NUESTRA SEÑORA DE LA ENCONTRADA Y LA DESAMORTIZACIÓN

Agustín Garulo Mora era el cura parroquial de Chía a finales del siglo diecinueve, el que abordó la última reforma importante de la iglesia de San Vicente https://villadechia.es/a-vueltas-con-la-iglesia-de-san-vicente-martir-i/  y gestionó la venta de Casa l’Abat que, curiosamente, había quedado fuera de la desamortización. Por los documentos encontrados era con seguridad una persona preparada, que escribía bien, además de ser patente un especial interés en todo lo de Chía.

En 1894 envió una carta al Obispo de Barbastro en la que pedía autorización para poder pedir y recolectar por los pueblos para atender la Ermita de la Encontrada. Pero pedía también que se controlara (consta en un registro) todo lo entregado; ya que dice que es mucho y hasta el momento no hay control, sino es el testimonio del ermitaño. “Que siendo de importancia las limosnas que se hacen en el mismo Santuario, así en dinero como en especie , y no pueden constar(hasta ahora) sino por testimonio del ermitaño, sería muy conveniente, que al dar  la autorización pedida se advirtiese la necesidad de que se hiciese constar en un registro todas y cada una de las limosnas entregadas por los fieles..”

Una ermita con tantos siglos de historia no se comprende sin la aportación de importantes cantidades de dinero para su mantenimiento, que procedía principalmente de personas de Chía o de otros pueblos cercanos que aportaban diferentes cantidades creando censos, fundaciones y beneficios para su funcionamiento. Todas estas instituciones creadas en vida, o bien dejando en testamento fincas o dinero para su creación. La última que tenemos constancia es en 1962 “fundación de depósito para el culto de Nuestra Señora de la Encontrada Chía en 1962″. (Libro B-36 Legajo 802 Bis 124)

En documento de 1774 leemos  “en esta Iglesia( San Vicente) se halla una ermita de N.Sra. de la Encontrada en la que se puede celebrar el  sacrificio de la Misa y tiene los ornamentos y localías que siguen: un cáliz con patena y cucharilla, seis purificadores, tres tablas de corporales con una bolsa, cinco velos, diez tablas de manteles, cuatro frontales, dieciséis candeleros, un atril, un misal, un cuaderno de santos nuevo, tres amitos, tres albas, dos cíngulos, tres casillas, una de media tapicería de varios colores y otra de damasco blanco de seda y otra de lana blanca y colorada, un bonete, un roquete. Esta ermita tenía antiguamente algunas posesiones y censos que se agruparon al Beneficio magisterio de esta Villa, pero al presente sólo tiene un pedazo de prado a carta de gracia, cuyo producto anual dos libras y lo demás depende de la piedad y limosnas de los fieles. Se va de procesión a esta ermita todos los sábados de mayo, el día de San Pedro mártir, y el de la Natividad de nuestra Señora, y en los mismos se dice misa en ella, y algunos más días en el que el Beneficiario deba decirla, el Vicario de San Vicente es Prior de esta ermita…” Y en otro documento de 1791 leemos lo siguiente: “…La Virgen de la Encontrada tiene un pedacitro de prado y lo que se saca de arriendo se emplea en luz; vive en ella un ermitaño, es célibe y se mantiene dee las limosanas que le dan los caritativos en orden a la costumbre , frecuenta los sacramentos y cuida de la limpieza y aseo de la ermita…”

Es decir, que estamos ante una ermita importante, tanto por el mismo edificio, como por el contenido de objetos para su culto.

Los ingresos para su cuidado y mantenimiento, vienen recogidos por el ermitaño que se encuentra viviendo en la casa, que visita los pueblos de la zona para recoger limosnas para la ermita. Sin que nos podamos olvidar de las aportaciones que en general, todos las casas de Chía aportan en el momento del ofertorio de las misas que se celebran en la misma ermita, o bien en la caja permanente destinada al efecto y que aún se conserva en la actualidad.

Todo esto ha servido para que la ermita llegue hasta nuestros días y podamos disfrutar y mantener lo que muchos antepasados quisieron conservar y transmitir a futuras generaciones.

Un momento difícil, tuvo lugar en el siglo XIX, con lo que se ha llamado la desamortización, ya que sus bienes y propiedades son confiscadas por el Estado.

La desamortización en España supuso la apropiación por parte del Estado, por decisión unilateral suya, de bienes pertenecientes a otros y su posterior venta. En el caso de Chía tenemos la constancia de diversas actuaciones por parte del Estado en bienes pertenecientes al propio Ayuntamiento y otros pertenecientes al clero regular y secular. Pero no todas las propiedades tuvieron una transmisión a un tercero. Es el caso de las propiedades pertenecientes a Nuestra Señora de la Encontrada, donde tenemos la constancia documental de su inscripción, valoración y anuncio de transmisión, pero que la venta  no llegó a producirse.

En documento del 10 de marzo de 1842  se habla de una casa contigua a dicha ermita de la Encontrada, sita en término de la misma Villa, en la partida de la Virgen, la cual se compone de un piso en alto y varias cuadras, y se valora en la cantidad de 400 reales de vellón. Esta casa es la que está actualmente pegada a la ermita (la saleta) aunque la parte inferior queda oculta. En el lugar donde ahora se dejan los coches, había una cuadra/borda que fue objeto de una historia que contaremos otro día.

Se hizo una tasación de 400 reales de vellón1; la edificación estaba casi en ruinas. Esta finca  se pretende vender en subasta pero no hay constancia de transmisión a un tercero. Se desconoce el por qué. La razón podría estar en que la Iglesia tomó la decisión de excomulgar tanto a los expropiadores como a los compradores de las tierras, lo que hizo que muchos no se decidieran a comprar directamente las tierras y cuando lo hicieron se hizo a través de intermediarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1La peseta nació el 19 de octubre de 1868 como unidad monetaria por decreto del Gobierno Provisional, tras el derrocamiento de Isabel II. Denominaciones como real, maravedí, o escudo quedaron absorbidas por el término peseta, que ya era comúnmente utilizado en el período de Isabel II.

José Bonaparte, rey de España entre 1808 y 1813, mandó acuñar dos tipos diferentes de moneda, basados en el real:

  • El real español tradicional
  • El real de vellón (acuñado en aleación de cobre y plata)

La correspondencia entre uno y otro era: 2,5 reales de vellón = 1 real español tradicional. Isabel II no acuñó real español tradicional, acuñó sólo monedas con facial expresado en reales de vellón. Uno de estos reales de vellón equivalía a 25 céntimos de peseta; por ello, a la moneda de 50 céntimos se la conocía como “dos reales”. https://villadechia.es/category/organizacion-social-la-casa-y-la-comunidad/page/2/

 

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