HIPÉRICO Y NUECES

Codex Vindobonensis o Dioscórides de Viena. En la Biblioteca Nacional de Austria.

Hablábamos el martes 23 de las plantas que se recogían la noche de San Juan. A los beneficios propios de cada flor, hierba, verdura o fruto se añadían los “prodigios” reservados a las noches del año que conllevan cambio de ciclo, principio y fin, como la de Navidad, la de fin de año o la de San Juan.

Entre las hierbas, las que deben recogerse en esta fecha son: artemisa, hipérico, lavanda, salvia, romero, ruda, saúco y verbena. La “magia” podemos explicarla porque para finales de junio es cuando concentran más principios activos, han recibido las horas de insolación necesarias para “madurar”, coincide con la máxima floración, o es el momento en que el fruto está empezando a “engordar” y permite aprovechar sus aromas y elementos. En cualquier caso, unos días antes o después tampoco cambia mucho los efectos, olores o sabores de las preparaciones.

Hoy os regalamos dos recetas “de familia”, de casas de Chía, que han pasado de abuelas a nietas.

 

Flores de hipérico (esta mañana, en Chía)

Aceite de hipérico 

El hipérico (Hypericum perforatum) es la hierba de San Juan. Crece en los bordes de los caminos. Aquí en Chía en prácticamente todos. Hay mucho en el camino de Los Cuadros y en el del cementerio nuevo. El aceite de las flores tiene propiedades cicatrizantes, antiinflamatorias, reepitelizantes y bactericidas, por lo que en medicina natural se usa para golpes, heridas, quemaduras leves (domésticas y solares), dolores musculares,  torceduras, rozaduras, eczema, dermatitis y picaduras. Mejora la regeneración de los tejidos porque favorece la formación de colágeno, el crecimiento de los fibroblastos y la revascularización (1). Siglos atrás la utilizaban los soldados para hacer emplastos y curar las heridas de las batallas.

A la hora de recoger las flores, ha de hacerse con responsabilidad, sin arrancar de raíz la planta y cortando sólo lo que vayamos a preparar para consumo particular. Es mejor recogerlas sin humedad.

Se utilizan 100 gramos de sumidades florales por litro de aceite (mejor de oliva que de girasol, también puede usarse aceite de almendras) o la proporción correspondiente (50 gr por 500 ml de aceite, 25 gr de flor por 250 ml de aceite). Los ramilletes de flores de los extremos de la planta los colocamos en un tarro de cristal y los cubrimos de aceite. Se cierra bien el tarro y se deja 40 días en un lugar que reciba el sol directo y el sereno (ventana, terraza, jardín). Hemos de secar varias veces por semana la humedad que se forma en la cara interna de la tapa y remover el contenido agitando el tarro. Adquiere un bonito color rojo intenso y se va volviendo más denso.

Pasados los 40 días, se filtra el contenido del tarro y se guarda en un frasco de cristal oscuro, en un lugar protegido de la luz y el calor. El preparado mantiene sus propiedades entre cinco y seis años. Cuando huela a rancio, debe desecharse. Algunos lo guardan en la nevera, pero no es necesario. Hipócrates (médico griego del siglo IV a.C.) ya recomendaba su uso. Dioscórides, médico y botánico griego del siglo II a.C. escribió en De Materia Medica (que fue el  manual de farmacopea de referencia en  la Edad Media):
“El Hyperico llamado Androsemo de unos, de otros Corio, y de otros Camepytis, que quiere dezir Pinillo, porque su simiente huele a resina de pino. Es una mata ramosa, roseta, y alta de un palmo, que produze las hojas como la ruda, y la flor amarilla: la qual fregada entre los dedos, resuda un liquor semejante a la sangre, de do vino a llamarse Androsemo que significa sangre humana. Nace el Hyperico en lugares cultivados y asperos. Iene la facultad de mover la orina, y aplicado por abaxo, provoca el menstruo. Bevido con vino, extermina las tercianas, y las quartanas. Su simiente bevida por una cuarentena de dias, cura la sciática: y las hojas con la simiente aplicadas en forma de emplastro, sanan las quemaduras del fuego”.

El efecto calmante es casi inmediato. No debe aplicarse cerca de los ojos ni exponer la piel al sol cuando se usa este aceite porque produce fotosensiblidad. Para otro tipo de uso, consultar con un profesional sanitario.

Licor de nueces (nous) verdes

En Chía tenemos muchos nogales (nogueros en patués), pero como estamos por encima de los 1.200 metros, muchos años se hiela el fruto. Para griegos y romanos, el nogal era un árbol sagrado y sus frutos un regalo de los dioses. El nogal es originario de Persia, hay referencias a este árbol a partir del año 7.000 a.C. La cáscara verde de las nueces es muy rica en taninos y ácido linoléico omega-3 que parece ser más efectivo para reducir el colesterol y los triglicéridos que el del pescado azul.

Manda la tradición recoger las nueces verdes la noche de San Juan, pero pueden recogerse unos días antes o después de la mágica noche. Se cortan entre 15 y 20 nueces en cuatro (usando guantes, porque manchan mucho las manos) después de lavarlas y secarlas, y se colocan en el fondo de un tarro de cristal con 1 litro de orujo o aguardiente). También puede hacerse con dos litros de vino tinto bueno y 1/4 litro de orujo o aguardiente. El tarro se deja durante seis semanas (o 40 días) en un lugar expuesto al sol (ventana, terraza o jardín) y al sereno; se agita todos los días, o varias veces por semana; se irá oscureciendo día a día. Pasado el tiempo de maceración, se cuela el orujo y se guarda en otro tarro con cáscara de limón y naranja, una rama de canela y un almíbar que preparamos con 1/4 de litro de agua y 250 gr de azúcar (o menos azúcar y miel). Dejamos otros 40 días en reposo.

Pasado el segundo periodo de maceración, colar y guardar en una botella bonita en lugar fresco y seco durante tres meses. El licor está listo para consumir a partir de Nochebuena. Este licor, con sus variaciones en especies, condimentos y tiempos de maceración es muy famoso en otros países de nuestro entorno: vin de noix francés, o el nocino siciliano. Este licor es buenísimo, pero debe consumirse con moderación y responsabilidad, tiene mucho alcohol y mucho azúcar; así que debemos guardarlo para ocasiones especiales y consumir poca cantidad, siempre como un “capricho” puntual, nunca con la “excusa” de aportar taninos y omega-3 a nuestra dieta que, para esto, es sufiente comer las nueces.

 

(1) Soheila Yadollah-Damavandi et al. Topical Hypericum perforatum improves tissue regeneration in full-thickness excisional wounds in diabetic rat model. Evidence-Based Complementary and Alternative Medicine. 2015. https://doi.org/10.1155/2015/245328

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