
En octubre se seguía haciendo acopio de comida para pasar el invierno como ya explicamos en https://villadechia.es/ta-laguerro/ En octubre es tiempo de hacer mermeladas, membrillo, compota, conserva de tomates, de setas… además de seguir con la recolecta de productos de este tiempo: manzanas, patatas, nueces, avellanas, peras, membrillos, cebollas…
Las patatas se han recogido hace unos días y se están embolsando en El Remós. https://es-es.facebook.com/patatadechia.es

Cuan tal octubre pllou, el rebollón yé nou.
El Lactarius Deliciosus se llama en español níscalo, robellón o rebollón. Tienen pocas calorías y son ricas en vitaminas y minerales. Buenas para el sistema inmunitario y para mejorar la salud del pelo, las uñas y los huesos. Crecen en pinares y bosques mixtos. Necesitan mucha humedad y ambiente poco frío. Pueden recogerse desde octubre hasta que empieza el frío.

El robellón es muy apreciado en la cocina. Una receta de las de hace muchos muchos años para un domingo de otoño, es la que recogemos hoy, que usa «tres» para todos los ingredientes, salvo en lo que respecta a los elementos sazonadores:
- Una paletilla de cordero
- 3 cucharadas de harina
- 3 lonchas de tocino o panceta
- 3 cebollas
- 3 docenas de robellones
- 3 tazas de caldo
- 3 dientes de ajos
- 3 cucharadas de manteca
- Vino blanco o cognac
- Sal, pimienta, tomillo, romero y laurel
Se salpimienta la paletilla y se enharina. Se fríe en una cazuela con la manteca. Se reserva. Se fríen los robellones con las cebollas picadas y el tocino/panceta. Se incorpora la paletilla al sofrito anterior, se añade el vino blanco y se deja reducir. Se incorporan el ajo picado, el tomillo, el romero y el laurel, y luego el caldo. Se deja a fuego lento durante 40-60 minutos. Para aumentar las raciones, pueden añadirse patatas (de Chía) a este guiso en el momento en que se incorpora el caldo.
Una paletilla es un valor seguro: carne jugosa, grasa infiltrada, costra crujiente, sabor intenso. Si contamos además con los níscalos, el resultado es un plato bueno bueno, con sabor a monte y recuerdos de la infancia.
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Recuperamos un fragmento sobre el otoño escrito por Asunción Castel de casa Ramonot de Chía, que formaba parte del Grupo de Potensiasión del Patués y participaba (junto con otros vecinos de Chía y del Valle) en sus reuniones en aquellas Semanas d’Estudios del Alto Ribagorsa que organizaba la Asociación Guayente a principios de los años 80. En esos seminarios de pautés, elaboraron un diccionario, una gramática, reglas de ortografía y llevaron a cabo iniciativas para mostrar y promocionar la lengua propia del Valle de Benasque, que no podía perderse.
[Cuando se acaba el verano empieza el otoño. Los días se han más cortos y las noches más largas. Las hojas de los fresnos, abedules, álamos temblones, hayas, nogales y otros árboles, cambian de color y después se caen; hay otros, como los pinos, abetos, acebos, que siempre están verdes.

Tenemos pendiente hablar de la «casa», la unidad estructural básica de la sociedad pirenaica hasta mediados del siglo XX. La «casa» es el conjunto de los habitantes, propiedades, animales y construcciones que conforman la unidad autosuficiente para vivir, la célula que tiene todo lo que hace falta para que el ciclo de la vida siga su curso. Esta unidad debía pervivir en el tiempo y en el espacio; por eso había un único heredero, ya fuera hombre o mujer, lo que llevó a que las casas tuvieran un nombre, independientemente del apellido . Este nombre hace referencia1 al apellido/origen del fundador (40%), al nombre propio de uno de sus habitantes (30%), al oficio que en su inicio les caracterizó (20%), o a alguna característica físico-psicológica de alguno de la casa (10%). En 2021 abordaremos la casa, los trabajos específicos de los hombres, las mujeres, así como el ciclo de la vida que se mantuvo casi inalterable hasta que se produjo el éxodo masivo hacia las ciudades.









