LA PATATA DE CHÍA (I)

 

Campos labrados al este de Chía
Sembrando patatas al oeste de Chía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con la luna menguante de mayo toca sembrar las patatas en Chía.

La patata se ha cultivado en Chía, entre los 1.200 y los 1.500 metros de altitud, desde finales del siglo XVIII que es cuando este tubérculo llegó al Valle de Benasque. El cultivo y consumo doméstico descendió a partir de finales de los años 60 del pasado siglo XX, con la emigración y la transformación de la economía ganadera (de mular y lanar a vacuno); aunque nunca se ha dejado de cultivar para consumo familiar. En 2013 se impulsó la producción con la creación de la Asociación de Productores de patata de Chía desde la Escuela de Negocios del Pirineo. 20131101-0001  http://www.esnepi.es/patata-de-chia/

La historia de la patata tiene un curioso recorrido que vale la pena repasar1:

Siglo XVI – En Europa no se conoció la patata hasta la segunda mitad del siglo XVI -durante el reinado de Carlos I- cuando trajeron unas plantas desde América a España e Italia, donde pronto empezó a ser utilizada como alimento para el ganado. Se entregaron al monarca como una curiosidad botánica del Nuevo Mundo y también al Papa Julio II, que las hizo plantar en sus jardines porque le gustaban las flores de la planta. Una “novedad” para el viejo mundo, pero que se cultivaban en el altiplano de Perú, el sur de los Andes y en Bolivia entre 8000 y 5000 años antes de Cristo. Se consideraron en este siglo como una curiosidad botánica no apta para el consumo humano, debido en parte a la alta presencia de alcaloides tóxicos, como la solanina y la chaconina, en algunas variedades. Además, el consumo de los frutos de la planta (no del tubérculo) producía dolor abdominal y síntomas de intoxicación. Unos consideraban que no podían comerse porque no se nombraban en la Biblia; otros pensaban que algo de brujería tenían cuando crecían tan rápido; y otros, que lo que crecía bajo la tierra era cosecha del diablo y no debía comerse. Así que servían sólo para dar de comer a los indigentes y a los animales.

 

 

 

 

 

 

Siglo XVII – entre la Guerra de los 30 años (1618-1648) y las plagas de los castaños de Europa (la castaña era un producto tan básico para la alimentación como lo era el trigo), la población europea pasaba hambre y necesidad. Empezaron a verse las ventajas de un alimento cuyo cultivo y cosecha no precisaba herramientas especiales, crecía en casi cualquier tipo de suelo, permitía obtener un 150% del rendimiento por hectárea que daban los cereales, los cultivos no se dañaban por el paso de animales, crecían con poca agua y, comparadas con los cereales, no había que trillar, moler, ni cocer en un horno (muchas veces en manos de señores que cobraban tributo).

El rey Federico II examinando un cultivo de patatas.                              Óleo de Robert Warthmüller (1886).

Siglo XVIII – fue estudiada por científico y sociedades ilustradas. Parece que Federico II de Prusia, el Grande, además de dedicarse a la guerra, encargó plantar las primeras patatas en Berlín en 1740 y que sus soldados las vigilaran día y noche durante todo el proceso de siembra, germinación y crecimiento, como si fuera algo muy valioso y despertar así la curiosidad de sus súbditos. Una vez las patatas estuvieron hechas, indicó a sus soldados que por las noches se fueran a dormir a casa y que durante el día bajaran la guardia con la intención de que los campesinos, tal y como quería el rey, robaran y comieran las patatas, y animarlos a que las cultivaran ellos mismos. Creado el hábito de consumir el socorrido tubérculo, el rey firmó en 1756 la Orden Real obligando al cultivo de la patata en Prusia que no hizo falta imponer por la fuerza.

Augusto Parmentier (1737 y 1813), agrónomo francés y farmacéutico militar, fue prisionero de guerra en Westfalia (Guerra de los siete años, 1756-1763) y alimentado con patatas. En 1772, Parmentier presentó un trabajo sobre las patatas a la convocatoria de la academia de Besançon, que buscaba algún vegetal que sirviera para alimentar a la población en situación de hambruna. Los franceses no consumían patatas porque las señalaban como responsables de la lepra y las escrófulas, pero después de este premio y tras otro periodo de escasez, Parmentier fue autorizado en 1785 a cultivar patatas en unos terrenos. El éxito no llegó hasta que fue recibido por el rey de Francia Luis XVI a quien obsequió con un ramo de flores de patata y el rey empezara a pasearse con una flor de patata en la solapa.

A finales del siglo XVIII se crea en Zaragoza la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, la entidad más representativa de la ilustración aragonesa. Esta Sociedad impulsó el cultivo de la patata buscando abaratar el pan, ya que se mezclaba harina de patata con harina de trigo. Joaquín Fernando Garay, biólogo turolense y miembro de esta Real Sociedad, tuvo un papel decisivo en la popularización del cultivo de la patata.

 

[Publicaremos la segunda parte de LA PATATA DE CHÍA el domingo 10 de mayo].

 

1 Chapman J et al. “The impact of the potato. The story of history’s most important vegetable”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *