vascuence desde la Edad de Bronce3
  • Mascaray opina: “(…) es evidente que Ribagorza formó parte del pueblo vascoparlante”. “(…) unos miles de años antes de Jesucristo, unos colectivos humanos desorganizados, deambulan por el territorio subsistiendo gracias a la recolección y la caza (…). De aquellas hordas se fueron separando paulatinamente individuos innominados que se asentaban en lugares que pasaban a ser de su propiedad (…) Estos lugares fueron designados con el apelativo aplicado por los demás a su morador permanente, y así nacieron los antropónimos. Pronto surgió en esas propiedades o posesiones la agricultura, y más tarde la ganadería. (…) la familia, la tribu y, siquiera en su estadío más primitivo, la civilización. (…) aquella lengua tribal, tan primitiva, algutinante, con marcadas diferencias de unas comarcas a otras, ya había nominado a individuos y lugares: montañas, ríos, lagos, poblamientos, cuevas y concavidades, crestas y simas; ya había un amplísimo “corpus” toponímico en lengua vasca”.4 (pp. 19 y 23)

Al pie, reproducimos el análisis que Bienvenido Mascaray4 de algunos antropónimos de nuestra zona (p.137), Eresué, Sesué, Ramastué, Renanué, apoyándose en la lengua vasca.

“Lo que hoy llamamos vasco es una reliquia de aquel extendido preindoeuropeo [la lengua del pueblo que ocupaba el sur de Europa antes de la llegada de los pueblos indoeuropeos en la Edad de Bronce]. Ciertamente que su parentesco es grande con el resto de las lenguas preindoeuropeas (lo que se ha dado en llamar ibérico). Ciertamente que el vasco y el ibérico se inscriben en un ámbito mayor, el preindoeuropeo, que los cobija y los explica.” (pp.45 y 46)

Martín de las Heras5, de la Universidad de Lérida propone “La etimología es incierta. Quizás un étimo también prerromano como EGIA “la ladera”, inspirado en la lengua vasca, fuera una alternativa aceptable. Esta nos parece, de momento, la hipótesis más plausible”.

Planteamiento que repite6, como coautor con Terrado y Selfa: “Corresponde al actual Chía, aldea situada sobre el margen derecho del Ésera, en la parte baja del valle de Benasque, separado de Castejón por unas tarteras impresionantes. Corominas tenía documentación del topónimo con la misma forma Gia, en una escritura de 1126. Sorprende, pues, que propusiera una etimología prerromana CElA ‘sima’, que en modo alguno podría dar Chía. Quizá un étimo también prerromano como EGIA ‘la ladera’, inspirado en la lengua vasca, fuera una alternativa aceptable”.

A lo que podemos contraponer que Chía está en un pequeño valle entre la Sierra de su mismo nombre y la Serreta; no tiene ningún sentido que signifique “ladera” (más aún en una zona pirenaica donde “ladera” no representa ninguna singularidad frente a Villanova o Sahún) y mucho menos “sima”, como propuso Corominas. Por otro lado, no parece fácil ni lógica la evolución de la forma EGIA a la de CHÍA.

No podemos obviar comentar que algunos autores apuntan a la presencia de musulmanes en Chía allá por el siglo XI-XII según nos comentó en los años 90 Ballestín un día que nos visitó. Por no cansar, reproducimos al pie el fragmento de la Biblioteca Hispanoárabe7 para remarcar que no hay ninguna evidencia ni vestigio que apoye esta conclusión, estando completamente de acuerdo con lo que Guillermo Tomás Faci comenta al respecto8.

El yermo Garús en 1998

Todos estos planteamientos no parecen muy acertados a la vista de los pocos argumentos que los apoyan y la nula correspondencia con las características diferenciadoras de esta población con respecto a las de su entorno. En este sentido reflejamos a continuación tres principios que remarca Mascaray4 (pp.25 y 26):

1º.- Nuestros antepasados vascos muestran siempre una absoluta, maravillosa fidelidad o realismo al nombrar (poner nombre) los lugares de su medio.

2º.- Nuestros antepasados vascos muestran un acierto total al escoger siempre, como esencia del topónimo descriptivo, el hecho, fenómeno o circunstancia más notorio por su particularidad diferenciadora

3º.- No se puede escribir seriamente sobre toponimia vasca ribagorzana si, tras el análisis lingüístico, no comprobamos sobre el terreno que se cumplen los dos principios anteriores.

Iremos viendo lo que nos diferencia de otros pueblos, como el ingenio cardigaso o el carácter difícil al que hacía referencia el abad de San Victorián cuando escribió en 1623 al Obispo de Barbastro diciéndole: “(…) en días atrás me pidien los de Chía les prestase pan a largos días y como estoy avisado que es gente de áspero trato y correspondencia, y están muy adeudados, no les dí.” En esa fecha los de Chía acudieron a San Victorián a pedir trigo prestado y a quejarse de que los diezmos estaban por encima de lo que ellos consideraban justo.

Pero, sobre todo, si algo ha caracterizado a Chía durante siglos, ha sido la calidad y cantidad de su cereal:

  • Angel Ballarín: “En tems pasats, el Solano y Chía yeren els granés de Benás”.
  • Madoz (Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico HUESCA 1845-1850) también remarca el buen cereal de Chía, p.169. “(…) PRODUCCIÓN: trigo superior a todo el del país, centeno, cebada, avena y legumbres. (…)”
Vista aérea de Chía en 1945 – Foto de USA Army http://fototeca.cnig.es

Podemos invitar a los lingüistas a subir al yermo Garús, a 1.700 metros, y vean como aún se aprecian las terrazas en las que se sembraba -hasta no hace mucho- cebada, avena y centeno; el trigo se cultivaba en los campos entre los 1.200 y 1.400 metros de altitud.

Y no sólo esto, la superficie que se cultivaba era enorme. Para muestra, una foto aérea del ejército norteamericano de los campos de Chía en los años 40 del siglo XX. La masa forestal de ahora es enorme en relación a lo que había hace 75 años, porque toda la superficie se aprovechaba para sembrar.

Este rasgo distintivo o circunstancia notoria, el que se cultive (cereal), es lo que nos explica Bienvenido Mascaray2 para llegar a la conclusión de Chía significa, con toda propiedad y pese a todo, “se cultivan las tierras”:

“La forma Gia (…) requiere una matización entre castellano-parlantes. En lengua ibérica la /g/ representa siempre un sonido oclusivo-velar-sonoro, por lo que la lectura correcta era guía. La lectura incorrecta, según fonética románica, la convirtió en jía, como en tantísimos otros ejemplos que ya hemos contemplado en esta serie de toponimia altoaragonesa: Guere > Gere, Guinuábel > Ginuábel, Guiral > Giral, etc. Pero esta j, fricativa velar sorda es sumamente inestable y da generalmente en africada prepalatal sorda, con grafía ch: así en Jistau > Chistau, Jinasté > Chinasté o Chinast, Jaca > Chaca, etc. Todo ello es plenamente válido para Gia: tras un rápido paso por Jía, acaba en Chía, la forma actual.

Gia (…) del verbo ibérico gia[tu] (…) significa labrar, cultivar; esto es, efectuar el ciclo completo de cultivo, que entraña las labores de arar, sembrar, regar en ocasiones, recolectar, ensilar…, y no el simple aprovechamiento de hierbas y pastos. Y todo ello resulta sorprendente y un tanto anómalo en terrenos pirenaicos que se sitúan en el entorno, y aún por encima en ciertas partidas, de los 1.300 m de altitud. Viene este hecho, además, acompañado del alto rendimiento y calidad de las cosechas, tal como nos apuntaba Madoz. Y por último, la abundancia de tierras cultivadas. Todo lo cual se erigió en el hecho diferenciador recogido en el topónimo.”

Sin embargo, Martín de las Pueblas9 dice de Bienvenido Mascaray: Llevado por la imaginación, todo encaja, cada topónimo se va dilucidando gracias a los supuestos conocimientos vascos de este erudito local”. Que cada cual saque sus conclusiones.

 

 

1Un ejemplo es la interpretación que hace Violant i Simorra con Bardaxi, rebatida con evidencias y argumentos de peso por Mascaray en la página 14 de su libro EL MISTERIO DE LA RIBAGORZA.

2 CUADERNOS ALTOARAGONESES. TOPONIMIA ALTOARAGONESA (286) Chía. Bienvenido Mascaray. 02/11/2014 https://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasImprimir.aspx?Id=901034

3Toponimia de origen euskérico en Ribagorza: el Valle Medio del Ésera (Huesca). Moisés Selfa Sastre.

4 Bienvenido Mascaray EL MISTERIO DE LA RIBAGORZA.

  • SESUÉ: buen ejemplo de la composición en que se fundamenta la lengua vasca. SOS (dinero) + SO (atento, vigilante) + -UÉ (sufijo de pertenencia -os diptongado en -ué) = Sossoué = Sesué = “la propiedad del (hombre) atento al dinero o interesado”
  • ERESUÉ: del vasco ERÉS (obstinado) + sufijo -UÉ = “la propiedad del (hombre) obstinado o terco”.
  • RAMASTUÉ: de MARAZT (pronúnciese marast), laborioso, diligente, solícito y sufijo -UÉ. “La metástasis de marast nos lleva paladinamente a ramast-ué = la propiedad del (hombre) laborioso”.
  • RENANUÉ: de nare (tranquilo, calmoso) + n + -ué. Antropónimo vasco, con metástasis sencilla y aglutinación mediante n. “La propiedad del (hombre) tranquilo”.

5TOPONIMIA DE RIBAGORZA. CHÍA. 2003. Ed. Milenio. Jesús MARTÍN DE LAS PUEBLAS, María Asunción HIDALGO. P.16.

6Terrado J, Martín de las Pueblas J, Selfa M. LAS DÉCIMAS DE CASTEJÓN DE SOS. ¿VESTIGIOS DEL PRIMITIVO ROMANCE RIBAGORZANO? p.176

7Codera F, Ribera F (eds.). Biblioteca hispanoárabe. Vol IV. Bibliografía nº303. Cesaraugusta 189-1895.

“(…) Yahya bn Sualyman bn Yusuf al-Ansari Abu-l-Walid, natural de Lérida y conocido por su procedencia de Chía, aldea (de allá arriba) lejana (…) estudió jurisprudencia islámica y fue jefe de justicia de Lérida, su país y emigró de él después de que entraran los cristianos, en el año 545 [=1150 ya que los años musulmanes son lunares y resultan once días más cortos que los de la era cristiana, además de que empiezan “a contar” a partir de la Héjira, año 622 de la era cristiana, cuando Mahoma huyó de la Meca a Medina] y se estableció en Valencia (…) y murió en el año 548″ [= 1153].

8Aragón en la Edad Media. 2008. Tomás Faci G. Conflictos durante la construcción de los señoríos en Ribagorza (siglos XI y XII). pp. 795-810 ISSN 0213-2486

“(…)  Aunque sea brevemente hay que hacerse eco de la existencia de una comunidad islámica en Chía hasta el siglo XI, en X. Ballestín, “Prosopographia dels fuqaha i Ulema de la zona oriental del tagr al-a la: Balagà, Larida, Turtusa” en Estudios Onomástico-Biográficos del al-Ándalus, 5.VI (1994), pp-55-119. Este autor propone identificar Chía con el topónimo de las fuentes árabes Siyya, situada min’amal Larida (en el territorio de Lérida). El argumento de la similitud fonética con Chía nos parece a todas luces insuficiente, puesto que, si bien estamos de acuerdo en descartar que se trate de Ejea de los Caballeros (Siyya en árabe) por razones geográficas, Ballestín olvida que, sin ir más lejos, existen otros topónimos similares a éste en Ribagorza. La debilidad del razonamiento toponímico, junto al hecho de que no aparezca ninguna huella de presencia islámica en el valle de Benasque en la documentación cristiana, nos llevan a considerar errónea esta propuesta”.

9 P.192 ESTUDIO LINGüíSTICO DE LA TOPONIMIA DEL VALLE DE BENASQUE. http://revistas.iea.es/index.php/ALZ/article/download/228/227

 

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog 

SAN VICTORIÁN

12 de enero, SAN VICTORIÁN.

[Entrada publicada el 12 de enero de 2020 en Facebook VILLA DE CHIA]

La Villa de Chía estuvo vinculada al monasterio de San Victorián de Sobrarbe desde el siglo XII hasta mediados del siglo XIX; eso sí, con más o menos disputas, primero con los señores feudales y los obispos de Roda y Lérida, y con el obispo de Barbastro a partir de 1571. Por eso es importante conocer los orígenes y el papel de este monasterio en la vida de nuestros antepasados.

Monasterio de San Victorián

San Victorián (Beturián en estas tierras) nació en Italia en el 478. Era un hombre bueno y con aptitudes para curar a los enfermos; rápidamente se hizo famoso. Se cree fuera compañero y discípulo de San Benito (480-547), iniciador de la vida monástica en Occidente (con la orden benedictina) y patrón de Europa. Circunstancias de la vida lo hicieron partir a Francia y luego atravesar los Pirineos. Llegó a Laspuña sobre el 530, donde hizo algunos milagros, y estuvo viviendo en una cueva (La Espelunga), cerca del Monasterio de San Martín de Asán (considerado uno de los primeros monasterios hispanos). Los monjes le invitaron a trasladarse al monasterio y allí pasó los últimos 20 años de su vida, en los que San Victorián enseñó a los monjes a conciliar la vida de ermitaño con la vida monacal construyendo celdas individuales y un centro de culto comunitario. Murió siendo abad de San Martín de Asán y éste pasó a llamarse, en el siglo VI, de San Victorián. Hasta aquí lo que “cuentan” los paneles informativos del Gobierno de Aragón ubicados en el acceso al Real Monasterio de San Victorián.

Ahora, un resumen de las publicaciones de los últimos años.
– Se ha propuesto que el Monasterio de Asán estaba ubicado en Quicena (Ubieto, p.13 y Mur, p. 88) en las proximidades de Montearagón, a orillas del río Flumen, y no bajo la Peña Montañesa. Mur explica que ofrecieron a San Victorián una propiedad en Arasarre (Isarre) cerca de Santolaria, en el barranco de Vadiello, en la vertiente sur de la Sierra de Guara, a 17 km de Huesca, para estar más “accesible” a las gentes. En este Monasterio de Asán próximo a Montearagón se formaban los obispos para la zona oriental del Pirineo durante los primeros siglos de la cristiandad en la península, en la época visigoda (referencias). Como consecuencia de la hostilidad de los árabes, sería en el siglo X cuando los monjes de Asán huyeron con las reliquias del santo para ir a refugiarse en esta zona del Pirineo, donde construyeron una iglesia junto al castillo de San Martín, que dio origen en el siglo XI al monasterio benedictino de San Victorián de Sobrarbe.
– En el Breviario de Historia de Aragón (CAI. Zaragoza 2001) se atribuye al rey Gesaleico la construcción de Santa María de Asán en el siglo VI -que no San Martín de Asán-, ¿un error de transcripción?
– Hay constancia documental del testamento del diácono Vicente, luego obispo de Huesca, que legó todos sus bienes al Monasterio de Asán, siendo abad San Victorián y testigo del testamento.
– Recientemente se han localizado cuatro documentos de la época visigoda, datados entre 522 y 586 que se consideran parte del cartarario de San Martín de Asán que heredó el monasterio de San Victorián (Tomás-Faci G y Martín Iglesias JC, 2017). Los autores confirman, en base a evidencias materiales y escritas, el origen visigodo de San Martín de Asán, su ubicación en la Peña Montañesa y el gobierno del abad Victorián.

Sea del todo verdad o no la historia de la vida de San Beturián, es certero que investigaciones arqueológicas sobre el terreno confirman el origen paleocristiano y prerrománico (época visigoda) de una primera construcción (fuera un castillo, una iglesia o un monasterio) ubicada en la falda de la Peña Montañesa, donde se construyó el monasterio del siglo XI siguiendo “la Regla” de San Victorián.

Gonzalo I, rey de Sobrarbe y Ribagorza, fue enterrado en 1045 en San Victorián. Su hermano Ramiro anexionó estos dos condados al de Aragón y constituyó así el Reino de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. En la primavera de 1137 se reunieron el rey Ramiro II el monje y el conde Ramón Berenguer IV en este monasterio para tratar el compromiso de matrimonio del conde con Petronila, heredera del reino de Aragón. En agosto de 1137 se firmaron en Barbastro las condiciones del matrimonio que se celebraría 13 años después, cuando Doña Petronila había cumplido los 14 años.

El conjunto está en proceso de restauración desde 1993. Hay una iglesia del siglo XVIII, de la época de Felipe V, ruinas de dependencias de los monjes, del palacio abacial (s. XVI), un molino, torres y murallas de un complejo fortificado que ha sufrido incendios, ataques, derrumbes, reconstrucciones y ampliaciones a lo largo de quince siglos. La desamortización de 1835 y la Guerra Civil causaron importantes daños sobre el complejo y sus bienes. La mayor parte de su patrimonio se trasladó en los años 50 y 60 al Museo Diocesano de Barbastro y a la Catedral de la diócesis, algunas piezas se repartieron entre las iglesias de este obispado y el contenido del archivo biblioteca también quedó dividido.

Este Real Monasterio está situado a los pies de la Peña Montañesa, en el término de Los Molinos del municipio de El Pueyo de Araguás. La etapa de máximo esplendor fue en el siglo XI, a partir de 1071. Sus propiedades y derechos eran muchos ya desde Ramiro I (1006-1063), primer rey de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza; pero fue su hijo Sancho Ramírez (1043-1094) quien introdujo la reforma de Cluny y amplió el patrimonio del monasterio, su zona de influencia y prerrogativas. Los reyes aragoneses y sus caballeros creían que si llevaban a las batallas “contra el moro” el arca con las reliquias del santo, tenían la victoria asegurada. Y así fue en la conquista de Alquézar por Sancho Ramírez (1067) y de Huesca por Pedro I (1096), que donó la Villa de Chía (aunque no del todo como veremos otro día) al Monasterio de San Pedro de Taberna, que dependía de San Victorián desde 1076. El Monasterio de San Victorián ejerció su señorío en más de 50 pueblos entre los ríos Cinca y Ésera, habiendo recibido a finales del s.XI los monasterios de Obarra, Urmella y San Pedro de Taberna con, teóricamente, todas sus posesiones y derechos. Estos pasaron de ser monasterios independientes a ser dependientes del abad de San Victorián (por tanto, quedaron en prioratos).

El rey Alfonso I el Batallador donó de nuevo a San Victorián la Villa de Chía en 1126, que ya había sido donada a San Pedro de Taberna en 1099 por Pedro I (pero con una cláusula que ya comentaremos y por eso no fue ejecutada la donación). El documento de donación de Alfonso I fue copiado en 1353 en un registro del Archivo de la Corona de Aragón, junto a otras escrituras del Monasterio San Victorián de Sobrarbe. Este documento, inédito hasta hace pocos años, fue estudiado por el historiador Guillermo Tomás Faci; pero todo esto lo veremos en otro momento.

En el Archivo Histórico Nacional de Madrid (sección de clero) se conservan de este monasterio cerca de 500 pergaminos de entre 962 y 1818. Hay otro lote de pergaminos en Pamplona.

A pesar de su crucial papel en la historia de Aragón, el conjunto no fue declarado Bien de Interés Cultural hasta 2002. El Obispado de Barbastro cedió su parte al Gobierno de Aragón en 2008 y en 2011, después de comprar la parte que estaba en manos privadas, se abrió al público. Queda a 50 km de Chía por la carretera de Campo a Ainsa. En línea recta, por la montaña, a unos 20 km. Muy recomendable acercarse un día a recorrer el entorno del Real Monasterio (hay visitas guiadas los sábados y domingos), así como visitar el Museo Diocesano de Barbastro y la Catedral, donde se conserva parte del magnífico patrimonio artístico de este monasterio.

 

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog