LAS BILLADAS

Cocina del Museo etnológico de Aínsa.

Hubo una época, no tan lejana, en la que no había radio, ni televisión, ni mucho menos ordenadores. La electricidad no llegó a estos pueblos del Pirineo hasta principios del siglo XX, con la construcción de las centrales eléctricas, hace poco más de cien años. Se vivía y trabajaba con el ritmo de la luz del sol. Cuando, al ponerse el sol, todos los rebaños estaban recogidos en los establos y corrales, y se habían terminado las faenas del día, las familias se juntaban  para cenar alrededor del hogar de la cocina.

Después de la cena, sobre todo entre octubre y abril, se reunían los vecinos de las casas más próximas en una de ellas para pasar las veladas o billadas, en patués. Las mujeres aprovechaban para coser, hilar o zurcir, mientras los hombres contaban chistes o adivinanzas, historias familiares, cuentos y leyendas, aventuras y desventuras. De esta forma, se transmitía de padres a hijos y de abuelos a nietos un sinfín de sabiduría, experiencias y valores.

Ramón Nerín Mora (1875-1957) de Betrán de Villanova, casado con María Mallo Castán (1892-1984) de Presín de Chía

Menena de Presín (1920-2005) explicaba que su padre, Ramón Nerín Mora (1875-1957) de casa Betrán de Villanova  que se casó con la heredera de Presín de Chía, era un magnífico contador de historias y chistes con un gran sentido del humor y capacidad de oratoria. Para lo que era esa época, Ramón viajó bastante; visitaba muchas ferias de ganado y tenía familia en varias ciudades españolas, su ingenio y buena memoria hacían el resto. Así que, entre las historias que inventaba, las que recordaba haber oído y las que había leído, siempre tenía algo que contar. Vamos a transcribir un par de las historias que contaba Ramón en las billadas.

[Con el lío de la cuarentena, está difícil transcribir correctamente la versión en patués porque no podemos visitar a los abuelos. Así que, de momento, la publicamos en español y ya añadiremos la versión original cuando sea posible].

Vieja friendo huevos. Diego Velázquez (1599-1660). Edimburgo, Galeria Nacional.

Cuando un albañil, sastre, colchonero, carpintero o cualquier otro jornalero trabajaba en una casa, se le pagaba el jornal y se le daba de almorzar o comer. Los jornales no eran gran cosa y, muchas veces, se pagaban en grano.

Un día, uno de estos trabajadores estaba prestando su servicio en la casa de un pueblo del valle y no había comido nada por la mañana al levantarse, así que estaba “muerto de hambre”. La suegra y la chove (la nuera) estaban preparando el almuerzo hablando entre ellas bajito para que no las oyeran. La joven le decía a su suegra:

  • Un troset de llonganisa será poco, pero entera será masa. Un huevo será mucho, y partirlo será complicado.

El trabajador, que estaba “con la oreja puesta”, entró en la cocina y como si no estuviera al tanto de la conversación de las mujeres, les dijo:

  • Señoras, hoy no tengo mucha hambre. Me arreglaré con un palmo de longaniza y dos huevos.

Así que suegra y nuera no tuvieron más opción que ir a la despensa para aprovisionarse bien y preparar un almuerzo en condiciones.

 

Un asno. Anónimo (s. XVII). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En otra ocasión,  iba uno del pueblo al molino en su burro con un saco de 100 kg de trigo. Para no cansarse tanto, pensó el hombre que era mejor ir montado en el burro; no le gustaba nada lo de ir andando cuesta arriba y cuesta abajo. Como estaba más gordo que flaco y debía pasar de los 80 kg, pensó que entre su peso y el del saco  sería mucho para el somero. Así que después de pensar un rato, decidió que lo mejor era subirse él al burro y cargarse sobre su hombro el saco de 100 kg.

Y así fueron hacia el molino de Sos. Pero cuando empezó la cuesta, el burro se negaba a seguir, a pesar de lo que le gritaba el amo y los palos que le daba diciendo:

  • ¡De qué te quejas, si yo llevo más peso que tú!

 

Para terminar, unas adivinanzas que recuerdan en casa Siresa. Ojo, que gustaba que tuvieran un toque pícaro; así que hay que pensar bien antes de responder:

Por un gusto y un regusto,

por un gusto de una mujer,

por un agujero muy justo,

pasa carne sin cocer.

¿Qué es?

 

Farem lo que bem fé anit,

achuntarem pelet en pelet

y taparem el foradet.

¿Qué yé?

 

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