MÁS REFRANES DE FEBRERO

Hoy, 24 de febrero, es San Matías. Dos meses después del solsticio de invierno, las noches se han acortado y el día es sensiblemente más largo, por eso el dicho “San Matías, tan largas las noches como los días”; aunque una cosa es la sabiduría popular y otra la astronomía.

El sol se esconde detrás de la Sierra de Chía una hora y cuarenta minutos más tarde que el 22 de diciembre. En su recorrido ya es manifiesto que el sol se levanta más , por tanto, tarda más en ponerse. Se puede decir que dura el día tanto como la noche. Otra cosa son las horas de sol, que se igualan en el equinocio de primavera, entre el 21 y el 22 de marzo.

Antes de la reforma gregoriana del calendario en 1582, había un desfase acumulado de diez días y el equinocio de primavera era el 11 de marzo y el de invierno el 11 de diciembre. Probablemente, los refranes son bastante anteriores a esta reforma, así que San Matías quedaba a dos semanas del episodio astronómico.

Después de un febrero inusualmente cálido y soleado, parece que esta semana volverán el frío y la nieve. Todavía queda invierno por delante. Juanito de Treseta ya nos recuerda que “llore o no llore la Candelera, hay que pasar el invierno”: https://soundcloud.com/maria-antonia-nerin/juan-de-treseta-la-candelera-y-libert-ptt-20200205-wa0008 

 

 

 

 

 

 

Aunque también nos dice el refranero que la nieve de febrero no dura mucho… el día es más largo y el sol calienta más. Un “can llebrero” es un perro que sirve para cazar liebres, un perro delgado que corre mucho.

Por otro lado, el mes de febrero siempre era un período temido por los pastores, sobre todo cuando era bisiesto, como lo es este 2020 (un día más de invierno, es un día más). Por un lado, la falta de pastos y su mala calidad en esta época hacen que la oveja parida no tenga casi leche. Ni hay alimento para la madre que tiene que destinar energías y nutrientes a producir leche, ni la leche es suficiente para alimentar al cordero. Por eso, los montañeses intentaban agrupar los partos para primavera, con los nuevos pastos: “la oveja que pare en febrero, ni oveja ni cordero”, o “febrero, mala oveja y mal cordero”. Por otro, en invierno el ganado estaba encerrado, lo que facilitaba que sufrieran enfermedades respiratorias o digestivas.

 

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