TA CHURIOL, LA FORCA AL COLL

El poder gestionar actividades agrícolas y ganaderas fue uno de los cambios más importantes en la evolución de millones de años de la humanidad.  Las investigaciones realizadas en la Cueva de Coro Trasito, en Tella (Huesca), a más de 1.500 metros de altitud llegaron a la conclusión de que ya existían prácticas agrícolas desarrolladas y una ganadería diversificada en esa zona del Pirineo hace más de 7.000 años. Una transición que fue larga, dura y dolorosa, como todos los cambios, como atestiguan los hallazgos en la cueva de Els Trocs de Bisaurri. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/masacre-neolitica-cueva-els-trocs_15123

La presencia de monumentos megalíticos en el piso subalpino confirma que hubo pastores que explotaron los pastos de verano desde el Neolítico o la Edad del Bronce, a la vez que se iniciaba el aprovechamiento agrícola en los fondos de valle. Desde entonces, se han ido ampliando las áreas de pastos de verano, para favorecer el crecimiento de los rebaños de ganado lanar, y de las zonas de cultivo, a medida que aumentaba la población o mejoraban las condiciones para la comercialización de productos locales, como fue el caso del mercado lanero desde el siglo XIII. A medida que fue aumentando la población surgió la necesidad de ampliar el espacio agrícola, con campos de cultivo remontando por laderas cada vez más pendientes y más alejadas de los núcleos de población, y se construyeron complejos sistemas de terrazas para asegurar el cultivo de cereales, el control de la escorrentía superficial y la conservación del suelo. (1)

Ya hemos comentado que las tierras de Chía son buenas para el cultivo y que producía muy buen cereal. https://villadechia.es/el-significado-de-chia/  En otra entrada hablaremos del ciclo del cereal, del sembrado, la siega y la trilla, que durante siglos fueron parte fundamental del trabajo de las casas de la montaña. Muy necesario también era garantizar la comida para los animales entre noviembre y febrero. Para alimentar a los animales, vacas, mulas, ovejas, cabras y caballos se utiliza normalmente el heno y, en menor cantidad, la hoja de algunos árboles. El heno es la hierba (de gramíneas o leguminosas) cortada y seca; flores de pasto, trébol, avena, cebada, trigo y alfalfa suelen formar parte del heno.

 

Todo el proceso de la recogida de la hierba se hace ahora mecánicamente y una sola persona puede ocuparse de hacerlo. Se sigue haciendo el mes de julio, por eso decía el refrán “En julio, la horca al cuello”. Otros dos refranes son: “Llover en julio hace madera” y “Si quieres buenos nabos, en julio los sembrarás”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto de Casa MATÍAS. Chía, años 50 del siglo XX.

Hasta los años 50-60 del pasado siglo, se cortaba con la guadaña (la dalla en patués) entre varios hombres, hasta que llegaron las segadoras (usadas con animales de tiro o tractores). Dallar requería de una técnica y habilidad que se adquiría con la práctica, además de precisar un buen afilado de la herramienta con la pedra d’esmolar que se guardaba en el copolón. Durante varios días se dejaba secar al sol y con rastrillos (rasquios) y las horcas (forcas) se iba dando la vuelta (cherá la yerba). Una vez seca, se transportaba a los pajares y bordas con los machos y los burros. [La mula es resultado de un asno macho y una yegua. Las mulas pueden ser hembra o macho, pero como tienen un número impar de cromosomas, no pueden reproducirse (la yegua tiene 64 cromosomas y un burro 62, así que la mula tiene 63 cromosomas). La mula, que es diferente del burdégano (animal que resulta de cruzar un caballo con una burra), es más fuerte, más grande y más fácil de criar. La cría de ganado mular fue una fuente de ingresos importante para el valle de Benasque hasta los años 50 del pasado siglo XX, así que también abordaremos este tema en el blog.]

Les meules, fin d´’eté. Giverny, Normandía. Claude Monet, 1981. Óleo. Museo d’Orsay, París.

Cuando los pajares y las bordas estaban llenos o quedaban muy lejos del campo en cuestión, la hierba se almacenaba en una barga a la intemperie, como en los campos de la partida de Las Garrigas. En otras zonas de la península la barga recibe otros nombres, como almiar, ameal, hacina, facín, balagar, burros, borricones, pallers, entre otros. El heno apilado produce calor interno por la fermentación bacteriana hasta el punto de que puede prenderse fuego, si se apila la hierba húmeda. La hierba ha de estar seca antes de apilarsee o compactarse para evitar la combustión espontánea en los pajares o de la barga.

Son montones de hierba seca en forma más o menos cónica, alrededor de un poste de unos seis metros. Se enterraba un metro un poste largo de madera en la parte alta del campo, para que no acumulara agua cuando lloviera y esta drenara hacia abajo. Se colocaban alrededor ramas gruesas para evitar que la humedad de suelo afectara a la hierba que iba a amontonarse. Unos iban apilando la hierba en redondo y otros la iban pisando para compactarla. A medida que ascendía el montón, el diámetro de la estructura disminuía, así el agua de la lluvia “escurría” hacia el suelo, sin “calar” en la estructura. La hierba se “peinaba” con el rastrillo de arriba hacia abajo, lo que facilitaba la eliminación del agua. La parte superior pegada al poste se “sellaba” o remataba con hierba retorcida que impedía la entrada de agua al interior de la barga. Sólo se estropeaba la hierba que quedaba en el exterior -a modo de chubasquero- y la del interior se conservaba para poder alimentar al ganado durante el invierno. En Espés Alto pueden verse varias bargas que se hicieron hace unos años para los turistas.

Bargas en Espés Alto – Laspaúles

Evidentemente, las actividades del hombre sobre el territorio conllevan la modificación del paisaje. Concretamente en Chía (y en todo el valle de Benasque), la masa forestal se ha incrementado de forma exponencial en los últimos 75 años al cultivarse y dallarse menos campos y al disminuir la cabaña de ovejas y cabras que son las que “desbrozan” el monte, tampoco se ven ya las bargas (que precisaban muchas manos y tiempo para su elaboración), se han perdido la mayoría de las bordas y construcciones agrícolas (como los bancales y parideras), los caminos y cabañeras se van desdibujando y desaparecen por falta de inversión en su mantenimiento… Hemos de asumir que la modernización facilita el trabajo y abarata los costes, que nada es eterno y que los cambios son necesarios para evolucionar, pero conservar aquello que fuimos adaptando los recursos a la nueva realidad, es responsabilidad de todos.

Chía en 1935. Foto de Jesús Barañac, de casa MURIA.

¿Qué queda hoy del paisaje cultural que alcanzó su máxima expresión a mediados del siglo XIX? Mucho menos de lo que creemos. El paisaje actual, como todas las fotografías de paisajes pertenecientes a siglos anteriores, es el resultado de una adaptación a las circunstancias que han condicionado la evolución de la población, la agricultura, la ganadería y la gestión forestal durante el último tercio del siglo XX y su prolongación a comienzos del XXI. Esas circunstancias, esquemáticamente, se definen por (i) un rápido descenso demográfico; (ii) la desestructuración de la institución de la casa como expresión del sentimiento de continuidad, basada en la jerarquización, el heredero único y la disponibilidad de mano de obra; (iii) la casi total expulsión del cereal en los valles altopirenaicos y su sustitución por prados de diente y de siega; (iv) la progresiva sustitución del ganado lanar por el vacuno, en un ejemplo de extensificación llevado al límite como respuesta frente a la escasez de mano de obra y, en muchos casos, la diversificación de las actividades económicas, favoreciendo una ganadería a tiempo parcial que es más compatible con el vacuno y el caballar que con el lanar. Estos cambios son tan radicales y afectan tanto a los sistemas de gestión del territorio, que es imposible aceptar que el paisaje construido a lo largo de muchos siglos no se resienta. (1)

(1) http://pirineos.revistas.csic.es/index.php/pirineos/article/view/294/397. EL PIRINEO ARAGONÉS COMO PAISAJE CULTURAL. José M. García Ruiz, Teodoro Lasanta.

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