Su ubicación estratégica hace de la Villa de Chía un lugar de privilegio para contemplar el cielo y sus astros también durante la noche. Es un valor añadido a los atractivos culturales y naturales del Valle de Benasque, una experiencia diferente en un lugar inolvidable.
Disfrutar de un cielo oscuro, cuajado de estrellas, sin contaminación acústica, ni lumínica, ni ambiental, en un entorno natural situado a 1.221 metros de altitud, desde la pradera de la ermita de La Encontrada o desde el mirador de La Serreta, es una experiencia al alcance de todos aquellos que nos visiten. Pasar un fin de semana o las vacaciones en cualquiera de las casas rurales de Chía permite hacer astroturismo de forma más cómoda.
Para descubrir nuestros cielos por la noche basta con elegir una noche despejada y mirar con atención al cielo. Es suficiente para las primeras veces.
La Luna.
Las Pléyades.
Nebulosa de Orión.
Las Perseidas.
Galaxia de Andrómeda y la Vía Láctea.
Júpiter, Saturno y Marte.
Una vez que hayamos adquirido destreza en observar el cielo, si disponemos de prismáticos, apreciaremos más astros y más detalles. Hay que evitar hacer ruidos innecesarios y respetar siempre la tranquilidad.
Es importante dejar que los ojos se adapten a la oscuridad total (tardan de 15 a 20 minutos); cualquier destello de luz podrá deslumbrarnos, incluso la emitida por la pantalla de los móviles. Durante la observación del cielo, es aconsejable tener el móvil en modo avión o apagado.
El astroturismo es una experiencia turística emergente, pero hace muchos siglos que nuestros antepasados disfrutaban del cielo estrellado y utilizaban el cielo nocturno como calendario para establecer los ciclos de cultivo. No hemos descubierto nada nuevo. Recordamos de nuevo la relación que establecen algunos autores entre las estrellas y los círculos de piedra https://villadechia.es/circulos-de-piedra-prehistoricos-en-la-sierra-de-chia/ . Lo mejor es que esta actividad se puede combinar con actividades gastronómicas, etnológicas, culturales y de turismo activo.
Para identificar lo que vemos, son muy útiles la Guía del cielo (Procivel), Un paseo por las estrellas (Milton D. Heifetz y Will Tirion, Akal), Observar el cielo a simple vista o con prismáticos (Larousse), así como las aplicaciones de astronomía, como Stellarium, Sky View o Sky Map. En cualquier caso, aunque no se reconozcan los astros ni las constelaciones, es una experiencia diferente y muy gratificante que permanece en la memoria. Sin complicarnos mucho, el simple hecho de disfrutar de un amanecer desde cualquiera de los dos miradores (La Encontrada y la Serreta) o de la puesta de sol en el puerto de la Sierra de Chía, será un recuerdo fantástico.
Las noches que suelen ser mejores para la observación astronómica son las anteriores y posteriores a la “luna nueva”. http://www.faseslunares.es
Como lista de material aconsejable, a adaptar siempre al recorrido y duración de la actividad:
Gafas homologadas para los eclipses.
Ropa de abrigo (sistema de capas).
Guantes finos.
Zapatilla o bota de montaña.
Frontal para el trayecto de ida y vuelta.
Linterna de luz roja (o linterna normal con filtro rojo).
Manta para tumbarse.
Agua y comida si la estancia se va a prolongar.
Pequeño botiquín de primeros auxilios.
Conciencia ecológica: respetar flora y fauna, no dejar basura.
Y si queremos hacer fotos con el móvil, hay que dejar el brillo de la pantalla al mínimo, colocarlo en modo “noche” y usar el temporizador.
Un 16 de marzo de 1948 nacía Antonio Portaspana Carrera en casa Peri de Chía. Hijo de Manuela Carrera, de casa Peri, y de Manuel Portaspana, de Villanova. Hace hoy 73 años.
Manuel Portaspana y Manuela Carrera. FOTO: Casa PERI.
¿Cuántos hermanos fueron?
Cuatro. Yo, el mayor, luego Mª Pilar, que vive en Barbastro, Milagros, que vive en Barcelona, y Manuela, que vive en Torelló.
¿Qué recuerdos tiene de sus padres?
Me criaron bien. Los recuerdo con cariño. No tenían dinero “a punta pala”, pero no nos faltó de nada. Teníamos ovejas y vacas en casa. Un hermano de mi madre, Manuel, les ayudaba y también hacía de pastor en Qué Presín.
¿Cómo era la vida de pequeño?
Íbamos a hacer la hierba a La Garriga, que se guardaba luego en las bordas o en bargas. Yo me escondía en la barga cuando era pequeño, porque me daba miedo el búho.
Nada que ver con la vida de hoy. Antes se trabajaba y se vivía (o malvivía) como se podía. Hoy se trabaja y se vive bien.
Manuela, Milagros, MªPilar, Antonio Portaspana Carrera. Años 50.Manuel y Manoleta, Antonio, sus hermanas y los tíos de Liri y Villanova. Años 50. FOTO: Casa PERI.
Las Corts de Peri, en La Garriga (marzo 2021).
¿A qué jugaban?
A la pelota, que nos gustaba mucho. Als pitos tamé.
¿Qué recuerda del colegio?
Me gustaba mucho. Éramos 16-18 niños y otras tantas chicas, alguna más que chicos. Había maestro y maestra. Si no sabías la lección, te castigaban de rodillas. Gramática, aritmética, geometría, historia de España, geografía… estaban todas las materias en el libro. Estudié hasta los 14 años, cuando te sacabas el certificado de estudios.
Familia PERI delante de casa con las amigas de Milagros y Manoli.Comunión de Manoli y Milagros. Detrás, Antonio y MªPilar. Años 50. FOTO: Casa PERI.Alumnos de la escuela de Chía a principios de los años 60, con Lucy, la maestra. Antonio es el segundo por la derecha, en la tercera fila.
¿Cuándo empezó a trabajar?
A los 15 años ya me fui a guardar vacas a la montaña, con el padre de Jacquelina, el padrino de Bringuerón.
Pero yo no estaba por el ganado. Me gustaba la construcción. Desde pequeño me entretenía con las piedras. Cuando tuve 17 ó 18 años ya le dije a mi padre que a mi no me gustaban los trabajos del campo y que quería aprender la construcción. Empecé a trabajar con Ramón Valle de Castejón. Estuve con él 7 u 8 años. Le estoy muy agradecido.
Antonio en Zaragoza, en 1966. FOTO: Casa PERI.
¿Dónde hizo la mili?
Hice el campamento en Zaragoza. Luego, si tenías influencias, te mandaban más cerca de casa. El cura de Castejón escribió al capitán para que me dejaran hacer la mili en Barbastro. Así podía subir a ayudar en casa algún fin de semana. Antes, los curas mandaban muchísimo.
Joaquín de casa Bon, ¿? y Antonio. Barbastro, 1975.
¿Algún viaje que contarnos?
Fui un año a vendimiar. Tendría unos 16 años. Fui con mi primo José de Casa Bon. El jefe era Latorre, uno de Cerler. Fuimos más lejos de Burdeos, a 50-60 km al norte de esa ciudad. Estuvimos pocos más de un mes. No era un trabajo duro, cortabas los racimos con la tijera y los dejabas en las cestas que luego venían a recoger. Nos pagaron bien para aquellos tiempos. Lo malo es que eran pocos días. Marchamos un autobús del valle de Benasque, con gente de Castejón, Cerler, El Rún… José y yo de Chía. Fuimos por el túnel de Viella. Nos costó llegar casi un día. Allí nos juntamos con chicos y chicas francesas; estábamos en una residencia. Ya hubiera aprendido francés deprisa, ya, pero ya no volví. Después, el que fue a vendimiar varios años fue Daniel de Casa Bon, el padre de mis primos, en vez de su hijo José.
MªPilar, Antonio, Milagros y Manoli en La Encontrada.Fiestas de Chía. La Encontrada, mediados de los 80. FOTO: Casa PERI.
¿Le gustaba ir de fiesta?
¡Mucho! En Chía se celebraba San Antón, el martes de carnaval y la Virgen de La Encontrada. Otras veces, como no había discotecas, pagábamos entre todos para que viniera Escané, el acordeonista. Els dimenches veniba ta Chía y febam bal. Bailábamos en casa Santamaría, Artasona, Chemecás… también nos dejaba el Ayuntamiento uno de los pisos para poner el tocadiscos y bailar.
Manolete, madre de Antonio. FOTO: Casa PERI.
¿Algo que comentar sobre un invento del siglo XX?
Ha cambiado todo mucho, mucho. Ahora es todo muchísimo más fácil. Tanto para las mujeres, que no tenían ni lavadoras ni las casas arregladas (sin agua, sin baños, sin calefacción) como para los hombres, que se hacía todo con los animales y los brazos, había que ir a todas partes andando.
Bautizo de Jennifer, la hija de Milagros, en Chía 1988. FOTO: Casa PERI.Boda de Manoli y Roberto, en 1975. FOTO: Casa PERI.
¿Cuántos sobrinos tiene?
Ana y Mario son hijos de María Pilar. Jennifer, hija de Milagros. Marc es el hijo de Manoli.
¿Qué destacaría de la vida pasada en el Valle?
En Chía he trabajado arreglando la iglesia grande, La Encontrada, casa Castán, casa Presín. También en el Solano, Laspaúles… he trabajado por todos los pueblos.
¿Qué le gustaría que se conservara?
Si hubiera habido trabajo por aquí, se hubiera quedado la gente. Muchos se tuvieron que marchar obligados. El campo no tiene horario y es mucho esfuerzo. Tampoco circulaba el dinero.
Ha cambiado todo tanto, que uno no se lo cree. De cómo trabajábamos antes, a como se hacen ahora las cosas. Cuando cuentas que al salir de la escuela ibas a guardar los animales o sacar estiércol, no se lo creen… O que se hacían las obras del pueblo «a vecinal»… O que pasabas la noche en la montaña con las vacas o las ovejas aunque hiciera malo… te dicen que eras tonto, que lo hacías porque querías. Ya me gustaría verlos a ellos.
Roberto, Jennifer, MªPilar, Joaquín, Manoli, Mario, Antonio, Juan y Ana.
¿Qué aconseja a las nuevas generaciones?
Lo primero, estudiar. Lo segundo, trabajar.
La vida es un tango. El mundo ha dado la vuelta completamente. Antes había mucha gente en las casas para trabajar, todo se hacía a mano; se traía la hierba con las caballerías, se cortaba la hierba con la guadaña, se ordeñaba a mano… En la mili había muchos que no sabían leer ni escribir. Ahora todos han de hacer los estudios básicos. Se ha avanzado mucho.
Lo que ha cambiado el mundo en esta última generación, no lo cambiará en la próxima.
Ana (hija de Mª Pilar), Antonio, Manoli con Mario (hijo de Ana), detrás Juan (marido de Ana), Joaquin (esposo de Mª Pilar), Roberto (esposo de Manoli), Mª Pilar y Jennifer (hija de Milagros). Fiestas de Chía, 2009. FOTO: Casa PERI.
Mario y Marina, con su hija Marina.Manoli con su hijo Marc.Mario, Antonio, Ana, su marido Juan, M Pilar y su marido Joaquín.
Jennifer con sus padres, Milagros y Federico.
Juan (marido de Ana), Antonio, Manoli, Roberto, Ana y Mario y Aurora (hijos de Ana y Juan).
Los domingos, sin embargo, independientemente del momento del ciclo litúrgico, eran siempre días festivos. Hoy en día se come pollo o cordero cualquier día, pero en tiempos de nuestros abuelos y en los siglos pasados, la carne se guardaba para días especiales. Un guiso de carne que se precie va bien acompañado de patatas para que «cunda» más y llene bien los estómagos.
Ya vemos muchos campos labrados en Chía, preparados para sembrar las patatas en pocas semanas. Sabemos que la patata se introdujo1 en el Valle de Benasque en 1793, de la mano de Joaquín Fernando Garay, conocido como el «Parmentier español» https://villadechia.es/la-patata-de-chia-ii/. Progresivamente pasó a formar parte fundamental de la dieta de los montañeses de este valle. Y todos conocemos la calidad de las patatas de Chía; la tierra, el agua y el microclima de nuestro pequeño valle lateral, oculto entre a Sierra de Chía y la Serreta, las hacen especialmente buenas. En 1912, en una noticia del Diario de Huesca, se hace referencia a la patata de Chía como una “marca”, como podía serlo la pera donguindo. Diario Huesca nov 1912
Chía hoy, domingo 14 marzo 2021
Son muy de aquí las trunfas dan sanc (patatas con sangre), el recauhttps://villadechia.es/cocina-tradicional-de-la-villa-de-chia/ y las trunfas colgadas (patatas asadas en ceniza y brasas, con una sardina en salmuera o arenque). Generosa de casa Mateu (casada con Emilio Río, de casa Sansón) nos explicó la receta de trunfas dan sanc https://villadechia.es/la-patata-de-chia-ii/. Hoy recuperamos la receta de los buñuelos de patata gracias a Carmina de Presín.
Ingredientes:
1 patata hervida
1 huevo
sal
2 cucharadas de harina
Cuando la patata está cocida y fría, se pela y se chafa con un tenedor; después se añade el huevo sin batir y se mezcla con cuidado. Se añaden la sal y la harina, sin formar grumos. Siempre sin batir, se trabaja la masa mezclando los ingredientes con el tenedor. La mezcla ha de quedar un poco más espesa que las natillas. Cuando es homogénea, se van introduciendo cucharadas de la masa con cuidado en el aceite caliente.
Es fundamental, para asegurarnos el éxito de la fritura, que el aceite donde vayamos a freír nuestros buñuelos esté bien caliente. Esto va a hacer que la masa, al contacto con el aceite, forme rápidamente una costra. Esta costra evitará que penetre aceite en el interior de la masa y nos queden unos buñuelos aceitosos, pesados y difíciles de digerir. Se sirven calientes y bien escurridos de aceite.
La receta original es sin queso (gruyère o parmesano) y sin mantequilla; pero son ingredientes que se pueden incluir en la masa. Para gustos, los colores.
1 José Francisco Forniés Casals, (1977), La Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País en el periodo de la ilustración (1776-1808): sus relaciones con el artesanado y la industria, Confederación Española de Cajas de Ahorros, p. 182