FEDERICO MUR MAULÍN

Federico nació en casa Sansa de Chía un 1 de marzo de 1930, hoy hace 90 años. Hijo de Martín Mur Gabás, de casa Santamaría, y María Maulín Lacorte, de casa Francisca, que anaban a billar (pasar la velada) dan els de Presín.

¿Dónde nació?

En Chía. Mi padre compró casa Sansa, la familia que vivía antes aquí había emigrado a Francia. La casa estaba muy desecha cuando la compró.

¿Por qué le pusieron el nombre de Federico?

Federico porque mi padrino fue Federico de Barcelona, el padre de Federiquito. Cuando me hicieron los papeles de la mili me enteré que tenía dos nombres, Federico Pedro. Se ve que también me pusieron Pedro por el abuelo de Santamaría, el que tuvo 24 hijos.

¿Qué recuerda de sus padres?

Lo que más recuerdo es que era ya grande y aún me gustaba tetar. Le decía a mi madre “sólo una, una, una”. La primera vez que fui a Barcelona, en el centro aragonés había una maestra que había estado en mi casa y lo primero que me dijo fue “¿Aún le dices a tu madre, una, una, una?”.

Mi padre se quedó paralítico siendo yo joven.

¿Cuántos hermanos fueron?

El primero se murió, luego Dora, que murió a los 57 años, mi hermana Luisa (que se casó con Juanito de Barbero) y yo. Hemos sido tres.

¿A qué jugaba de pequeño?

Al balón que me gustaba mucho, con los de Güerri del chalet y los de Presín. Anaban a la viña Castany a chugar.

¿Había colegio?

Desde los 6 hasta los 14 años. Había dos escuelas, una para niños y otra para niñas. Íbamos de nueve a doce y por la tarde de tres a cinco.

Cuando la guerra íbamos todos juntos, pasaba lista el maestro y estábamos matriculados 72. Eba molta chen a Chía.

¿Algún maestro que recuerde especialmente?

Del que más me acuerdo era don Vicente Bitrián (¿) Beltrán  que estaba en casa Taberna. Era bueno, pero arreaba un poco. Pasaba preguntando las lecciones, y del temor, no sabías nada; cuando preguntaba al otro, entonces, ¡pam! te arreaba a ti. Una vez a Joaquín de Llusia, que estaba sentado, le pegó una bofetada que lo tiró al suelo. Dijo Llusia, “ya no vuelvo más”, y no volvió.

Los que mejor se sabían siempre la lección y a los que no pegaba nunca eran Joaquín de Presín y José de Chuansaún. Le preguntaba yo a José, “¿cómo estudias tanto?” Y me decía, “leo la lección sólo una vez”. El maestro decía, “mal empleado este chico que tenga que trabajar la tierra”.

¿Algún recuerdo de la Guerra Civil?

Vinieron los rojos con un camión y un coche, cogieron al hijo de Artasona y de Dorotea para que los acompañaran hasta el puerto. Volvieron con los pies llagados y entraron en casa Sansa para que les diéramos de comer, me acuerdo que pusieron los pies en agua y vinagre. Yo era pequeño y estaba agarrado a mi madre. Después de comer preguntaron si había alguno en el pueblo que nos molestaba, que lo mataban antes de irse. Dijimos que en el pueblo nadie molestaba.

¿Cuándo empezó a trabajar?

Aún yendo a la escuela teníamos que trabajar en casa. A los 14-15 años, cuando salía de la escuela, iba a cuidar a los abuelos de casa Francisa y a hacerles la faena: sacar el estiércol, traer las garbas… Y después, lo de casa. Tenía yo 20 años y mi padre se quedó paralítico. Me tuve que hacer cargo de todo. Lo que he labrado yo… pero mucho… mucho.

¿Dónde hizo la mili?

Quedé exento por padre mayor de 60 años y que no hubiera otro hombre en casa que yo. ¡Con lo que me costó llegar a los 18, que no llegaban nunca!

¿Alguna anécdota que le haga reír?

José de Chuansaún, Felix de Ramondarcas y yo fuimos primero a Castejón, con el albañil Rami, para trabajar en la abadía, y luego en una borda en el Carriu. Después ya lo dejé porque tenía que trabajar en casa. Le alquilábamos a Valentín de Sesué unas bicicletas que tenía en Castejón, tres pesetas una hora. No había ido nunca en bici, pero aprendí a llevarla. Un día me dice Rami, “bes al Run a dile al camión de Molinero que vienga tasí”, y bé anar dan la bisicleta. Como ya me manejaba, otro día fui hasta el puente de Urmella y, al bajar, me dí cuenta que la bicicleta no tenía frenos. No sabía que se podía frenar con el pie, así que cada vez iba más deprisa; al pasar el Carriu vi un montón de estiércol al borde del camino, donde tiene Portella la bordeta, “ista es la mía de parar” y allí que me tiré de cabeza (risas). Me puse perdido, pero no me hice daño. Tendría 19-20 años.

¿Le gustaba bailar?

Bailaba, pero no me gustaba mucho. La música sí que me gustaba, tenía buen oído para las notas. Sin que me enseñara nadie sabía tocar algunas piezas. José de Oros cortejaba con Encarna de Gregoria y me hacía tocar a mi con su laúd “la abuela palomita” para que él pudiera bailar con Encarna. Si aquí hubiera habido un sitio que enseñaran música, yo hubiera aprendido seguro. También tocaba la guitarra cuando José de Dorotea no podía o no estaba y un poco la mandurria. Las rancheras me alegran el corazón.

 

¿El viaje más largo?

A Morón de la Frontera, en Sevilla. Tenía un cuñado militar y quiso que fuera a conocer su pueblo. Tendría yo lo menos 30 años. Fue un viaje de veinte días, del 10 al 30 de abril. Y de Morón fuimos a la Feria de Sevilla; lo pasé muy mal porque íbamos a un cine por una calle estrecha con mucha gente y te ahogabas. Me vi negro para salir y eso que entonces estaba fuerte. La gente tuvo que recular para salir de allí y no quedar aplastados, estaban ya muy apretados.

¿El invento que más agradece: la tele, la lavadora, el teléfono, el coche, la calefacción…?

Lavadora no quise ponerla. Lava mi hermana.

¿Algo que no haya podido hacer y le hubiera gustado?

Una de las veces que fui a Barcelona, antes de los 20 años, me quiso fichar uno del Español para el primer equipo. Pero claro, “¿quién le decía a mi padre que me quedaba en Barcelona a jugar al fútbol? ¿quién se hubiera ocupado de la casa?” Me insistía el del Español diciéndome, “que sí hombre, que te ficharemos; los montañeses sois muy fuertes”.

¿Algún momento feliz y alguno triste?

Pues como es la vida, he tenido momentos felices y otros tristes. Ara m’o paso molt bé, pero me tiengo que fer moltas cosas.

Momentos tristes… cada vez que se ha muerto un familiar o cuando han estado enfermos. A mi abuelo lo tuve cuatro meses en la cama, y a mi padre once, dándoles la vuelta yo solo.

¿El secreto para vivir tanto?

Los secretos no se pueden contar, ya no serían secretos (y se ríe).

Un consejo para la juventud.

Ahora no se puede dar consejos.

¿Qué le gustaría que la familia conservara en un futuro?

La casa y la tierra. Pero es difícil que los jóvenes vengan a quedarse.

¿Algo que recuerde con cariño de Chía?

Iste noguero. Cuando se hicieron las escuelas y los porches de la plaza en 1962 -que lo pone en la placa-, el noguero que estaba en la otra punta de la plaza lo sacaron; pero como habían salido dos hijos, planté uno en este lado de la plaza y otro en Puntillo. Este agarró y aquél no quiso agarrar. Así que 60 años tiene… a dichós (debajo) de iste noguero se han hablado muchas cosas en Chía.

¿Cómo quiere ser recordado?

Como una buena persona y que planté el nogal de la plaza.

 

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Un comentario sobre “FEDERICO MUR MAULÍN

  1. Buenos dias primo Je suis la fille de MAgdalena Mur De SAntamaria il y a quelques années je suis venue à CHia faire l’arbre généalogique de notre famille, j’y ai rencontré votre sœur MAria-luisa qui était ma prima par son père Martin mur-Gabas son Marido JUan était mon primo par sa mère MAria,’

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