DE SAN MIGUEL A SAN ANDRÉS

 

San Miguel Arcángel está en los libros sagrados del cristianismo, el judaísmo y el islamismo; por ello, solía ser el patrón de las poblaciones en las que convivían estas tres culturas, como pasaba en Graus.

Alrededor del día de San Miguel se celebraban las ferias agrícola-ganaderas que marcaban el final del calendario. Después de la «Sanmiguelada» empezaba un nuevo ciclo económico. Para estas fechas se celebraba la tradicional feria de Graus. En estas ferias finalizaban los contratos de los jornaleros, se ajustaban las cuentas, se tomaban las decisiones para el siguiente año en lo referente a mariscales, pastores, mozos y sirvientes a contratar, tierras a arrendar, vencían los préstamos y pagarés, se compraba y vendía ganado y otros productos. Las ovejas subían a los puertos de montaña a principios de julio y bajaban el 29 de septiembre, así se liquidaban cuentas y contratos en los pueblos del Pirineo Aragonés. En tierras de Castilla, era el 29 de junio, San Pedro, cuando se hacía el trato con los pastores, «el ajuste del pastor». En otra ocasión hablaremos del trabajo y los sueldos de los pastores, de las categorías profesionales, de su relación con los dueños de los rebaños. En las ferias que se sucedían durante los dos meses centrales del otoño, entre San Miguel y San Andrés, se hacían las transacciones del ganado que iba a recriarse y del que se destinaría a trabajo y/o matadero.

Vídeo de la fototeca de la DPH:

https://nb-no.facebook.com/DiputacionProvincialHuesca/videos/otoño-época-de-ferias-en-la-provincia/2003010849989080/

Pergamino de San Miguel. www.graus.es

La feria de Graus data de 1201 como privilegio del rey de Aragón Pedro II. La feria de San Miguel de Graus era conocida en la comarca como la feria de «cambio de amos».

A las ferias se llevaban las mulas treintenas (de treinta meses de edad), que estaban listas para ser uncidas. Y también las quincenas y lechalas que requerían de uno o dos años más para alcanzar su aptitud, tiempo que generalmente cumplían en los valles pirenaicos. En la feria de San Andrés de Huesca había mucho mercado de mulas. Que la economía española fuera básicamente agraria en el siglo XIX y primera mitad del XX favoreció la cría de animales para trabajar y transportar carga, especialmente ganado mular. En nuestro valle, las casas medían su riqueza en función de los paqués de mulas que tenían. Con la aparición de la mecanización agrícola, la actividad ganadera de la montaña abandonó la cría de mulas y se orientó hacia la cría de ganado vacuno, primero para producción de leche y luego para carne.

Felipe de Cornel, comisario en la feria de ganado de Benasque. Años 80. FOTO: casa Cornel de Chía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El ganado mular ha hecho historia apoyando a los ejércitos en sus contiendas y a los agricultores en sus tareas cotidianas. Y las mulas criadas en estos valles pirenaicos eran muy apreciadas en Cataluña y Castilla. Los garañones de Vich tuvieron un papel protagonista, al igual que Artiga de Lin, donde se podía comprar ganado francés. Explicamos en https://villadechia.es/ta-churiol-la-forca-al-coll/ el origen de las mulas y sus ventajas como animales de carga/trabajo.

Todavía hay algunos días de calor, «el veranillo de San Miguel», pero los días son manifiestamente más cortos y la diferencia de temperaturas es más evidente. Entre la feria de San Miguel (29 septiembre) y la de San Andrés (30 noviembre) había que terminar las faenas que explicamos en https://villadechia.es/ta-laguerro/ para que cuando llegaran las primeras nieves estuviera todo hecho encara que tamé se diba, «Buen temps ta setiembre, milló ta disiembre».

 

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TA L’AGÜERRO…

Estos últimos días de septiembre, hasta la feria de San Miguel (29 septiembre), eran de transición entre el fin del verano y el núcleo del otoño. En octubre hablaremos del inicio del «ciclo agrícola ganadero tradicional», tal y como se vivió durante siglos en la montaña. El año económico «empezaba» en octubre.

El martes 22 de septiembre a las 15:31 hora peninsular de España, comenzó oficialmente el otoño 2020 del Hemisferio Norte. Esta estación está relacionada con el atardecer de la vida; cambia el tiempo y el día se acorta, pero todavía había mucho trabajo por hacer antes de que llegara la nieve a los campos (por las cumbres puede caer nieve incluso en agosto). Aquí se decía «Ta l’agüerro, fayena tiene el trachinero» (En otoño, trabajo tiene el trajinero). En otoño tocaba acarrear y cortar la leña para el invierno, recoger las nueces y manzanas que estaban en los campos, preparar las gavillas de fresno para los animales, sembrar el cereal, recoger las patatas y las cebollas, plantar las coles de invierno y las escarolas, aprovechar las moras, endrinos, avellanas, robellons, cazar el chabalín

Estos días tocaba preparar los cereales para la siembra: trigo, centeno, cebada/ordio. Con el trigo se hacía harina para el pan de todo el año, el centeno era para las ovejas, el ordio/cebada para pienso que comían las caballerías, también para engordar los corderos. Las mujeres preparaban un líquido de vidriolo (sulfato metálico) para tratar las semillas antes de sembrarlas. A la hora de sembrar, nos explica Federico de Sansa que hay que saber hacerlo, de derecha a izquierda, con la mano suelta, en tres tiempos, para que la semilla se distribuya y no caiga toda en el mismo sitio. La siembra se hacía en septiembre, para que las semillas enterradas se empaparan primero con el agua del otoño y luego con las nieves del invierno. De esta forma, en primavera, con el renacer de la vida, brotaban las semillas y crecía el cereal que se recogería en verano.

http://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=156496&inventary=FD036860&table=FDOC&museum=MT

En Chía, la tierra se araba con bueyes mayormente, también se usaban caballos, mulas y, los menos, vacas; la mecanización no se generalizó en el valle hasta los años 60-70.

Los bueyes son toros que se han castrado después de la pubertad para destinarlos a carga y trabajos agrícolas. Nos explica Federico Mur de Sansa que si se paraban, se les pinchaba en el trasero con un palo de avellano que llevaba un clavo en uno de los extremos, la unllada (en español, aguijada) y que no bastaba con pasar el arado, luego había que deshacer los terrones de tierra, en patués, estorrocá, con una azada o azadón. Cuenta que tuvo una pareja de bueyes muy buenos que habían castrado su padre (Martín Mur Gabás) y uno de sus hermanos (de qué Santamaría); por las mañanas salían de casa y se iban solos hasta el campo que estaba a medio labrar y se colocaban cada uno a un lado del arado.  «De la pericia del labrador y de la experiencia de los bueyes dependía hacer los surcos bien rectos», nos dice.

Otro refrán es el de «Buen tiempo en septiembre, mejor en diciembre», lo que ayudaba a realizar todos estos trabajos en unas condiciones más agradables. Y también «Truenos tardanos, fríos tempranos. Truenos tempranos, fríos tardanos».

La luz, los olores y los colores de otoño están cargados de matices, brillos y reflejos, es el tiempo en el que la naturaleza muestra su madurez.

 

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FLORENCIO ARTIGA CARRERA, de casa Riu

Un 22 de septiembre de 1931 nacía Florencio Artiga Carrera en casa Riu de Chía. Hijo de Joaquina Carrera Castán, de casa Choldián, y de Antonio Artiga Carrera, de casa Riu. Hace hoy 89 años.

¿Cuántos hermanos fueron?

Tres chicos y una chica: Avelino, Agustín, yo y Anita.

¿Qué recuerdos tiene de sus padres?

Trabajaron duro toda la vida para sacarnos adelante.

¿Cómo pasó la guerra?

Tenía 5 años cuando empezó y 8 cuando terminó. Nos fuimos toda la familia a Francia en 1937 y volvimos a Chía en 1939. Estuvimos en Montauban. Allí estaban las madres con sus hijos, padres ninguno. Estaríamos lo menos 30 familias en una nave grande. Una parte estaba destinada a comedor, donde nos servían las comidas. El resto de la nave era para los camastros.

¿Qué recuerda del colegio?

Empecé a ir a la escuela de la plaza en 1939. El maestro era Vicente Bitrián Beltrán. Era muy bueno. Volvió a Chía después de la guerra. Éramos más de 30 chicos… entonces las familias tenían 5, 6, 8 hijos. Las chicas aún eran más, pero ellas estaban con una maestra. Me gustaba mucho ir al colegio, pero en aquellos años perdíamos muchos días de escuela porque había que ayudar en casa a atender el ganado y los trabajos del campo.

¿A qué jugaban?

A saltar y correr por el pueblo. Nos gustaba mucho jugar a las canicas en la plaza, con boletas de caixigo. No pasaban coches, apenas alguna caballería.

¿Cómo se pasaban las noches de invierno?

Junto al fuego, al calor de la lumbre. Las mujeres tejían calcetines y jerseys. Los hombres hablaban.

Joaquina, madre de Florencio, con su nieta Ana

¿Me contaría qué le pasó a su hermano Agustín?

Fue poco después de la guerra. El abuelo de Choldián, el padre de mi madre, tenía muchas ovejas. Ellos se quedaron en Chía durante la guerra. Tenía que llevarlas a pasar el invierno a San Juan de Plan. Agustín tenía diez u once años y el abuelo se lo llevó para que le ayudara, por si alguna oveja se escapaba y así poder correr a buscarla. Durmieron en San Juan y volvieron al día siguiente. Al subir hacia el puerto, se puso a hacer muy mal tiempo, con frío, niebla, nieve y ventisca. Se perdieron y pasaron toda la noche en medio de la tormenta. Agustín murió de hipotermia encima de la caballería. Fue un golpe muy duro para mis padres, para todos.

¿Ha trabajado fuera de Chía?

Siempre he trabajado en casa. Un verano estuve en la montaña, de pastor de las ovejas. Los que más ovejas tenían eran casa Vidal y casa Bringué; eran los únicos que luego en invierno las llevaban a la zona de Monzón. Las demás casas, tenían entre 20 y 60, pasaban el invierno en Chía.

¿Hizo la mili?

En Sabiñánigo, 17 meses. Pasabas de todo… mal más que bien. Un día el teniente preguntó quién conocía el alfabeto Morse. El único que dijo conocerlo fui yo… y bien caro que lo pagué. Era el único que estaba para transmisiones y cuando tocaba salir de marcha o maniobras, tenía que cargar a la espalda los 32 kilos que pesaba la batería de la radio.

¿Qué hacía de joven cuando terminaban la faena del día?

Jugábamos a cartas en casa Matías. Para disfrutar sólo estaban las fiestas, venía mucha gente.

Avelino tocando el acordeón en las fiestas a mediados de los años 50.

¿Cómo terminó siendo el heredero de Riu?

Mi hermano Avelino, el mayor, se fue a trabajar a Pont de Suert en 1954. De allí se fue a Barcelona y a Tarragona. Murió en Barcelona de una descarga de alta tensión en 1957. Tenía 30 años. Cuando recibimos el telegrama de que había ocurrido un accidente, Julio de Presín me bajó con su coche a Castilló que había un teléfono (sólo una centralita, no había ni números particulares) para que pudiera hablar con la empresa y confirmar la noticia de su muerte.

Fina y Florencio con su hija ana el día de su boda

¿Cuándo se casó?

Fina y yo nos hicimos novios con más de 30 años. Nos casamos en 1969 con 36 años ella y 38 yo. Mi madre se puso muy contenta de tener por fin una chove en casa. Mi padre había muerto unos años antes. Tuvimos una hija, Ana.

¿Cuál ha sido el viaje más largo que ha hecho?

Una hermana de mi madre se casó con un catalán y se fueron a vivir a Francia. Mi madre era la madrina de uno de los hijos que tuvieron, Juan Bacallá, que vivían al norte de Francia. Cada 3-5 años venía por Chía con su familia. Un año fuimos nosotros (Ana, Jesús, Fina y yo) a visitarlos y pasamos a Luxemburgo.

Nerea y su abuelo, en 2015

¿Cuántos nietos tiene?

Dos. Asier, de 16 años, y Nerea, de 9.

¿Cuál es su comida preferida?

La paella. Cuando vamos a Chía paramos a comer en Puente de la Reina y siempre pido paella.

¿Es laminero?

De dulce nada, soy diabético. No pruebo el azúcar hace años. Eso sí, la fruta me encanta… menos las ciruelas.

 

Florencio con su nieto Asier en 2005

¿Qué invento del siglo XX considera más útil?

Ha habido un avance extraordinario en los últimos 100 años, ha cambiado todo mucho… Me quedo con la mecanización del campo, fue un gran cambio pasar de trabajar con caballerías a trabajar con maquinaria. Julio de Presín compró el primer tractor a mediados de los años 50, un Ebro.

Hace unos años me dijo uno de los ganaderos que quedan en Chía: «Más trabajo yo en un día que tú en 3 meses» Yo le contesté: «Claro, yo estoy jubilado; pero dime, ¿cuántas horcas tienes para mover estiércol?» Y me dijo: «Ninguna, no tengo vacas en el corral». Y seguí preguntando: «¿Y azadones para picar?» Me contestó: «Ninguno. Ni quiero». Y ya no abrió más la boca… ¡En tractor, cualquiera trabaja! Lo de ahora será más o menos duro, pero no tiene nada que ver con lo que se trabajaba antes de los años 60.

Antonio Carrera (Galino), Florencio Artiga (Riu), Federico Mur (Sansa) y Jesús Pallaruelo (Gregoria), en la plaza de Chía en 2010. FOTO: Os Zerrigüeltaires

¿Qué destacaría de la vida pasada en Chía?

Todos nos ayudábamos. Nos necesitábamos unos a otros. Ahora todos tienen de todo y cada uno va a la suya porque nadie necesita a nadie.

¿Cuál es el secreto para llegar a los 89 años?

[Se ríe]. Ninguno. Escucho al médico y cumplo lo mejor que puedo lo que me aconseja. Un médico invierte mucho tiempo, esfuerzo y dinero en estudiar; por poco que sepa, siempre será mucho más de lo que sabe cualquiera que no sea médico.

 

Florencio con su hija Ana y una prima de Francia.

 

¿Qué deben conservar las nuevas generaciones?

Vuelvo siempre desilusionado. Se va a perder todo, no hay gente joven para seguir. Cada vez hay más caminos perdidos, barreras caídas, la vegetación lo invade todo. Cuando se jubilen los cinco ganaderos que quedan, se perderán los pocos campos y caminos que están despejados. Los vecinales son fundamentales para que se conserve el paisaje: la montaña, los caminos, las fuentes, los abrevaderos…

Fina y Florencio en 2011

 

¿Algún consejo para los de Chía?

Dos no discuten si uno no quiere. Y aprender a no opinar de lo que no se sabe… Julio se puso bueno de escuchar tonterías.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Jajaja… No he sido ni inventor ni científico… He procurado siempre estar a bien con todos y no discutir. No he protestado cuando ha tocado trabajar y me he adaptado a las circunstancias de cada momento.

 

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