DE CONSERVAS Y LICORES

Este mes de noviembre lo hemos dedicado a hacer conservas y licores:

  • Las nueces y avellanas que recogimos a finales de octubre y dejamos extendidas, ya se han secado y las hemos almacenado en los cestos de la despensa. En junio también hicimos licor con las nueces verdes y que filtramos hace pocas semanas. https://villadechia.es/?s=licor+de+nueces
  • Los tomates que estos días han terminado de madurarse en la despensa los hemos escaldado para quitarles la piel y hacer conserva de tomate triturado, sofrito y mermelada de tomate.
  • Aunque hemos comido algunos membrillos asados, la mayoría se aprovechan para hacer dulce de membrillo.
  • Con las manzanas hemos hecho mermelada, zumo y compota, además de comerlas asadas.

  • Con las moras hemos hecho licor y mermelada. https://villadechia.es/?s=mermelada+de+moras
  • Las calabazas se guardarán durante todo el invierno para hacer cremas y purés, pero también servirán para hacer cabello de ángel o para añadir en algunas mermeladas.
  • Y las endrinas (priñons en patués) se maceran en anís para hacer anís de priñons, que son el fruto del Prunnus spinosa, un arbusto con pinchos. La endrina es ácida y astringente en fresco, pero una vez recogida, se vuelve progresivamente afrutada y dulce.

El anís de priñons (pacharán en otros reinos) es fácil de elaborar. Los ingredientes son anís (los entendidos dicen que mejor de 30º) y endrinas en proporción de 250 gr de frutos por litro de anís. Añadir más cantidad de frutos sólo aportará más acidez al licor. Cuanto mejor sea el anisado, mejor será el licor resultante. Los frutos deben recogerse después de una o dos heladas (en Chía, que está por encima de los 1.200 metros, mejor entre el 1 y el 15 de noviembre); si se cogen antes, no estarán en su punto óptimo de maduración y harán un licor ácido. Dice Ángel Ballarín en su Diccionario (1978): “Cuan les a pasáu el fret y fan bumárra, els priñons son buens”.

Los endrinos (arañons en patués) que están en los bordes de campos en los que pasta el ganado dan mejores endrinas que los que están en los caminos. Su aspecto al recogerlo debe ser azul intenso-morado en el exterior y rojizo en el interior, sin aspecto arrugado, sin defectos en la piel y al morderlo no debe “crujir”. La mezcla se hará en tarros de cristal, los recipientes de plástico acaban dando mal sabor. Se dejarán en maceración unos tres meses, que es el tiempo necesario para obtener el color, aroma y sabor característico de este licor. No más, para que no se deshagan las endrinas, porque entonces el hueso aporta sabor amargo al licor. Los tarros deben guardarse en un lugar oscuro y fresco, deben moverse una o dos veces por semana para que la maceración sea homogénea. Pasados tres meses, debe colarse el resultado de la maceración, con una tela de gasa o con un filtro de papel de cafetera, guardando el licor en botellas de cristal para luego disfrutar del suave aroma afrutado del anís de priñons. Debe consumirse en un plazo máximo de dos años. Se toma con hielo después de las comidas, o en mojito (anís de priñons, hierbabuena, lima, zumo de limón y hielo), o caliente en infusión. Las endrinas tienen mucha vitamina C, hierro, potasio, calcio, y alto contenido en taninos (con efecto antioxidante, antihipertensivo y antidiarréico). En cualquier caso, el pacharán (o licor de endrinas), contiene alcohol y su consumo debe ser moderado y ocasional.

Algunas recetas añaden canela y/o granos de café en la maceración, manzanilla, hierbas, cáscara de limón o naranja, incluso orujo, pero el licor original lleva sólo anís y endrinas. Para apreciar la diferencia, se pueden preparar tres tarros, uno sólo con anís y endrinas, en el segundo añadiendo también canela y en el tercero añadiendo granos de café. Tres meses después se filtran, se prueban y se decide cuál gusta más.

La tradición le atribuye propiedades digestivas. Blanca I de Navarra (1385 – 1441) solicitó este licor para sus dolores de estómago cuando estuvo en el Monasterio de Santa María de Nieva. En el siglo XV era un licor/jarabe medicinal; el nombre de pacharán no surge hasta el siglo XIX. Los estudios hechos en Ötzi, el hombre de los hielos (de hace 5.300 años) encontrado en 1991 en el Sud-Tirol a 3.200 metros de altitud, pusieron de manifiesto que había comido endrinas: El análisis intestinal de Ötzi demostró contener dos comidas recientes (una cerca de ocho horas antes de su muerte): una de carne de gamuza, otra de carne de ciervo rojo, ambas consumidas con algún cereal (…). Había también algunas semillas de endrino y algunas raíces. El consumo de estas bayas, por su rico contenido en vitamina C, previene el escorbuto (enfermedad que aparece cuando no se consumen frutas ni hortalizas).

 

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog siempre que sea sin fines lucrativos.

SAN MARTÍN DE TOURS, 11 de noviembre

Iglesia románica de San Martín, en Chía (Huesca). Siglo XII.

La tradición cristiana celebra San Martín, Obispo de Tours, el 11 de noviembre. Es un santo de origen húngaro, que vivió en el siglo IV, fue legionario romano y se convirtió al cristianismo. Martín significa “batallador”, deriva de Mart (batalla). Conocido también como Martín el Misericordioso.

Fue el evangelizador de Francia por excelencia y la devoción a este santo se extendió por toda Europa, por lo que le se dedicaron gran cantidad de iglesias, como una de las dos iglesias parroquiales de Chía.

Tenemos que hablar del santo y su festividad, de la iglesia románica del siglo XII (el doceavo en la lista de lugares de culto que había en Chía, siguiendo el orden de festividades) y del magnífico retablo del siglo XIII que estuvo en Chía hasta que llegó la carretera al valle de Benasque, a principios del siglo XX. No cabe todo en una sola entrada, así que abordaremos todo lo relacionado con San Martín a lo largo de varios días.

Ábside de San Martín, en Chía (Huesca). Siglo XII.

En enero ya analizamos uno de los elementos que se encuentran en la portada de la iglesia de San Martín https://villadechia.es/de-chia-al-cielo/, símbolo triangular dentro de un cuadrado. Originalmente, iglesia de nave única abarcada por el ancho del ábside. Está ubicada en la parte más alta del pueblo y pertenece al conjunto de iglesias levantadas o reformadas por los monjes de San Victorián en los siglos XII y XIII. En 1792 se abrieron dos capillas a cada lado en los muros norte y sur, según informa el Vicario de San Martín al obispo de Barbastro1. Tiene puerta bajo porche en muro sur y espadaña de dos ojos en los pies del templo, en el muro de poniente. Estamos indagando si las campanas fueron requisadas durante la guerra civilo si fueron vendidas o robadas anteriormente. El frontal románico de San Martín es una pintura sobre tabla de nogal, de 145 x 99 centímetros, que estuvo como antipendio (frontal de la mesa del altar) en la iglesia. Actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Cataluña.

Foto del retablo, montada en bastidor, en el antipendio.

El románico y la consolidación del reino de Aragón van de la mano en los valles altoaragoneses. Los artesanos de Lombardía hicieron sus primeras obras en el valle de Boí. En Ribagorza predomina el románico lombardo, mientras que en el altoaragón occidental es románico jaqués. La descripción del conjunto histórico-artístico la abordaremos en una segunda entrada.

San Martín es una de las dos iglesias parroquiales de Chía, actualmente desacralizada. Los conflictos entre el señor feudal con derechos sobre Chía y el monasterio de San Victorián, también con intereses sobre el territorio, llevaron a la construcción de dos templos. San Martín, titular de una de las parroquias de Chía, era una advocación muy vinculada con la historia del monasterio de San Victorián https://villadechia.es/san-victorian/. En internet hay referencias a las dos iglesias de Chía, pero muchas de ellas con datos erróneos o equivocados. Hasta el punto que se atribuye la torre campanario a la iglesia de San Martín, que tiene espadaña. El “corta-pega” de otros textos que se llevan a cabo personas que no son especialistas en el tema, que no han visitado el lugar del que hablan o que han sido poco o nada cuidadosos en sus investigaciones, es lamentable a la hora de difundir un conocimiento con fundamento científico.

San Martín y el mendigo es una obra del Greco, realizada entre 1597 y 1600. Se exhibe en la Galería Nacional de Arte de Washington D. C.
San Martín de Tours. Talla románica, s.XIII. Benasque.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para conocer la vida de San Martín puede consultarse la página web: https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-de-san-martin-de-tours-5002 Algunos de los pasajes que marcaron su vida son los que veremos representados en el frontal románico del que también hablaremos en el blog.

Chía (en segundo plano) desde Gabás, el 11 de noviembre de 2020, un día de sol y calor, de “veranillo de San Martín”.

Algunos consideran que esta festividad coincide más o menos con el Samhain o inicio del año celta, cuando se afrontaba el invierno y había que almacenar alimentos para llegar hasta la primavera. “A cada cerdo le llega su San Martín” hace referencia al hecho de que en muchas partes de España en estas fechas se hacía la matanza; en el norte de Europa se sacrifican las ocas y los gansos. Se hacía una gran comida y se bebía el primer vino de la cosecha, ya que a San Martín también se atribuía el poder convertir el agua en vino.

Especialmente interesante nos parece el análisis que se hace en el blog https://www.celtiberia.net/es/biblioteca/?id=760 sobre esta festividad y las implicaciones en la transición de las tradiciones paganas al cristianismo.

 

 

1ENRIQUE CALVERA Los archivos eclesiásticos  de Chía (I y II) Revista Guayente nº 18 y 21. Pp.

2Durante la guerra civil, tuvo lugar la destrucción sistemática de las campanas entre 1936 y 1937 en las zonas republicanas. En 1938 se ordenó bajar las campanas que aún permanecían en las torres para fundirlas y fabricar armas.

 

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog siempre que sea sin fines lucrativos.

AN DE ABELLANAS, DONAS PREÑADAS

El Ampriu esta mañana https://twitter.com/i/status/1323925818293313538

Va transcurriendo el otoño, los días se hacen progresivamente más cortos, llega el frío y con él, la nieve. Tenemos dos refranes sobre la nieve a principios de noviembre:

Ta tots Santos la neu al nas, si no per debán, per detrás.

Ta tots Santos ya yé la neu allagalto. 

Y, efectivamente, ya tenemos nieve en las cumbres del valle, a partir de 1.800-2.000 metros. Ya se sabe que “Año de nieves, año de bienes”… Falta nos hace.

El día de Todos Santos se solía “escodá” las corderas. Se les cortaba la cola antes de empezar el viaje de la tashumancia. Este gran apartado de los pastores y las ovejas, lo abordaremos poco a poco, junto con otros trabajos de la dona y el home de la montaña.

 

De Chía a Villanova

Como ya hemos recolectado las avellanas, recuperamos hoy el refrán de An de abellanas, donas preñadas. En todo el Valle de Benasque hay avellaneros, especialmente en Chía. Es un refrán interesante porque hace referencia a un recurso alimenticio importante; cuando aún no se había introducido la patata en el cultivo y la alimentación de los montañeses, que fue a finales del siglo XVIII tal y como explicamos el 10 de mayo https://villadechia.es/?s=patata, el tener una buena cosecha de avellanas evitaba la desnutrición y con ello la amenorrea por hambre (la falta de menstruación por alimentación deficiente). Si la mujer no estaba desnutrida, tenía sus reglas y así podía quedarse embarazada y, al tener aporte de nutrientes de calidad, los embarazos llegaban a buen término. Nuestras bisabuelas y sus abuelas no conocían la composición de las avellanas, pero sí que habían observado que, el año que había avellanas, había más embarazos y que los niños venían mejor. Hoy sabemos que su consumo aporta ácido fólico (vitamina del grupo B) que favorece el adecuado desarrollo del sistema nervioso del feto durante el embarazo. Y este refrán, es el resultado de esas sabias observaciones.

 

Avellanas con sorisons y rama de avellanero

Las avellanas son fuente de nutrientes y antioxidantes para nuestra organismo, como todos los frutos secos. Unas 20 avellanas aportan 130 calorías y son un aperitivo repleto de grasas saludables, antioxidantes, minerales, vitamina E y proteínas. Las grasas de la avellana (ácido oléico en su mayoría) tienen efecto cardioprotector, ya que favorecen el equilibrio en los niveles de colesterol HDL (bueno) y LDL (malo).

Las avellanas nos dan pie a recuperar una palabra en patués poco conocida: sorisóns, que es el “recipiente” (verticilo de brácteas) en el que se desarrolla la avellana. En español, “involucro”. No trobarás mai cap de abellana sin sorisóns (no encontrarás nunca una avellana sin involucro), leemos en el diccionario de Ángel Ballarín Cornel.

 

 

Hemos localizado otro refrán, más propio de los meses de cosecha: Cuan desde Chía, pel maitino, se sienten las campanas de Gabás, aigua detrás. Quizás porque al tocar las campanas “avisaban” a Chía que llegaba la lluvia, o quizás porque “haciendo ruido” con las campanas pretendieran alejar, disipar o atenuar la tormenta de Gabás y el agua acababa cayendo en Chía. La técnica de las campanas estaba muy extendida en un tiempo en el que las telecomunicaciones eran escasas o inexistentes. Las campanas del Monasterio de Santa María (s. XII) en Villaverde de Sandoval (León) se han seguido utilizando para avisar de la llegada de las tormentas, a pesar de que está abandonado hace años; los habitantes seguían un orden “de guardia” para tocar las campanas en cuanto se vieran asomar las nubes y no paraban hasta que habían pasado. En la campana San Jaime de la catedral Reus, se podía leer: «Alejo el pedrisco, deshago el trueno y la nube amenazadora». Forma parte de la “leyenda del poder mágico de las campanas”.

La sierra de Chía desde Renanué el lunes 2 de noviembre de 2020

De los diferentes toques o lenguaje de las campanas hablaremos otro día. Ya comentamos que Joaquín Pons Ballarín (1903-1981) de Llúsia fue el último campanero de Chía https://villadechia.es/?s=campanero

 

© VILLA DE CHIA.   Puede utilizarse la información contenida en este blog citando la fuente siguiendo el patrón explicado en http://www.citethisforme.com/es/cite/blog siempre que sea sin fines lucrativos.