LA ASCENSIÓN Y LAS CEREZAS EN MONZÓN

La Ascensión del Señor. 1769. Óleo de Francisco Bayeu y Subías. Museo Nacional de El Prado. https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/la-ascension-del-seor/ebe8f7dc-138c-4baa-8520-447d62c4a94c

Hoy, jueves 21 de mayo de 2020 es La Ascensión, día solemne de la glorificación de Jesucristo. Se festeja el momento en que Jesús asciende al cielo después de su resurrección y se sienta a la derecha del Padre. Jesucristo se dirigió al monte de Los Olivos con su madre y los apóstoles, desde done ascendió a los cielos tras anunciar que enviaría al Espíritu Santo. Este episodio se describe en el Nuevo Testamento: Marcos 16: 14-20, Lucas 24: 50-53 y Hechos 1: 9-12. Tiene lugar cuarenta días después del domingo de Resurrección, así que la fecha es variable, dependiendo de la Semana Santa. Suele ser entre mayo y junio, siempre un jueves como recoge  el refrán:

“Tres días hay en el año que relucen más que el sol,

Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.

Eran tres jueves festivos en el calendario español, días de misa obligada. Desde 1977, cuando se redujeron las fiestas civiles y religiosas en España, esta fiesta se celebra el domingo siguiente al jueves de la Ascensión (séptimo domingo de Pascua).

 

Castillo de Monzón. FOTO: Carolina Castel Fondevila (abril, 2020)

El día de la Ascensión se celebraba feria ganadera y agrícola en Monzón, en la plaza de Santo Domingo, hasta los años 60. https://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasImprimir.aspx?Id=551761. Para esta fiesta ya está la primavera bien entrada y hay mucha fruta en la comarca del Cinca Medio. Se decía:

“Para la Ascensión, cerezas en Monzón.

Verdes o maduras, cerezas son”.

 

Contaba Ramón Nerín Mora (1875  -1957), de casa Presín, que uno de Chía bajó a Monzón para comprar soguetas o fencejos (cuerdas de esparto) en la feria y vender algún animal. Sería principios del siglo XX. Este cardigaso era de casa con pocos recursos y tenía muchos hijos, así que las comidas eran sencillas y poco variadas. A su vuelta, trajo consigo un cesto de cerezas gordas y maduras, las puso en el centro de la mesa de la cocina y dijo: ¡Minchad ara qu’en vedets! “Comed ahora que las veis” ya que, probablemente, no volverían a comer cerezas de ese tamaño y sabor hasta el siguiente año. Y se lanzaron todos sobre el cesto hasta que no quedó una.

 

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