EN ROMERÍA A LA ENCONTRADA CANTANDO EL ROSARIO

Los sábados de mayo, Chía va en romería a La Encontrada cantando el rosario.

El año pasado no hubo ni romerías ni Encontrada. Este año se celebra misa en la ermita de La Encontrada todos los sábados de mayo, pero cada cual va por su cuenta, para evitar aglomeraciones. Así que, este año no cantamos el rosario.

Hay dos tonadillas diferentes. Las recordamos con dos vídeos de mayo de 2016 :

https://www.facebook.com/watch/?v=2928035730747990

https://www.facebook.com/watch/?v=880802589443913

 

 

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LA COLADA

La lavandera (1839), de Daniel Ridgway-Knight

Hasta mediados del siglo XX, el lavado de la ropa era una de las tareas más duras de la casa. Cuando había ropa sucia, tocaba hacer la colada; pero todo dependía del tiempo que hiciera y del tiempo que dispusieran las mujeres para dedicarse a ello. El término “colada” proviene del proceso de “colar” la ropa sucia con ceniza que ha sido hervida.

Las lavanderas (1779-1780), de Francisco de Goya. Museo del Prado.

La colada podía durar entre 3 y 4 -días si hacía buen tiempo- hasta 8 ó 10 -si era invierno, hacía frío o llovía-. El de lavandera era un oficio duro, pero permitió a que muchas mujeres ayudaran a mantener a sus familias en los siglos pasados. El término lavadero (llabadó en patués) se usa desde el siglo XVI y designa “el lugar destinado para lavar la lana, ropa u otra cosa” según lo define el Diccionario de Autoridades (1732)1.

 

Hacía falta el cajón, la tabla y la pala, el caldero y las estreudas (o trébedes), el roscadero, el lienzo y la coladera. Los pasos a seguir para lavar la ropa eran:

  1. Hacer jabón
  2. Cocer la ceniza
  3. Preparar la ropa
  4. Pasar la colada
  5. Encrespar y aclarar
  6. Secar la ropa

1.- Hacer jabón

El jabón se conoce hace miles de años. Para fabricar el jabón las mujeres utilizaban el sebo rancio, los aceites de freír y otros restos de grasa.  La “receta” de casa Presín eran 4 kg de grasa y 2 kg de sosa, a disolver en 8 litros de agua; pero según la experiencia y mano de cada mujer, podía modificarse.

Jabón de taco

La grasa y la sosa se mezclaban y disolvían en agua hirviendo en un caldero. Había que revolver constantemente y que hubiera suficiente fuego para que la mezcla no dejara de hervir; si no, se “desligaba”.

Hacían falta un par de horas removiendo la mezcla para conseguir una pasta espesa. Se sacaba la pasta con una espumadera, separándola del agua, y se introducía en una caja de madera donde se solidificaba. Se desmoldaba a los dos o tres días y con un alambre o cuchillo, se cortaba en porciones o tacos. De ahí lo de “jabón de taco”.

2.- Mojar la ropa

La ropa se separaba según la suciedad, si era blanca o de color, y el tipo de tejido (resistente o delicado). Había que quitar los botones y adornos (puntillas, lazos) susceptibles de estropearse.

Paleta para picar la ropa

El primer día se mojaban las prendas y se restregaban. La ropa más delicada se enjabonaba en una artesa de madera. La ropa blanca y resistente se frotaba con el jabón, dando golpes con la paleta y fuertes batidas de la ropa en el agua, se elimina la suciedad más superficial. Se aclaraba a medias, dejando algo de jabón para que actuara.

3.- Cocer la ceniza

La ceniza que se guardaba de la chimenea o la cocina económica se hervía con agua en un caldero grande de cobre, para lo que era necesario mucho fuego. Durante la cocción se producía mucho humo.

Mientras se preparaba la ceniza, se colocaba  sobre una base de madera (o una piedra a modo de cubeta) un cesto o canasta (roscadero) en la que se colocaba la ropa de forma ordenada y que había estado a remojo el día de antes. Al fondo se colocaban las piezas más fuertes, luego las sábanas y arriba de todo quedaban las prendas más delicadas, que se cubrían con un lienzo fuerte de cáñamo (cernadero) sobre el que se echaba la ceniza cocida o cernada.

Para simplificar el proceso, se intercalaba la ceniza entre las diferentes capas de ropa y se echaba el agua hirviendo sobre el lienzo de tela que las cubría.

4.- Pasar la colada

El remojo con cenizas y agua caliente debía hacerse en las casas y era llamado “la colada”. La ceniza líquida iba penetrando en todas las capas de ropa enjabonada. La operación se repetía las veces que fueran necesarias para disolver la grasa corporal de la ropa y blanquearla.  La ropa quedaba así hasta el día siguiente.

El líquido que salía del canasto o roscadero se recogía en otro recipiente, se volvía a calentar y a echar sobre la ropa hasta que el líquido que se escurría adquiría color rojizo y olía a limpio. Este líquido es lejía, y se guardaba en recipientes para la limpieza de la casa, los platos, los calderos y fregar el suelo.

5.- Encrespar y aclarar

Al día siguiente, la colada de ropa se transportaba al Riu o al llabadó y se pasaba por agua limpia.

Encrespar consistía en quitar la lejía que tenía la ropa y enjabonarla de nuevo, frotándola con las manos y dándole fuertes paletadas. Una vez encrespada, la ropa se aclaraba con agua, otra vez mediante batidas y paletadas.

6.- Secar la ropa

Una vez aclarada, la ropa se retorcía para quitarle toda el agua posible y se extendía por los muros o los arbustos de alrededor para que se secara al sol.

Se plegaba antes de que estuviera completamente seca y bien plegada se llevaba a casa, donde se recosían los desperfectos y se colocaban los botones, lazos y adornos antes de guardar la ropa en las arcas o el armario.

Lavadero de Cerler
Lavadero y cruz de San Sebastián. Benabarre, 1910. FOTO: Ramón Garuz. En Ribagorza, historia de una metamorfosis. Paquita Ballarín. 

Con los jabones y lejías industriales el proceso se acortó significativamente, pasando de varios días a uno; aunque igualmente había que ir al río o al lavadero, restregar y picar, y dejarse en el proceso la espalda y las manos, que llegaban a sangrar. Muchas veces las mujeres acababan metiendo los pies y las piernas en el agua. Esto suponía contraer bronquitis, neumonías, catarros, reuma o sabañones.

En el siglo XIX se acondicionaron las orillas, fuentes y arroyos en los pueblos; no es hasta principios del siglo XX cuando se instituye en todos los pueblos el lavadero1, lo que fue un alivio para la espalda de las mujeres. Para lavar en casa, hubo que esperar a tener agua corriente, electricidad y una lavadora, aparatos que no llegaron hasta los años 60.

Abrevadero y lavadero de la fuen de Baix

En Chía se lavaba en la Fuen de la Canal, el Pradet de la Regalera, la Fuen de Baix y els Esguarans hasta que se hicieron los lavaderos a la entrada del pueblo (entre Casa Bon y Casa Sansón), décadas después fueron demolidos para ubicar los contenedores de basura.  Estos lugares fueron verdaderos centros de socialización, cotilleos, tertulias y confidencias; lo que ahora son las “redes sociales”.

Acondicionar el acceso y reconstruir el llabadó de Baix es una tarea pendiente, un homenaje y reconocimiento a nuestras abuelas.

Muchas gracias a todas las mujeres de Chía que han contribuido a la redacción de esta entrada. Si alguna de las casas localiza fotos de las mujeres lavando en Chía o de los utensilios que se usaban, actualizaremos la publicación incluyendo esas imágenes. Mientras, nos permitimos mostrar las que recoge Lorien La Hoz en su Facebook:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1La vida entorno al lavadero. Tamara del Estal Hernández. 2010.

 

El oficio más molesto, más duro: El trabajo de las lavanderas en la España de los siglos XVIII al XX. Carmen Sarasúa. Historia Social.

 

Una aproximación a la sociabilidad femenina y a la creación de la conciencia de género: los lavaderos en el mundo rural alavés. Beatriz Gallego. 2011.

 

 

 

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PRIMAVERA Y SEMANA SANTA

Diente de león

Hace ya unos días que empezó la primavera en el hemisferio norte, el sábado 20 de marzo a las 10:37 hora peninsular española. En este mes de marzo hemos disfrutado ya de las primeras chicoinas de la temporada https://villadechia.es/chicoinas-y-grillons/ y esperamos la lluvia para poder recoger moixardinas y moixardons en los próximos días. https://villadechia.es/abril-refranes-y-primeras-setas/

El pasado domingo 28 de marzo fue Domingo de Ramos, con el que se inicia  la Semana Santa.  Explicamos cómo se celebraba en Chía, de forma austera y sencilla, pero con sus costumbres y tradiciones: https://villadechia.es/semana-santa-en-chia-i/ y https://villadechia.es/semana-santa-en-chia-ii/

La nieve se está retirando más rápido de lo que nos gustaría. Esto permite, sin embargo, poder subir más por la pista de la Sierra de Chía, uno de los mejores miradores de las cumbres del Valle de Benasque y el macizo de la Maladeta; en cualquier caso, debe hacerse con cuidado y estando seguros de que podremos dar la vuelta sin quedarnos bloqueados por la nieve o el hielo. Dejamos para el mes que viene abordar una excursión a la Sierra de Chía para ver el ibón o las trincheras.

En esta época de primavera y vacaciones podemos acercarnos a lo que queda de las ermitas y capillas más próximas al pueblo, ya que hay poca vegetación todavía:

Y, por supuesto, caminar hasta la Virgen de La Encontrada, patrona de Chía. El camino es muy cómodo y las vistas desde la ermita son espectaculares.

 

Anemone hepatica
Helleborus foetidus

Narcisos, Jacintos, ciruelos y cerezos japoneses han florecido ya en los jardines de Chía; en los campos veremos diente de león o achicoria (Taraxacum officinale) y en los caminos la belleza de primavera o hierba de la Trinidad  (Anemone hepatica) en blanco o lila,  y la  hierba de ballesteros (Helleborus foetidus) que no comen ni los animales hervíboros. El fétido es de floración muy temprana, ya que puede hacerlo con la poca luz  que entra en el sotobosque cuando aún los árboles aún no tienen hojas; es bioindicadora de alta humedad ambiental, en lugares que recogen más de 600 mm de agua al año. El Eléboro fétido es muy tóxico, en tiempos antiguos se utilizaba para envenenar flechas y dardos; por eso se llama hierba de ballesteros o del ballestero.

 

 

Para terminar, dedicar unas líneas al ajo de oso (Allium ursinium), una planta bulbosa perenne que puede llegar a alcanzar los  30 cm de alto que florece en mayo-junio. Las hojas son un gran condimento para las ensaladas de chicoinas, pero también para hacer un “pesto” que acompañe a un plato de pasta, una verdura, o el conejo o pollo a la brasa. Según la cultura popular, es muy bueno para la circulación, controlar los niveles de azúcar y colesterol, como antiséptico, preventivo de tumores y útil para depurar  el organismo. Si es cierto o no, debe esclarecerse mediante la investigación; en cualquier caso, de esta planta se aprovecha todo en la cocina, es el “pariente silvestre” del ajo.

Se recogen las hojas (de envés mate) antes de que florezca la planta. Es fundamental no confundirlo con el lirio de los valles (Convallaria majalis), de hoja similar (pero de envés brillante), porque no es comestible, ni con el cólquico (Colchichum autumnale) que también es tóxico.

Hojas de ajo de oso

Para hacer el pesto se tritura en un mortero:

        • Hojas de ajo de oso
        • Aceite de oliva
        • Piñones o nueces
        • Queso parmesano (opcional)
        • Una pizca de sal
        • Limón (opcional)

 

 

 

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