UNA GUERRA, DOS HERMANOS, DOS DESTINOS. 1ª Parte: La División Azul

José y Emilio Delmás eran de casa Andrés de Chía, dos de los siete hijos de José Delmás y Generosa Mora. Los dos se vieron envueltos en la Segunda Guerra Mundial por motivos y circunstancias diferentes. Ironías de la vida, mientras José luchaba en la Wehrmacht (nombre de las fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi entre 1935 y 1945) en le frente ruso, ese mismo ejército alemán asesinaba a su hermano Emilio en un campo de concentración nazi en Austria.

Esta entrada va a ser excepcionalmente larga (tres veces la longitud habitual) porque el episodio histórico, la participación de un cardigaso y el sacrificio de miles de personas, así lo merecen.

José Delmás Mora en la mili
Acreditación de artillero en el cuartel de Paterna.

José cumplió los 18 años durante la Guerra Civil española, el 18 de julio de 1938. En esa fecha, Chía estaba ya en territorio nacional; así que fue llamado a prestar servicio militar en el bando nacional. Luchó en el frente de Teruel y Levante. Después, ya siendo cabo, lo destinaron al cuartel de Paterna (Valencia) para seguir con “la mili”. Era artificiero. Como les tocó adiestrar a los voluntarios que llegaban, decidió también presentarse; formó parte de los voluntarios de la División Azul, apenas cumplidos los 21 años, aún era menor de edad (la mayoría era entonces a los 23), por las buenas condiciones económicas y por ver mundo. Lo que le esperaba en Chía era mucho trabajo, poca comida y ningún dinero. Siendo voluntario, su familia recibiría dinero y él ganaría un buen sueldo. El 17 de julio de 1941 llegó a Hendaya.

 

Emilio luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil; cuando cayó Cataluña se exilió en Francia y durante la II Guerra Mundial se unió a la resistencia francesa. Fue apresado por los alemanes y deportado al campo de concentración de Mauthausen-Gusen. Murió el 26 de septiembre de 1941, en el castillo de Hartheim. Hablaremos de él en septiembre, en el 80 aniversario de su muerte. Esta es la primera parte de una guerra, dos destinos, dos hermanos.

Entre el 13 y el 19 de julio de 1941, hace hoy 80 años, pasaron en tren 19 expediciones de soldados de la División Azul por el puesto fronterizo de Irún-Hendaya, controlado por el ejército alemán, hacia el campamento de Grafenworh, en Baviera, camino del frente ruso.

La gran mayoría de los efectivos de la División Azul fueron voluntarios. Los motivos que les llevaron a presentarse eran básicamente económicos, aunque había otros:

  • El doble sueldo. Cuando en los pueblos un criado cobraba 2 pesetas al día, en la División Azul se cobraba un sueldo alemán (254 pesetas al mes los solteros y 381 ptas. los cabezas de familia), más el sueldo español, que era la paga de la legión, más gratificaciones de Alemania (la de Campaña y la del Frente), de unas 286 pesetas al mes en mano.
  • La familia cobraba un subsidio de 7,30 pesetas diarias y doble cartilla de racionamiento.
  • Se mantenían los derechos laborales para poder re-incorporarse a la vuelta.
  • Otros derechos laborales, como acceso preferente a puestos públicos (correos, peón caminero)
  • Y, en menor medida, la fuerza de los ideales, objetivos personales, conocer mundo, vengar a los muertos de la Guerra Civil
Pagas en la División Azul

Apunta José Luis Rodriguez1: “En la España de la posguerra representaba una oferta muy atractiva, dado el nivel de desempleo y el racionamiento de los productos de primera necesidad, y por la cuantía en sí, desglosada en el sueldo mensual, percibido por partida doble, española y alemana, la gratificación de campaña y el plus de estancia en zona de combate.” (p. 295)

La “aventura rusa” no hace referencia sólo a la División Azul, también incluye a los niños evacuados a la Unión Soviética, los jóvenes aviadores formados en Kirovabad o Jarkov, los exiliados vinculados al Partido Comunista y las guerrillas formadas por exiliados españoles en la URSS. Todo ello costó la vida a más de 5.000 españoles, unos 200 aragoneses. Fueron unos 1.600 aragoneses los que formaron parte de la División Azul, la Legión Azul y las Escuadrillas Azules.

Luis Antonio Palacio2 (pp.227-234) resume bien el contexto político y bélico que en 1940-41 dio lugar a la División Azul para frenar una posible invasión alemana de la península y “pagar” la deuda moral y económica que España tenía con Alemania e Italia (por su apoyo durante la Guerra Civil), sin comprometer la neutralidad de España en la II Guerra Mundial. José Luis Rodríguez1 da su versión de este contexto.

En cuanto al carácter “voluntario”, Rodriguez2 y Palacio1 tienen posturas enfrentadas y argumentos diferentes. En cualquier caso, la mayoría de los efectivos de las primeras unidades enviadas tuvieron carácter voluntario y, a medida que avanzaba la guerra en el frente ruso, se fue perdiendo proporción en la relación voluntarios/obligados, ya que se determinó un “cupo” por cuarteles. Otra cuestión son los criterios que los “voluntarios” barajaron para tomar la decisión de alistarse en la División Azul.

No fue sólo una iniciativa del gobierno español de 1941; hubo numerosas legiones de voluntarios en toda Europa que se formaron para luchar contra el comunismo ruso, de unos 8.000 hombres cada una. Ninguna tuvo el prestigio de la División Azul española que fue, además, la más numerosa, con cerca de 18.000 hombres.

José Delmás Mora con el uniforme de cabo de la Wehmarcht

Su nombre oficial era División Española de Voluntarios (DEV), conocida como División Azul por referencia al color de las camisas falangistas. Se integraría en las filas alemanas como Infanterie Division 250ª de la Wehmarcht o Blauen Divison. Se reservaron ¾ partes de las plazas para excombatientes en la Guerra civil y para los que habían sido prisioneros del bando republicano. Se buscaba que tuvieran buena presencia y que no estuvieran contra la dictadura, había que dar una imagen impecable de las aptitudes militares de nuestro país.

En la provincia de Huesca el periodo de reclutamiento estuvo abierto del 27 de junio al 2 de julio. La gran mayoría de los alistados en esta primera convocatoria lo fueron por iniciativa propia. Los motivos: económicos, laborales, ver mundo, luchar contra el comunismo, por ánimo de venganza contra “los rojos”, creer en el fascismo, curiosidad por el Tercer Reich, catolicismo militante (el Papa Pío XII animó a luchar contra “el comunismo ateo”), limpiar su expediente por haber combatido en el bando republicano, librarse de un larguísimo servicio militar de casi tres años, para demostrar ser dignos hijos de sus padres o hermanos excombatientes… Muy significativo es el testimonio de José Antonio Azcón de casa Suprián (p.275 del libro de Luis A. Palacio). El y su hermano Alfonso se alistaron en la División Azul.

Parece increíble que con todos los horrores que vivió en el frente ruso José Delmás, Chep como le llamaban en Chía, siendo prácticamente un crío, fuera luego un hombre tan risueño, amable, tranquilo, conciliador… muchos de nosotros no le oímos quejarse nunca.

 

Contaba que cuando llegaron a Irún-Hendaya, los alemanes les recibieron con banda de música, arroz con carne, queso, pan, galletas, café y tabaco; todos les abrazaban y se hacían fotos con ellos. Les hicieron ducharse, desinfectarse y pasar un control médico. Luego siguieron camino en tren hasta el campamento de Grafenwöhr. Allí había luz eléctrica, agua corriente y lavabos, cine y teatro; unas comodidades y distracciones que no había en Chía, pero tampoco en los acuartelamientos españoles. Allí hicieron la instrucción bajo los mandos alemanes (como usar las caretas anti-gas o cruzar ríos en lancha), les dieron uniforme alemán y les hicieron jurar lealtad a Hitler. Sobre el casco y la manga podían coser el escudo con la bandera española. Estuvieron en el campamento de Baviera hasta finales de agosto.

Plaza de una ciudad alemana. FOTO de José Delmás mientras estuvieron en el campamento de Grafenwöhr.

Desde el 17 de agosto de 1941 partieron hacia el frente ruso 66 trenes que, de forma escalonada, atravesaron Pomerania, Prusia, Lituania, Polonia y Bielorrusia. A finales de agosto estaban todos en territorio soviético. Pasaron de las comodidades, bondades y belleza de Baviera al horror de la destrucción que les rodeaba, el trato que los alemanes daban a los judíos, polacos y rusos, y a la miseria humana en la que vivían en los guetos. Los diferentes tamaños de vía no permitían el transporte en los trenes alemanes, así que los integrantes de la División Azul hicieron 900 km a pie con sus 30 kilos de equipo a cuestas. Se marcó un ritmo de 30 a 40 km diarios, en jorna­das de siete u ocho horas. Para los alemanes, el avance de los españoles era un completo caos: se relacionaban con las personas de las poblaciones por donde pasaban, les daban su comida, no conseguían que respetaran la uniformidad (llevaban las casacas sin abrochar), ni las normas, ni las prohibiciones (confraternizaban con las judías). Las quejas de los mandos alemanes fueron las responsables de que se desviara a la División Azul hacia Novgorod (Grupo Ejércitos Norte), en lugar de dirigirse a Moscú (Grupo Ejércitos Centro).

Prisioneros de guerra acondicionando una carretera para evitar el lodo de la primavera y el otoño. FOTO de José Delmás.

El 10 de octubre llegaban las primeras unidades de la División Azul, que cubrirían 60 km alrededor de Novgorod y la isla de Voljov. Este era un frente secundario, pero estratégico porque allí se interrumpían las comunicaciones por tren y carretera entre Moscú y Leningrado. El Regimiento de Artillería 250º apoyaba las posiciones de la División Azul al oeste del río Voljov. José recordaba que en noviembre ya nevaba, llovía de día de noche. Siempre dijo haber tenido “mucha suerte”, ni le hirieron ni estuvo enfermo. Recordaba a un teniente de Soria que le preguntaba de dónde era, porque no se acercaba al fuego; y cuando le dijo que él era del Valle de Benasque, el teniente le habló del Aneto y la Maladeta. Además de a los rusos y al frío, había que enfrentarse a la Rasputitsa o “lodo sin fin” que dificultaba muchísimo los desplazamientos. https://es.m.wikipedia.org/wiki/Rasputitsa  Mientras había nieve, no se veía a los muertos, decía José; los veías cuando llegaba la primavera. Los españoles tenían sólo la manta y el capote que les habían dado con el uniforme alemán. Poca cosa para los inviernos de 50 bajo cero del frente ruso. Chep explicaba cómo se autolesionaban los que no soportaban las condiciones del frente, para ser evacuados a la retaguardia e, incluso, volver a casa; pero si eran descubiertos, los fusilaban. Y también, como eran incitados a desertar para pasarse a las líneas soviéticas, hasta por la Pasionaria que les decía: “¡Pasaros que aquí tendréis de todo…tendréis mujeres…!”. En la batalla de Novgorod, los rusos lograron romper el frente al norte y al sur frente a formaciones alemanas, pero la División no cedió ni un centímetro4.

Los españoles llamaron a la nieve y el frío rusos, el General Invierno. Foto de José Delmás.

La División Azul no tenía apoyo antiaéreo. Los aviones rusos que sobrevolaban las líneas españolas de forma aislada, que no se sabía de dónde venían, recibieron el nombre de La Parrala. Hacían referencia al pasodoble que se puso de moda en España en 1941, que decía que no se sabe si La Parrala era de Moguer o de La Palma, pero seguro que era onubense. El avión tampoco se sabía de dónde venía, pero se sabía que era ruso. http://memoriablau.es/viewtopic.php?f=10&t=953

Otras muchas canciones aliviaban las tensiones y ayudaban a pasar el tiempo; unas con su letra original y otras, adaptando la letra y conservando la música original. https://corosanfernando.com/musica-en-la-division-azul-i-parte/ Como la de “Si me quieres escribir”, entonada por las fuerzas republicanas españolas https://www.youtube.com/watch?v=HKDV8QVnotk :

 

 

Si me quieres escribir

ya sabes mi paradero

Rusia, División Azul,

Primera línea de fuego.

A principios de 1942, los esquiadores españoles de la División Azul atravesaron un lago helado a 52 grados bajo cero y sin casi provisiones, para socorrer a la 18ª División alemana. Veinte de los españoles sufrieron amputaciones de las piernas por congelaciones graves.

Pronto empezó la prensa alemana a elogiar a los españoles del frente ruso; pero también se acumulaban las bajas mortales (más de 200 aquellas primeras semanas), heridos y congelados. Los alemanes consideraban “indisciplinados” a los españoles, pero sabían resistir y, sobre todo, improvisar. Los españoles tuvieron que alargar de 60 a 110 km el frente a cubrir, extendiéndose hacia el este. Aquellos meses de octubre, noviembre y diciembre de 1941 fueron de sangre y fuego, en medio del hambre, el frío (fue el invierno más frío del siglo) y los piojos. La primera expedición de “licenciados” volvía el 25 de mayo de 1942; el final de los combates y la conquista del corredor del Voljov fue el 23 de junio de 1942. Aquella primavera-verano los cadáveres de españoles, alemanes y rusos que cubrían los bosques, páramos y marismas dibujaban un espectáculo dantesco que, con el olor a muerto, hacían que patrullar y limpiar la zona fuera un sufrimiento añadido a los meses de batalla, frío y carencias que se habían soportado.

El artificiero José Delmás a la derecha de la foto, sobre el obús.

Nuestro cardigaso, José Delmás, seguía en aquellas tierras hostiles. Ya tenía 22 años. En el frente de Voljov manejaba un obús del 22 con el turolense Gregorio Tena Edo. El verano de 1942 en el frente lo pasaron relativamente bien, cazando patos, pescando, bañándose en el río y jugando en los búnqueres al siete y medio, apostándose los rublos que ganaban como divisionarios, se reía cuando contaba que un día “los pelé a todos”.  En agosto de 1942 los trasladaron al frente de Leningrado. Como ya se preveía que los soldados españoles iban a pasar un segundo inverno en el invierno ruso, en octubre se empezaría la campaña para enviar un aguinaldo a cada integrante de la División Azul, un paquete de 10 kilos de ropa y comida por persona.

En la batalla de Krasny Bor tuvo lugar el día más trágico de la División Azul (10/2/1943). Perdieron la vida muchos jóvenes españoles; entre ellos, Alfonso Azcón, de Benasque, teniente provisional de infantería. Esta batalla fue uno de los grandes hitos de la División, a pesar de que la BBC inglesa la presentó como “la tumba de la División Azul”. La ofensiva soviética en este barrio de Leningrado (hoy San Petesburgo) el 10 de febrero de 1943 provocó 2.252 bajas (de ellas, 1.125 fueron muertos) entre los españoles, casi el 25% de las habidas en dos años. Unos 300 divisionarios fueron hechos prisioneros y destinados al gulag siberiano. Sólo unos pocos sobrevivieron al cautiverio y regresó en 1952. Unos 5.900 soldados españoles se enfrentaron a 38 batallones del ejército ruso que les bombardearon de forma intensa y continuada con decenas de miles de obuses, un disparo cada diez segundos. Los españoles se distribuyeron en forma de abanico y se protegieron con troncos, ramas y nieve. Cuando el enemigo estaba encima de ellos, los españoles montaron sus ametralladoras MG 34 y se atrincheraron en los cráteres que habían producido los obuses soviéticos3. La “Operación Estrella Polar” le costó a Stalin 9.000 hombres; esto no lo contó la BBC. Franco ordenó la retirada de la División Azul el 12 de octubre de 1943 y cambió la posición española frente a la II Guerra Mundial.

La División Azul dejó una profunda cicatriz en todos los que sobrevivieron, además de multitud de historias, anécdotas y pesadillas. Entre noviembre y diciembre de 1943 se llevó a cabo la repatriación de la mayoría de los divisionarios y se constituía la Legión Azul con poco más de 2.000 hombres que quedaron en el Frente Oriental. La “aventura rusa” de España terminó oficialmente con la retirada de esta Legión entre marzo y abril de 1944. Habían ido a combatir el comunismo, pero se encontraron con los crímenes de las fuerzas alemanas, las “leyendas negras” de la propaganda inglesa sobre la División Azul, les molestó que les hicieran volver a casa y el cambio de posición del gobierno español frente a los aliados.

El historiador Caballero Jurado4 desmonta muchos mitos sobre la División Azul en su libro, que se considera obra de referencia en este tema (y está disponible on-line): La División Azul fue un grano de arena en la montaña que era el frente ruso, con un enorme despliegue alemán. En ese sentido, la unidad española tuvo escasa incidencia, como cualquier otra división de infantería”.

Chep sirviendo copas en el bar de Casa MATÍAS, en Chía.
Conchita Martín y José Delmás con sus nietos.
Conchita y José, bailando en las fiestas de La Encontrada de 2001 en Chía.

 

 

 

 

 

 

 

 

Salvoconducto para circular por la zona fronteriza del Valle de Benasque, 16 de noviembre de 1944.

Los que volvieron, retomaron su vida donde la dejaron, como José Delmás que volvió a Chía a cuidar de sus padres y de su casa, renunciando a un puesto de Policía Armada junto a su compañero de obús; otros, ocuparían oficios públicos (maestros, secretarios, alguaciles, carteros, Guardia Civil, Policía). José había pasado dos años en la mili y tres años en la División Azul. Se casó en 1959 con Conchita y tuvo dos hijos, José y Lorenzo. https://villadechia.es/concepcion-martin-saura-de-casa-matias/ Se dedicó a la ganadería, la tienda, el bar y un poco de fonda. Murió el22 de agosto de 2011, con 91 años de edad.

Luis Antonio Palacio hace un extenso y detallado recorrido sobre los aragoneses que participaron en la División Azul en su libro TAL VEZ EL DÍA, con testimonios y entrevistas de los implicados.

La División Azul perdió unos 25.500 hombres en el Frente Oriental, el 56% de sus efectivos. De entre ellos, los muertos fueron algo más de cinco mil. Uno de cada dos divisionarios había pagado su participación, con la vida, la salud o la libertad. Este capítulo, triste y doloroso, conviene tenerlo presente para que no se repita. A su vuelta, los integrantes de la División Azul fueron “mal vistos” o “ignorados” por haber luchado al lado de Hitler. Muchos se olvidaron (y a día de hoy ni se sabe) que España no entró en la II Guerra Mundial gracias a la División Azul. En septiembre, publicaremos la historia de Emilio Delmás Mora, la segunda parte de esta larga entrada.

 

Desde Villa de Chía, sirvan estas líneas de homenaje a todos los ribagorzanos que lucharon, sufrieron o murieron en aquella guerra. Como dice Luis A. Palacio (p.14): “Un eslabón más en nuestro empeño colectivo por recuperar la historia de nuestro pueblo, por darla a conocer a las nuevas generaciones y porque perdure en el tiempo más allá de nuestro propio recuerdo”.

 

 

1Ni División Azul, ni División Española de Voluntarios: El personal forzado en el cuerpo expedicionario enviado por Franco a la URSS. José Luis RODRÍGUEZ JIMÉNEZ. Cuadernos de Historia Contemporánea 2009, vol. 31, 265-296.

2Tal vez el día. Luis Antonio Palacio Pilacés. Ed. Comuniter S.L. Zaragoza, 2013.

3La División Azul: Sangre española en Rusia. Xavier Moreno Juliá.

4La división azul, de 1941 a la actualidad. Carlos Caballero Jurado. La Esfera de los Libros. Unidad Editorial.

La División Azul. Varios autores. Cuadernos de Historia Contemporánea 2012, vol. 34.

La División Azul en 5 minutos: https://www.youtube.com/watch?v=DOyneK2laHY

La hazaña de Krasny Bor: https://www.youtube.com/watch?v=vYRGs4I0awA

Muchas gracias a la familia Delmás Martín (casa MATÍAS) por la información y documentación facilitadas.

 

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JOAQUÍN CASTEL GABÁS de Casa Sinet

Joaquín Castel Gabás (1853-1913). FOTO: Casa Sinet

La Villa de Chía ha sido cuna de unos cuantos personajes “ilustres”. Hoy vamos a conocer a JOAQUÍN CASTEL GABÁS, de casa Sinet, que después de estudiar farmacia en Barcelona se instaló en Cáceres y tuvo mucho que ver en el desarrollo y transformación de esta ciudad.

Pilar Bacas explica con todo lujo de detalles la vida de Joaquín Castel Gabás en Cáceres, su pensamiento político y social, sus proyectos, sus publicaciones, sus relaciones familiares en un libro publicado en 2017. Es un pequeño tesoro que concentra lo que fue este cardigaso desconocido en su tierra, inteligente, comprometido, de gran capacidad de trabajo, con visión de futuro y de gran iniciativa. El abuelo de la autora fue un sobrino político de Joaquín Castel, León Leal (1881-1959), que también publicó en 1960 un libro sobre sus memorias, en el que incluye muchas referencias a nuestro personaje de hoy. Los dos libros están referenciados al pie de esta entrada.

Casa Sinet de Chía

Joaquín Castel Gabás nació en Chía en 1853, hijo de Joaquín Castel (1822-xxxx) y Ramona Gabás Mur (1836-xxxx). De este matrimonio nacieron Joaquín y María. En segundas nupcias, su padre se casó con María Lanau (de Eriste) y tuvieron a José Castel Lanau en 1863. Los dos hermanastros fueron farmacéuticos y compartieron la regencia de dos farmacias en Cáceres y de otros negocios. Después emparentarían por parte de sus esposas, al casarse Joaquín con María Carrasco Guerra y José con Josefa García Aguilera Carrasco (sobrina de María Carrasco).

Estudió farmacia en Barcelona, donde había respirado aires de progreso industrial, de iniciativas y de cultura1. En cuanto terminó la carrera en 1875, se trasladó a Cáceres, donde vivía su tío José Gabás (sarcedote), hermano de su madre, que administraba la hacienda de los Marqueses de Ovando.  Recorrió unos mil kilómetros en trenes que circulaban a 30 km/h y en diligencias que no superaban los 10 km/h. para llegar al otro extremo de España.

Se casó el 28 de febrero de 1878 con María Paula de la Paz Carrasco Guerra (1842-1923), once años mayor que él, hija del farmacéutico cacereño Rafael Carrasco Gómez. Él tenía 25 años. No tuvieron hijos, pero sí muchos sobrinos.

Fue contemporáneo de Joaquín Costa (1846-1911) y de Lucas Mallada (1841-1921), exponentes del regeneracionismo en tierra aragonesa, con los que compartió planteamientos políticos, sociales y económicos. De fuerte personalidad, fue un empresario modélico, gestionó varias farmacias, la fábrica de sifones y gaseosas “La Extremeña”, fue concejal del ayuntamiento de Cáceres, administró el patrimonio de grandes propietarios (primero del Marqués de Ovando y después de los Misioneros de la Preciosa Sangre); todo ello, sin descuidar a la familia, dando estudios a todos los sobrinos y participando activamente en iniciativas culturales y sociales.

Publicidad de sus negocios en el Boletín de la Cámara Agrícola de Cáceres en 1905

Se interesó y se formó sobre el medio natural y el aprovechamiento de los recursos para generar riqueza y bienestar. Colaboró en la fundación de la Caja de Ahorros de Cáceres, la Cámara de Comercio y de la Revista de Extremadura (de contenidos científicos, sociales, históricos, literarios y culturales), entre otros muchos proyectos, que se gestaron en la rebotica de la farmacia ubicada en el Portal Empedrado de la Plaza Mayor (antes Plaza de la Constitución). Como miembro de la junta directiva de la Cámara de Comercio, fue vocal del Comité Provincial de Cáceres en la Exposición Hispano-Francesa de 1908 que se celebró en Zaragoza.

Cartel de la Exposición Hispano-Francesa de 1908

Fue, claramente, protagonista del desarrollo de Cáceres de finales del siglo XIX y principios del XX, no sólo desde el ámbito intelectual y financiero, también como concejal para desarrollar proyectos de abastecimiento de aguas, alcantarillado y electricidad que mejoraran el bienestar social y la salud pública; aunque muchos de los proyectos que presentó fueron rechazados por el equipo de gobierno y su alcalde, demostrando una insuficiente perspectiva de futuro, además de carecer de  humildad para reconocer que Castel les aventajaba en formación académica, ideas innovadoras y compromiso social. En 1930, la ciudad de Cáceres retomó el proyecto de Joaquín Castel para abastecimiento de agua potable en la ciudad… 17 años después de su fallecimiento… ¿homenaje póstumo merecido?; como dijo Francis Bacon, “La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad”.

Pilar Bacas, cacereña, profesora y catedrática de Física y Química de E.S., escribe que Joaquín Castel fue una persona rigurosa, por su formación académica, y comprometida socialmente, aunque escasamente comprendida por muchos de sus contemporáneos (…) por su talento moderno y emprendedor, se embarcó en multitud de proyectos para mejorar la vida de los habitantes de Cáceres2(pp.6).

 

 

 

Siempre se ocupó de su familia de Chía. En su testamento, otorgado el 11 de febrero de 1913, leemos: “De los bienes, derechos y acciones que poseo y en lo sucesivo pueda adquirir en mi villa natal de Chía las lego todas en usufructo durante su vida a mi hermana María Castel Gabás, que las viene disfrutando con mi pleno consentimiento, y la nuda propiedad de las mismas a su nieto Ramón Ribera Sobella (hoy menor de edad) al que instituyo y nombro heredero a la usanza del país, con las obligaciones respecto de sus padres y hermanas que el tolerado fuero impone allí a los instituidos herederos de un hogar o casa solariega, y si el Ramón Rivera Sobella falleciera antes de la mayor edad le sustituirá con todos los derechos y obligaciones el hermano o hermana suya que le siga en edad y llegue a contraer matrimonio”. Falleció a los 59 años de un cáncer de hígado. Está enterrado en el nicho nº41 del cementerio de Cáceres.

 

María Sobella Castel, de Casa Sinet. Maestra. Chía, 1882 – El Run, años 60. FOTO: casa Sinet

María Castel Gabás, hermana de Joaquín, se casó en 1879 con Joaquín Sobella Lacorte. Tuvieron tres hijos: Joaquín, que también fue farmacéutico, José, que fue dependiente de farmacia y María Sobella Castel (1882-años 60), que fue maestra muy apreciada en Chía https://villadechia.es/junta-local-de-primera-ensenanza/. Su tío Joaquín Castel pagó los estudios a los tres hijos de su hermana. Joaquín y José cursaron el bachilleratro en Cáceres, estando en casa de su tío. Su hermana, María Sobella Castel se casó en 1903 con Ramón Rivera Gabás, de casa Sansón. Tuvieron ocho hijos: Ramón, MªPilar, Elena, Antonio, Jesús, Aurora, MªPaz y José Joaquín. Los nietos de MªPilar y Elena viven en Francia.

Ramón Rivera Sobella se casó con Josefina Ballarín Nerín y tuvieron cinco hijos: Ramón, Antonio, Carmen, José Mª y Josefa. 

En unos días, publicaremos el árbol genealógico de casa Sinet de Chía, remontándonos a los bisabuelos de Joaquín Castel Gabás, nacidos en la segunda mitad del siglo XVIII.

 

Vistas desde la galería de Casa Sinet

 

1Leal Ramos L. Ráfagas. Cáceres, 1960. pp.247 En Bacas Leal P. Joaquín Castel. Cáceres, 2017. pp.7

2 Bacas Leal P. Joaquín Castel. Cáceres, 2017.

 

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